Sucursal: reunión algo previsible

Leni González
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8 de febrero de 2018  

Sucursal / Dramaturgia y dirección: Carlos La Casa y Daniel Cúparo / Intérpretes: Víctor Frisardi, Cecilia Generoso, Daniel Grosso, Franco Marani, Martín Miró, Osvaldo Ross y Lucas Tavarozzi / Iluminación, escenografía y vestuario: A.Q Cuadrilla teatral / Colaboración general: Mauricio Dayub y Martín Cortés / Sala: Chacarerean Teatre (Nicaragua 5565) / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 75 minutos / Nuestra opinión: buena.

Un grupo de personas en un mismo lugar por circunstancias que no eligen y ante las que "reaccionan" en diferente escala, según el estímulo y el estereotipo en el que encajen. Citas de consorcio, de padres de chicos de jardín o de la escuela, de terapia o de compañeros de trabajo, el teatro parece que nunca se cansa del "reunionismo" de seres al borde, cuyo débil equilibrio se romperá ante la novedad o el imprevisto.

Escrita y dirigida por Carlos La Casa y Daniel Cúparo -dramaturgos de Los tutores, en el Paseo La Plaza-, todo transcurre en un negocio de compra y venta de electrodomésticos y muebles usados, atendido por cuatro empleados y un supervisor, además del dueño que quiere ampliar el emprendimiento con una "sucursal" en el centro de la ciudad. Aquel que promedie mayor número de ventas, quedará a cargo de la nueva carnada. Canchero, en bermudas, el jefe (Osvaldo Ross) lanza la piedra, secundado en el pizarrón por su adláter (Lucas Tavarozzi) mientras los cuatro, todos con camisa y corbata, escuchan sentados sobre sillas superpuestas.

La escenografía denota la precariedad "subpyme", un detrás del mostrador desangelado donde paran los vendedores cuando no hay clientes: la cafetera que no anda, una mesa pelada, sillas sobrantes que no combinan con nada, un perchero y el gatito chino de la fortuna sin lugar seguro desde donde atraer la suerte.

En Sucursal, las leyes del mercado no funcionan porque hay demasiadas interferencias para alcanzar el objetivo, por más simplón que parezca. Con el retrogusto de la catalana El método Gronhölm y, mucho más lejos, de Tute cabrero (clásico de Tito Cossa que, por otra parte, está por reestrenarse), cada uno de los empleados responderá a la provocadora iniciativa con la impronta esbozada desde el principio: el disconforme (Daniel Grosso), el servicial (Víctor Frisardi), un sinuoso padre de familia (Martín Miró) y el joven prometedor (Franco Marani) que seduce clientas apetecibles (Cecilia Generoso). Sin embargo, la competencia por el premio a la productividad en un boliche de barrio con ínfulas de expansión se desdibujará cuando aparezcan vías más rápidas que torcerán la promesa de ascenso. El planteo inicial, la energía de la apuesta del primer acto, es apenas la excusa para que estos personajes muestren la hilacha o dejen al descubierto secretos íntimos más o menos banales: no deja de sorprender que las relaciones homosexuales todavía generen cierta hilaridad.

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