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El llanto, una manera de comunicarnos

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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8 de febrero de 2018  • 01:53

El llanto es un acto universal. Las lágrimas son liberadoras, traen un alivio físico, nos hacen bien a la salud, nos liberan del estrés y permiten la expresión de muchas emociones guardadas que nos generaban cierta tensión. El llanto libera oxitocina, la hormona del apego. De allí, el deseo de sentirse acariciado y abrazado. Por lo general, si el agresor ve nuestras lágrimas, se tranquiliza.

El llanto también, en algún aspecto, está regido por las normas de la cultura y de la evolución. El preadolescente lo puede vivir como una debilidad. En pleno siglo XXI se sigue enseñando que "los hombres no deben llorar", razón por la cual a muchos les resulta difícil expresar sus emociones, o lloran solamente ante escenas de patriotismo o de valor.

Podemos nombrar tres tipos de llanto:

  • a. El llanto manipulador. Muchos manipuladores utilizan el arma del llanto para cambiar el ambiente a su favor y dar lástima ante los demás. De ahí la expresión "lágrimas de cocodrilo". Cuando el cocodrilo toma a su presa, esta toca sus glándulas lacrimales. Esa es la razón de su llanto y de la expresión. En muchas ocasiones, tenemos la creencia de que el llanto nos va a cuidar, como si fuera una barrera de protección. Pensamos: "Si lloro, seguramente no van a pelear más y todo se va a calmar"; "si lloro, no se van a enojar conmigo". Así utilizamos el llanto como protección y como un elemento para lograr el objetivo deseado.
  • b. El llanto de rasgos infantiles. Un niño llora porque desea algo que es satisfecho y, de ese modo, aprende una forma de relacionarse. Muchas personas adultas también usan el llanto como una manera de manipular a otras. Algunos lloran por cualquier motivo y tienen un llanto superficial, una "hipersensibilidad". Conocidos, desconocidos, gente que pertenece a su círculo de intimidad afectiva y gente que no, cualquiera puede generarles una lágrima. Es lo que popularmente se conoce como sentimentalismo.
  • c. El llanto como expresión de dolor. El llanto saludable puede ser una expresión de duelo. El dolor hay que expresarlo, gastarlo. No hay una manera única de hacer el duelo. El hecho de no llorar no significa que no se amaba a quien partió pero expresar y gastar el dolor a través de las lágrimas permite expresar lo que las palabras no alcanzan a expresar. Es muy bueno que los miembros de una familia que han perdido un ser querido se permitan llorar juntos, y no solamente cada uno por su lado, mirar fotos, recordar y abrazarse.

A veces sentimos el deseo de llorar y no sabemos por qué. Puede suceder que algo perdido en el pasado, o en algún área de la vida, se exprese a través de un llanto cuyo sentido no aflora a la conciencia.

Algunas ideas al respecto

  • a. Hay que permitirse expresar las emociones. A algunas personas les cuesta llorar porque tienen algún bloqueo. Hablarlo con alguien, expresarlo, genera un gran alivio. Es distinto del que llora cada vez que se equivoca. Aquí más que llanto es un enojo, una conciencia rígida o perfeccionista que transforma el enojo y el castigo en llanto.
  • b. El llanto es expresión de empatía. Cuando vemos a alguien que está atravesando un momento difícil, como un duelo o una separación, la empatía nos permite vibrar con él o ella, ponernos en sus zapatos. Cuando empatizamos, logramos escuchar y entender al otro, lo cual nos hace conectar en un nivel más profundo.
  • c. El llanto también implica un cambio, un pasaje. Cuando pasamos de un lugar a otro, o de un estado a otro (de la adolescencia a la juventud, de la soltería al matrimonio, etc.), atravesamos ese cambio cualitativo y cuantitativo a través de la expresión de la tristeza por lo que se fue y la alegría por lo que vendrá. Todos hemos llorado por alguna situación desagradable o dolorosa. Lloramos para expresar que algo ha terminado, aun cuando muchas veces lloremos de alegría y también anticipadamente por saber que eso se va a acabar. Las lágrimas surgidas en momentos de cambios trascendentes nos ayudan a traspasar esa etapa e ingresar en una nueva.

Nos curamos hablando, expresándonos, respetándonos, estando juntos. El famoso rey David dijo en uno de sus salmos que sus lágrimas hicieron un pozo pero Dios lo llenó con su lluvia y lo transformó en una fuente para que otros bebieran. Una bella metáfora que nos recuerda que podemos transformar nuestro dolor en un don para ayudar a otros.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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