Cómo curar las heridas de la grieta política, según Fernando Aramburu

Con aplausos, el público recibió al español en el ciclo Verano Planeta
Con aplausos, el público recibió al español en el ciclo Verano Planeta Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi
El autor de Patria presentó anoche en Mar del Plata su exitosa novela sobre ETA, una ficción que habla sobre el pasado español, pero que resuena en quien la lee como parte de su historia
Darío Palavecino
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8 de febrero de 2018  

MAR DEL PLATA.- Cuenta que nació en el mismo año en que asomó ETA. Y tenía 9 años cuando la organización cometió su primer crimen, contra un policía. Pero el primer recuerdo que tiene de esta historia de violencia data de dos años después, cuando se detenía a ver por las ventanas de un edificio donde se decía que estaba un cónsul alemán tomado por los terroristas. "Por primera vez supe que la historia no ocurre en los libros, sino que estamos dentro, en el tramo que nos toca vivirlo", resume Fernando Aramburu, autor de la novela Patria, que lleva 27 ediciones en España y es fenómeno de ventas en todo el mundo.

Esa convivencia con este crudo tramo de la línea de tiempo del País Vasco lo llevó primero a radicarse en Alemania y luego a volcar aquel contexto en este libro que plantea la historia de familias cruzadas por la violencia en esas tierras, con la organización terrorista ETA como protagonista fundamental de un escenario plagado de atentados y sangre derramada durante décadas.

Anoche, en su segunda charla en el ciclo Verano Planeta, se sentó frente a más de 500 lectores que lo escucharon durante casi dos horas en el Salón Real del Hotel Costa Galana. Algo similar había vivido anteayer en el Teatro de la Torre de Pinamar.

"¿Por qué Fernando Aramburu no entró a esa causa de ETA?", pregunta el moderador Nino Ramella, y abre el juego. "Creo que fue mi hábito de lector, desde los 14 años, lo que me inmunizó de la violencia y me permitió ver el mundo más allá de la esquina de nuestra calle", dijo, para diferenciarse de otros compañeros o conocidos que cayeron en ese mar de violencia que pareció interminable. "He estado expuesto a ese adoctrinamiento y pude ver jóvenes convencidos de que estaban haciendo un bien, incrédulos, de la misma manera que hoy el suicida del ISIS aspira a ir al cielo por inmolarse a costa de otras vidas de enemigos", dice un rato antes a LA NACION.

Además del reconocimiento que recibió del público, con un enorme aplauso de bienvenida, el escritor recibió una distinción del Concejo Deliberante local, que lo declaró "visitante notable" de la ciudad. También un homenaje de la comunidad vasca marplatense (Denak Bat) y el saludo personal de la vicecónsul honoraria de España en Mar del Plata, Claudia Álvarez Argüelles.

Aramburu permite que su experiencia personal ante lo que gestaba ETA se vea reflejada en Gorka, el personaje de Patria que desde su adolescencia y su avidez por la literatura se permite un recorrido distinto del de las armas y los crímenes. "He podido regresar a mi San Sebastián y confirmar que los niños de hoy tienen un lugar mejor para criarse porque ya no hay pintadas en las paredes ni tiros ni colectivos que arden".

Pero también admite que aún quedan heridas abiertas porque los atentados significaron cientos de pérdidas humanas y quienes las padecieron "nunca dejarán de ser víctimas, porque esas pérdidas son eternas". Y entiende que esos damnificados necesitan atención. Por ejemplo, desde la literatura. "Con mi libro he buscado empatía con los que sufrieron lo mismo que yo", dice sobre un texto que este año se convertirá en una miniserie de ocho capítulos que prepara la señal HBO.

Del diálogo de los lectores sale un tema inevitable: la fractura de aquellos protagonistas enfrentados en Patria y la grieta argentina, presente en la última década. "Inevitablemente la gente hace una lectura de Patria en relación con su propia historia: comparan, cotejan y quieren contar cómo han leído su libro en función de la ciudad y la sociedad de las que son parte", afirma. Y advierte que la grieta no es privativa de la Argentina. "En todo el mundo las hay e históricas", explica casi con ánimo de quitarles una carga a quienes aquí padecen sus consecuencias.

Se permite asegurar que el olvido "existe y siempre triunfó". Plantea algunos que define "balsámicos", como un caso que conoció de cerca, con una madre que tuvo que explicar por qué su padre no volvía a casa, asesinado por ETA. Así fue "para que ese niño no engendrara odio".

En su caso, Aramburu admite la marca profunda que le quedó con el asesinato del senador socialista Enrique Casas en 1984, la primera víctima de ETA que conocía en persona. "Entonces me demostró que todo esto tenía que ver conmigo y fue la primera vez que fui consciente de que algún día escribiría sobre ese fenómeno".

Tras aquel paso, hoy se dice preocupado por otros fanatismos, que siempre considera inducidos. "Nadie nace ateo, de izquierda o de derecha", aclara. Y apunta que se transmiten y contagian discursos del odio sobre enemigos que hacen daños y a los que hay que eliminar. "ISIS es un ejemplo".

La conferencia de mañana y la biografía por venir

  • En la Biblioteca Nacional

Sobre más de 30 años de la vida en el País Vasco bajo el terrorismo Fernando Aramburu dialogará con el periodista Ernesto Tenembaum mañana, a las 19, en la Biblioteca Nacional, Agüero 2502. El acceso es con entradas gratuitas, que se entregarán desde las 18 en el Hall Central.

  • Próximas publicaciones

Autorretrato sin mí (Tusquets) se publicará en abril en el país. Se trata del texto más personal de Fernando Aramburu, donde el autor detrás de Patria se refiere a su biografía: las relaciones familiares, el padre, la madre, el amor, los hijos, los gozos y las angustias. También reeditarán Los peces de la amargura y Años lentos (Premio Tusquets de Novela).

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