Wanchope Ábila, sin minutos en Boca: las consecuencias de que a Guillermo Barros Schelotto le impongan refuerzos

Wanchope Ábila, sin minutos en Boca
Wanchope Ábila, sin minutos en Boca
Franco Tossi
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6 de febrero de 2018  • 14:47

Los de pechera naranja mueven la pelota sin parar. Hace varios minutos que la corren de derecha a izquierda y viceversa. Durante el entrenamiento que Boca llevó a cabo esta mañana en el Complejo Pompilio, los que tienen remera blanca no consiguen recuperarla. Hay uno que parece estar exhausto e incrédulo: mira el piso, como no encontrando su lugar. Es Ramón Ábila , el N° 9 que llegó para atraer a su amigo Carlos Tevez. Aunque Guillermo Barros Schelotto no pretende cederle el lugar tan fácilmente y, con sus decisiones en las dos fechas que se jugaron en el 2018, desplazó las versiones de titularidad indiscutida que podía imaginarse.

Es una posibilidad que Wanchope tenga su debut oficial el próximo domingo ante Temperley (a las 19.15), en la Bombonera. Lo concreto es que hasta acá no jugó ni un minuto ante Colón (triunfo 2-0) y San Lorenzo (1-1). Fuentes cercanas a la dirigencia le habían transmitido a LA NACION, durante la pretemporada, lo que casi toda la comisión directiva del club de la Ribera pensaba: aunque el Mellizo debía definir el lugar que ocuparía Tevez, aseguraban que el centrodelantero que reemplazaría a Darío Benedetto (al menos hasta mayo no retornará a las canchas) sería el cordobés. Porque, además, lo trajeron para que imponga su jerarquía goleadora en la Copa Libertadores.

Si Guillermo y yo no estamos convencidos de un nombre, no lo vamos a buscar
Daniel Angelici

Pero ahí está el gran problema. Se sabe que el ex hombre de Huracán fue una apuesta exclusiva de la dirigencia, una especie de carnada para que Carlitos, con quien tiene una gran amistad, se convenciera más de pegar la vuelta y de esa manera satisfacerlo con la llegada de un jugador que él pedía a gritos. Pero a Guillermo esos movimientos no le agradan demasiado: al fin y al cabo él es el entrenador y elige a los titulares. Prefiere elegir los refuerzos en conjunto, reunido en la oficina de Daniel Angelici. "Si no estamos los dos convencidos de un nombre, no lo vamos a buscar", detalló el presidente boquense hace poco. Sin embargo, con Ábila fue distinto.

Los últimos cambios que hizo Barros Schelotto, no sólo en el equipo sino también afuera, parecen no dejar dudas de su disconformidad. Una vez lesionado Benedetto, a fines de 2017, apostó por el juvenil Guido Vadalá para enfrentar a Arsenal y Estudiantes, dejando fuera a Walter Bou, que había acusado una lesión que resultó sospechosa en el cuerpo técnico: tenía un ofrecimiento desde México. Las dos buenas actuaciones del chico de 20 años, con debut en la red ante los del Viaducto, hicieron que Guillermo lo elogiara. Pero la historia ahora es diferente con la llegada de Wanchope: Vadalá juega en la Reserva, Ramón está sentado en el banco y Bou es la primera opción en la delantera y quien puede hacer un poco más pareja la disputa por la titularidad.

No es la primera vez que ocurre algo así. Pasó incluso con Wilmar Barrios. El entrenador xeneize no había pedido su incorporación cuando rearmaba su equipo tras las semifinales de Libertadores perdidas ante Independiente del Valle

No es la primera vez que ocurre algo así. Pasó incluso con Wilmar Barrios. El entrenador xeneize no había pedido su incorporación cuando rearmaba su equipo tras las semifinales de Libertadores perdidas ante Independiente del Valle. Fue un nombre que acercó Mauricio Serna, palabra autorizada si de volantes centrales se habla. La dirigencia creyó en su recomendación, pero el Mellizo demoró más de dos meses su debut: lo único que se sabía del colombiano era que había anulado nada más y nada menos que a Neymar en los Juegos Olímpicos, pero a las pocas prácticas con la ropa azul y oro había dejado a la vista que era un jugador hecho para jugar en Boca. Una vez que Guillermo lo puso en cancha, empezó a ganarse minutos, la gente metió presión y hoy es una pieza insustituible.

Quizás, con Wanchope termine pasando lo mismo. O no. El Mellizo puede terminar dándoles el gusto a los que lo piden, pero a los refuerzos que él no pidió, de entrada, les baja el pulgar.

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