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Los sectores con mayor déficit en la balanza comercial argentina

Marcelo Elizondo
Marcelo Elizondo PARA LA NACION
El freno importador que se mantuvo por un largo período, y los costos de producción y precios locales de bienes, entre otras razones, motivaron el aumento del saldo negativo
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8 de febrero de 2018  

Hubo 14 sectores deficitarios y 7 superavitarios
Hubo 14 sectores deficitarios y 7 superavitarios Fuente: Archivo

La balanza comercial de bienes argentina arrojo en 2017 un resultado negativo de US$8471 millones, causado por una relevante alza de las importaciones (19,7% más que en 2016) que no pudo ser seguida por las exportaciones, que casi no crecieron (apenas 0,9% de crecimiento en relación con 2016). El saldo negativo fue consecuencia de exportaciones totales por US$58.428 millones e importaciones por US$66.899 millones.

Ese déficit es un resultado al que se llega porque, por un lado, numerosos sectores en sus propias balanzas (sectoriales) han arrojado resultados negativos (han producido menos que lo que la economía local ha requerido de ellos); y, por otro lado, han existido otros sectores que (pese al déficit general) han sido en sus balanzas particulares superavitarios (han producido más que lo que la economía ha requerido de ellos y han exportado más que lo que han importado), pero que no han logrado impedir el déficit final.

Así, hubo 14 sectores deficitarios y 7 superavitarios.

Con datos aún preliminares puede decirse que el principal sector superavitario fue el de productos alimenticios, que arrojó un superávit de unos US$12.550 millones. Lo sigue en importancia (de superávits) el de productos vegetales (que logró en 2017 unos US$11.200 millones). Y luego -aunque con menor relevancia cuantitativa- se destacan el superávit obtenido por las grasas y aceites (US$4800 millones) y el de productos del reino animal (US$4400 millones de superávit). Puede agregarse a estos, además, el de perlas finas y metales preciosos, con un superávit en el año de US$2435 millones.

A la vez, y simultáneamente, hay numerosos sectores que han sido deficitarios, y algunos con déficits muy relevantes. El mayor déficit es el de máquinas y aparatos eléctricos y mecánicos (su déficit comercial sectorial es de US$17.100 millones). A él le siguen en importancia el déficit del sector de material de transporte (US$8250 millones). Y luego, el sector de químicos (con un saldo negativo de US$4500 millones) y el sector de minerales (con US$3850 millones) completan el listado de sectores más deficitarios.

Dentro de estos sectores pueden desagregarse los resultados de sus componentes: el sector de máquinas y aparatos eléctricos y mecánicos llega al déficit antes expuesto por un alto déficit parcial de máquinas mecánicas (US$8900 millones), el cual se completa por el déficit de máquinas eléctricas (US$8450 millones). Ambos son los dos mayores déficits si se analiza no ya por capítulo (sector), sino por producto. Del mismo modo, dentro del capítulo "material de transporte" se destaca el tercer producto (subrubro dentro de uno de los capítulos mencionados arriba) deficitario en relevancia, que es el de los automóviles -que generó un déficit comercial sectorial de US$7350 millones- (el capítulo de "material de transporte" que integra es completado por material de ferrocarril, de navegación aérea o marítima y fluvial).

Luego, dentro de los minerales, la principal causa del déficit de ese capítulo es el déficit del combustible (que llegó a US$4050 millones).

Con algo menos de relevancia aparecen los déficits de los químicos (con un déficit de US$1850 millones); los farmacéuticos (con US$1650 millones de déficit comercial); los instrumentos de óptica o fotografía (US$1600 millones en su resultado); y los instrumentos de fundición de hierro y acero (US$1150 millones de saldo negativo).

Además de todo lo antes referido (comercio internacional de bienes), debe considerarse que el comercio de servicios también ha sido deficitario (principalmente debido al flujo turístico, que arrojó un déficit de más de US$10.000 millones).

La Argentina, por lo tanto, mantiene una estructura de su balanza comercial muy segmentada. Tiene capacidad superavitaria en los primeros capítulos del nomenclador, referidos a la producción de bienes de origen agropecuario (primarios, manufacturados como insumos o aún manufacturados como bienes finales) y tiene una estructura importadora basada especialmente en la importación de bienes industriales y minerales, que utiliza para sostener los procesos productivos.

En este último plano claramente la economía reclama de esos sectores abastecimiento que la producción local no ha podido abastecer en 2017.

El crecimiento económico argentino (en torno al 3% del PBI), sumado a los varios años de rezago en la inversión local, la salida de la represión importadora que se mantuvo por un período largo -hasta 2015-, los costos de producción y precios locales de bienes y la normalización en la reinserción comercial argentina han motivado -entre otras razones- que muchos de estos sectores deficitarios hayan incrementado el saldo negativo.

Por ende, los capítulos referidos a los alimentos y productos agropecuarios han generado un alto superávit (más de 30.000 millones de dólares), que, sin embargo, ha sido superado por los elevados déficits de las manufacturas de origen industrial (casi 40.000 millones de dólares) y de los minerales (cercano a los 4000 millones). Esto, además del déficit referido en los servicios.

La economía argentina es una economía con una relación comercio exterior/PBI mucho más baja que el promedio de la región (aproximadamente la mitad), ratio que obedece a que tanto las exportaciones como las importaciones se han comportado por muchos años con debilidad comparándolas con lo que ha ocurrido con el comercio mundial (que en 2017 creció 3,5%). Por ende, es de esperar que con la re vinculación argentina con el mundo el comercio exterior crezca y lo haga con fluidez.

El déficit de 2017 es causado por la escasa capacidad de crecimiento exportador y no por el alza de las importaciones. El trabajo para mejorar las condiciones de competitividad y asistencia es, por ello, un requisito.

Y el comercio exterior de doble vía deberá crecer.

El autor es director de la consultora DNI y profesor del ITBA.

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