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"Interiormente estoy en peregrinaje a Casa", dijo Benedicto XVI

El papa emérito reconoció en una carta que está "en el tramo final" de su vida
Elisabetta Piqué
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8 de febrero de 2018  

ROMA.- Benedicto XVI, el papa emérito que sorprendió al mundo con su renuncia al trono de Pedro -la primera de un pontífice en 600 años- hace casi cinco años y que desde entonces vive recluido en la máxima reserva, ayer reapareció.

En forma humilde y delicada, hizo saber que se prepara para la muerte. "En el lento declive de las fuerzas físicas, interiormente estoy en peregrinaje hacia Casa", aseguró, en una carta que envió a la redacción romana del Corriere della Sera. El prestigioso diario de Milán le había hecho saber al antecesor de Francisco que muchos lectores se preguntaban cómo estaba. Y el expontífice alemán -que sucedió en 2005 a Juan Pablo II, del que fue mano derecha durante casi dos décadas- respondió con una breve y conmovedora epístola.

"Me ha conmovido que muchos lectores de su diario deseen saber cómo paso este último período de mi vida", escribió Ratzinger. "Puedo solo decir al respecto que, en el lento declive de las fuerzas físicas, interiormente estoy en peregrinaje hacia Casa", indicó, escribiendo con mayúscula "casa". "Es una gran gracia para mí estar rodeado, en este último tramo del camino, a veces un poco fatigoso, por un amor y una bondad tales que no habría podido imaginar", agregó. "En este sentido, considero también la pregunta de sus lectores un acompañamiento para un tramo. Por esto no puedo hacer otra cosa que agradecer y asegurar de parte mía a todos mi oración. Cordiales saludos", se despidió en la carta, firmada de puño y letra.

Desde su clamorosa renuncia, el 11 de febrero de 2013, un terremoto para la Iglesia, Benedicto XVI, un refinado teólogo y custodio de la ortodoxia durante el pontificado de Juan Pablo II, vive recluido en el convento Mater Ecclesiae, en los Jardines del Vaticano. Contadas veces salió de allí y solamente lo hizo cuando Francisco le insistió que lo hiciera para participar de ceremonias solemnes, como la inauguración del Jubileo de la Misericordia, el 8 de diciembre de 2015.

Aunque solía ser visto paseando por los jardines junto a su secretario privado, el arzobispo Georg Ganswein, prefecto de la Casa Pontificia, en los últimos tiempos ya casi no lo hace, debido a su fragilidad y dificultades para caminar. Tampoco escribe.

La última vez que Joseph Ratzinger apareció en público fue el 28 de junio de 2016, cuando Francisco organizó, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, una sobria ceremonia para conmemorar los 65 años de su ordenación sacerdotal. Entonces, por primera vez desde su renuncia, Benedicto habló en público. Y elogió a su sucesor: "Su bondad, desde el primer momento de la elección, en cada momento de mi vida aquí, me impacta. Más que en los Jardines Vaticanos, con su belleza, su bondad es el lugar donde yo habito: me siento protegido".

Francisco siempre intentó desdramatizar esa extraña novedad de una convivencia en el Vaticano de "dos papas", uno en funciones y otro emérito. Comparó ese cercanía con Benedicto, al que llama por teléfono y visita, con el hecho de "tener en casa un abuelo sabio".

A cuentagotas, Benedicto suele recibir visitas de viejos amigos -cardenales, arzobispos, intelectuales- en el monasterio. El más asiduo visitante es su hermano mayor, Georg, también sacerdote, de 93 años. Junto a él apareció tomando cerveza, muy contento, el 16 de abril pasado, cuando festejó con una fiesta bávara sus 90 años.

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