El íntimo festejo de Julio César Falcioni tras seguir en la Copa Libertadores: cómo fue el comando a distancia

El DT de Banfield se repone de una operación de laringe y no viajó a Quito, donde el equipo logró una agónica clasificación para la tercera etapa; del gol de Sperduti al emotivo mensaje de Cvitanich
El DT de Banfield se repone de una operación de laringe y no viajó a Quito, donde el equipo logró una agónica clasificación para la tercera etapa; del gol de Sperduti al emotivo mensaje de Cvitanich Fuente: FotoBAIRES
Patricio Insua
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8 de febrero de 2018  

Si para Julio César Falcioni había sido doloroso no poder comenzar la pretemporada al frente del plantel de Banfield , mucho más difícil le resultó ver partir a su equipo a Ecuador para jugarse la clasificación a la siguiente instancia de la Copa Libertadores . Producto del tratamiento médico que debe cumplir luego de la compleja operación en la laringe, a la que debió someterse a fines del año pasado, el entrenador no fue a la altura de Quito, donde el Taladro superó la llave de la segunda etapa, con un empate agónico ante Independiente del Valle. La felicidad del técnico y de los jugadores estuvo separada por más de 4.000 kilómetros, pero fue la misma y la compartieron de manera telefónica. Superada la medianoche del martes, el estado de WhatsApp del teléfono móvil de Falcioni seguía mostrándolo online, en contacto con una delegación que celebraba un paso importante en el certamen de clubes más relevante del continente.

Apenas dejó el campo de juego después de los festejos, Darío Cvitanich tomó su celular para comunicarse con el entrenador. "Lo primero que hice una vez que entré al vestuario fue escribirle a Julio, porque él se lo merece más que nadie. Confía muchísimo en nosotros y sé que tenía muchas ganas de estar acá", contó el capitán durante el intercambio con el DT que generó la transmisión de televisión. Y, fiel a su estilo, expresó su sentimiento hacía Falcioni. "El agradecimiento de siempre, porque me has ayudado a lo largo de mi carrera y para mí no sos un técnico más. Al contrario, me diste todo. Me permitiste jugar en primera, me llevaste a un club como Boca y hoy me hacés disfrutar de los últimos años de mi carrera", fue el emotivo mensaje que el atacante se encargó de redondear con una humorada: "Lo escucho agitado, así que debe haber gritado bastante ese último gol".

Frente al televisor y sentado en un sillón, Falcioni no pudo evitar el grito en el gol desde el estribo de Mauricio Sperduti. Los nervios y la adrenalina lo hicieron alejarse por un instante de la recomendación médica de no forzar la voz para cuidar la garganta. El fastidio por el cierre del primer partido con los ecuatorianos, en el Sur, que sí lo había tenido al costado de la raya, ahora era una contenida euforia a la distancia. En su casa hubo otro sonoro festejo pocos minutos después con el pitazo final, y entonces llegó el reto de su esposa y también de una de sus hijas para que recupere la serenidad.

Armó el equipo para salir al campo de juego del estadio Atahualpa, pero lo que ocurrió durante el desarrollo del partido quedó en manos de su cuerpo técnico, encabezado por Omar Píccoli y Adrián González, sus ayudantes, y Gustavo Otero, el preparador físico con el que ya trabajaba cuando dirigía en las divisiones inferiores de Vélez. Así, desde el banco de suplentes y no mediante un llamado telefónico partieron las decisiones de acuerdo a lo que sucedía dentro de la cancha, como el premonitorio ingreso de Sperduti a los 42 minutos del segundo tiempo.

El diálogo entre Cvitanich y Falcioni

Antes del encuentro, Falcioni le envió un mensaje al plantel por intermedio de Cvitanich y también había conversado con Píccoli. "Cuando terminó el partido hablé con Julio. Está muy contento y sufrió mucho. Él es el capitán de este barco y al que tenemos que cuidar para que esté bien cada día", manifestó el entrenador alterno, quien vislumbró que la "pegada bárbara" del ex Newell's podía ser la salvación. La evolución de la salud del Emperador marcará qué viajes podrá hacer y en cuáles deberá volver a sentarse ante el televisor. "Es un toro, es fuerte como un roble", asegura uno de los integrantes de su cuerpo técnico confiado en que se recupere plenamente.

"Habíamos trabajado mucho en la tenencia de pelota, porque entendíamos que en la altura necesitábamos jugarla al pie. Pero no tuvimos esa posibilidad, quisimos ser más rápidos, más directos, lo que hacía que perdiéramos la pelota y tengamos que correr más", explicó Falcioni. En el predio de Luis Guillón había pensado un abanico de alternativas que les permitiese a sus jugadores encontrar los caminos para conseguir el resultado que se necesitaba.

El domingo Banfield visitará a Talleres, tercero en la Superliga, detrás de Boca y San Lorenzo, pero como ocurrió el fin de semana pasado ante Atlético Tucumán y como sucederá luego frente a Boca, en Córdoba habrá un equipo alternativo. El cómodo lugar en la tabla de los promedios le da al Taladro el aire suficiente para enfocarse en el plano internacional.

Al otro día del empate con valor de triunfo, Falcioni acudió al centro médico en el que realiza su tratamiento. Había despedido a sus futbolistas con la pena de no poder guiarlos en un encuentro definitorio, pero los recibirá con la alegría de continuar adelante en el objetivo que se trazaron para la primera mitad del año, que es ser uno de los 32 equipos de la etapa de grupos en la cuarta participación de Banfield en la Copa Libertadores.

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