La actriz trans chilena que fue criada como un niño y ahora va por el Oscar

Mariano Vespa
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11 de febrero de 2018  

La actriz transgénero chilena que sorprende a Hollywood y busca el Oscar por "Una mujer fantástica" habla de su vida de resistencia, transformación y éxito. "Mi mayor desafío es seguir viva", dice
La actriz transgénero chilena que sorprende a Hollywood y busca el Oscar por "Una mujer fantástica" habla de su vida de resistencia, transformación y éxito. "Mi mayor desafío es seguir viva", dice Fuente: LA NACION - Crédito: Mariana Roveda

Levanta la mirada apenas la maquilladora pide suspender la conversación por un momento. Decidida, pide que los labios luzcan marcados, con una tonalidad mate. Ni bien su make-up está listo, se acerca con cautela la jefa de prensa del Incaa y le pregunta, celular en una mano, qué se siente ser una mujer fantástica. La chilena Daniela Vega (28), invitada estrella del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, organizado por el Incaa, mira a la cámara de reojo y se responde abruptamente: "Yo no soy fantástica, soy rebelde y resiliente". No exhibe descortesía, pero se le nota el cansancio de unos meses llenos de viajes en los que presentó Una mujer fantástica, segundo film de Sebastián Lelio, en el que interpreta a Marina, una camarera y cantante que queda a la deriva tras la muerte de su novio. El film, que es candidato a los premios Oscar como mejor largometraje en lengua extranjera y se estrena la próxima semana en la Argentina, también posicionó a Daniela, no solo como la primera trans candidata al premio, sino como una artista con muchísima proyección.

Con fuerte presencia internacional, en diversas tapas de revistas (como la producción de la W Magazine con Robert Pattinson) y la actuación en un corto para NY Times Magazine dirigido por la italiana Floria Sigismondi, o la campaña I will not be silent, que distintos famosos (Nicole Kidman, Jennifer Lawrence, Emma Stone, Jake Gyllenhaal) grabaron en contra de abusos sexuales, Daniela deslumbra, pero no deja de vivir el día a día. Nacida en Ñuñoa, una de las comunas de la capital chilena, antes de ser actriz fue maquilladora. En su encuentro con LA NACION revista dirá que la identidad trans no es un asunto cosmético; "es una decisión vital que tenés que tomar, si no te mueres".

-¿Desde cuándo te considerás rebelde?

-La rebeldía se manifestó en relación a que fui criada como un niño y yo nunca me lo compré, y dije no. Voy a ser una niña si yo quiero y voy a ser cantante si yo quiero, y voy a ser actriz si yo quiero. Ser rebelde significa primero ser digno. La rebeldía no es otra cosa que dignidad.

Fuente: LA NACION - Crédito: Mariana Roveda

-¿Cómo reaccionó tu familia?

-Comparto muy poco de mi vida privada, pero te puedo decir que una persona que es apoyada por su familia puede encontrar herramientas que de pronto la academia no te da. Mi familia fue un sostén.

-En una entrevista contabas que en las proyecciones de la película se te acercaba mucha gente para contarte historias muy duras. ¿Qué te generó eso?

-Se me acercó mucha gente. Escuchar me generó angustia. A veces no puedo creer lo que somos o no somos capaces de hacer.

-¿Tuviste a alguien que te escuchara cuando tomaste tu decisión?

-Hice mi transición trece años atrás. No había nadie. A los catorce años, cuando comuniqué lo que iba a hacer, no había nada. Es un momento que no sabés nada. Uno no se da cuenta de un día para el otro, esto es una cosa que se hace o te morís. Es vital. No es cosmético, no es de maquillarse los ojos, de ponerse vestido. No. Esto es de cómo uno entiende la vida. Y si te dan o no esa posibilidad, también. Te puedo contar que en mi casa no hay censura y eso significa que lo que uno piense puede manifestarlo.

-¿Cómo fueron tus comienzos artísticos?

-Yo no fui a la universidad, me dediqué al maquillaje por siete años y por cosas de la vida, a través de los pinceles y de gente en común que me empezó a invitar al teatro, comencé a interesarme por estar al frente del escenario. Descubrí a Almodóvar de muy chica, a Bibiana Fernandez y Antonia San Juan, y me interesó cada vez más. Cuando era chica cantaba frente al escenario, pero me sentía una voz más. Con la transición hecha, entendí que lo importante es la voluntad de fondo. Decir "quiero esto", y si no tengo las herramientas, las voy a construir para poder acceder. ¿Por qué no voy poder? Con la transición aprendí cómo pasar de una situación a la otra sintiendo el menor temor posible.

-¿Para vos el arte es una resistencia?

-La vida es una resistencia de todo, la vida es tiempo que se nos acaba. El arte me sirvió para todo, para tratar de entenderme a mí misma. Al principio no me concebía como hacedora de arte, sino como consumidora, y sentía que la gente del mundo del arte me ignoraba. Empecé a buscar un lugar de comunicación. En lírica hay un solo teatro [el Municipal, de Santiago]. Pertenezco a una compañía y cuando me invitan hacemos un poco de teatro y ópera. Por eso te decía que si no están las herramientas, se construyen. El arte es una gran pregunta siempre, que uno recibe y las intenta traducir a su propia realidad.

-¿Cómo te vinculaste con Sebastián Lelio, el director de Una mujer fantástica?

-En 2011 actué en la película de La visita, de Mauricio Lopez Fernandez. Sebastián es muy profesional y me contactó mientras investigaba sobre la realidad trans para tratar de ser lo más verídico posible en su relato. Cuando nos conocimos, el proyecto estaba muy en ciernes y él le fue dando forma y yo fui testigo de todo eso. Fue muy distinto a la creación de cine que había hecho antes. Ahí los guiones ya estaban escritos. Acá, me pude involucrar desde el inicio. Aunque el dueño de la idea es él, me involucré en las texturas del relato.

-¿Qué significa ser una mujer fantástica? ¿Cuáles son tus referentes?

-En su justa medida y en su preciso momento, todas las mujeres pueden ser fantásticas. Tiene que ver con un sinfín de cosas, con el momento en que vives, con el lugar en la historia que te tocó ocupar. Pienso en artistas que hicieron grandes cosas como Jeanne Moreau, Maria Callas, Rocío Jurado y tantas otras. ¿Cuántas mujeres hay en el mundo, en la historia de nuestra humanidad, que han sido borradas? Todas han sido fantásticas.

-¿Proyectás ser una mujer fantástica?

-Mi mayor desafío es seguir viva.

***

Daniela es embajadora de la Fundación Transitar, una entidad que se propone acompañar a los niños trans y a sus familias, en un contexto en el que la inclusión es un tema pendiente. Recién a mediados de 2017, el Senado chileno aprobó la ley de identidad de género, pero los rechazos en la arena política, mediática y civil siguen presentes.

-Una mujer fantástica exhibe las luchas de Marina frente a distintas instituciones como la policía o la familia. ¿En Chile resuena más?

-Creo que las sociedades chilena, argentina, sueca son cíclicas, y la derecha y la izquierda hacen un baile que a veces es insoportable. Y uno siente como que sobrevive, como que resiste. No termino de entender esas comparaciones entre un país y otro porque, al final, ¿dónde está la gente trans? ¿Hay gente trans en tu revista? En ese sentido, los países no cambian.

Fuente: LA NACION - Crédito: Mariana Roveda

-Siempre que podés, dedicás la película a "las mujeres que les hicieron perder la batalla". A propósito, recuerdo que Valeria Sarmiento siempre dice que el machismo está desde el nacimiento.

-Se desactiva criando gente que no esté en el machismo. Dejó de ser hace mucho tiempo algo moral y pasó a ser algo político. Político desde el punto de vista estatal, no solamente del Senado, sino del Estado en un sentido amplio de la palabra. Y político también pensado desde la familia.

-¿Estás al tanto del colectivo Ni una menos?

-Por supuesto. En Santiago se hizo una manifestación de la cual estuve pendiente; llevo todo el año viajando y lamenté no estar. Creo que frente a tantos femicidios, es muy importante la presencia cotidiana, en las calles, sobre todo ahora cuando la gente piensa que con el teléfono da un like y con eso hizo la revolución. Hay muchos pueblos en América Latina que tienen el problema de que la revolución es de lunes a viernes. El fin de semana cierra la oficina.

-Tenés la misma edad que muchos de los líderes estudiantiles. ¿Cómo viviste esa experiencia?

-En 2006, cuando salí del colegio estaban empezando las protestas estudiantiles y yo estaba dedicada a encontrar un camino por donde moverme, por lo que adherí moralmente, pero participé muy poco en las calles. Creo que fue una cosa muy necesaria, algo muy importante lo que pasó. Aunque todavía sean pocos, por lo menos hay un grupo de gente que tiene gratuidad y educación. Eso ya es algo.

Daniela Vega estuvo en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde fue invitada de lujo
Daniela Vega estuvo en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde fue invitada de lujo Fuente: LA NACION - Crédito: Mariana Roveda

-¿Creés que esa generación adquirió fuerza por la distancia con el pinochetismo?

-Nosotros somos una generación que nació en el último momento porque se entregó el poder en el 90, pero cuando era chica Pinochet era senador vitalicio y elegía leyes. Sí, eso: el dictador elegía leyes. No me parece que no sea tan hija de la dictadura, estaba ahí, había el mismo miedo. No te olvides del boinazo que pasó a principios de los noventa cuando todo el mundo vio que salieron los militares a la calle a decir "a ver, una más y nos volvemos a meter". ¿Qué es eso? Democracia no es, tener un genocida juzgado es seguir en dictadura. Pero que se entienda: no es lo mismo tener gente que desaparece todos los días a tener al dictador en el Senado. Eso es diferente desde la figura específica del temor, todavía no sabemos dónde están muchos de los desaparecidos, y no lo vamos a saber.

-Alguien que pensó el poder y la identidad fue Pedro Lemebel. ¿Te sentís cerca de su obra?

-Me encanta. Tuve la suerte de conocerlo, muchos años atrás. Carreteamos bastante, íbamos de fiesta en su casa y en muchos lugares. Era una persona sumamente contestataria incluso con sus propios amigos. Si se aburría, te decía que te fueras. Fue un grande de la literatura chilena, un neobarroquista latinoamericano, un activista sin serlo, que es lo más bonito, una persona entregada al arte, a su arte, algo precioso. Ya que me preguntabas de mujeres fantásticas, hubo una poeta muy importante que se llamaba Stella Díaz Varín. Ella tiene poemas hermosos, fue una mujer que vivió en el borde, como debajo de la escalera. A pesar de eso, en sus cuatros maravillosos libros hizo del fracaso su lucha.

***

En estos días, Daniela está pensando un espectáculo basado en Díaz Varín -conocida como La colorina- junto a los hermanos Gopal y Visnu Ibarra, que dirigieron el último film en el que participó, Un domingo de julio en Santiago. A través de uno de los versos de Díaz Varín, puede pensarse su impronta :

Me cree desde entonces la verdad

La investidura de la piedra marina

Descubrí el silencio

Y un horizonte

Donde aprendí a reverberar

Con el último rayo verde de sol bajo las aguas.

Y me hice mujer

Al devenir poeta

Y agradecí

Por habitar un mundo venidero.

-¿Con la nominación al Oscar, pensás el futuro en relación a tu carrera?

-Han sido unos meses increíbles, llenos de cariño y una la verdad es que no sabe qué va a pasar mañana, ni cómo va a estar, ni dónde y con el cine pasa lo mismo. Yo tenía muchas ganas de que la gente viera la película para saber qué le parecía y hasta ahora está superlindo. Me gusta sentir seguridad, pero no me angustia saber qué voy a estar haciendo a continuación. Aprendí en la vida a no comer ansias, tengo sueños y voy a por ellos, pero uno a la vez, y camino hasta donde la película me lleve. De repente te despiertas y dices: "Uy, qué lindo estuvo la tarde de ayer", pero la tarde de ayer ya se fue y reconstruir eso es imposible. Va a ser mejor que uno pueda pasarlo bien cuanto más pueda. Creo que la ansiedad es un grave problema posmoderno.

-¿No te atemoriza la incertidumbre?

-El miedo tiene dos caminos, como muchas cosas en la vida: superarlo o bancárselo. Pero si te lo bancas, no te podés mover. El miedo es parálisis. Si te quieres mover, superalo. O al menos, intentalo.

-Dijiste que te encantaría trabajar con Almodóvar, ¿qué es lo que más te gusta de él?

-El movimiento de la cámara, la fotografía, la forma en que sus personajes se van moviendo en la historia, las mujeres (Rossy De Palma, Carmen Maura y todas las actrices increíbles), la calidad de su factura y fundamentalmente, el contexto: una respuesta política en contra del franquismo. En Chile eso pasó poco, pienso en las Yeguas del Apocalipsis [dúo conformado por Francisco Casas y Pedro Lemebel, entre 1987 y 1997], o el Movimiento Cada, o la Escena de Avanzada a través de Nelly Richard o Juan Dávila, un pintor importantísimo. Por eso creo que lo fantástico no tiene que ver con la cantidad de luz que te llega a la cara, sino con lo que haces.

-¿Qué es lo que más te atrae de la lírica?

-Lo que más me gusta es que es un trabajo conjunto en el que hay mucha gente detrás de un producto: libretista, cantante, vestuario, pelucas, la orquesta, el compositor, el coro En cine pasa lo mismo: continuista, maquilladores, productor, un sinfín de técnicos. El buen arte es colectivo porque las victorias son colectivas. No entiendo porque el fracaso es de todos y la victoria es personal. Es imposible desterrar la trama social.

-¿Cómo desconectás de las ansiedades?

-Como soy geminiana voy tanto pa'fuera que necesito un poquito de introspección. Me gusta la soledad, cuando es voluntaria, por supuesto. Disfruto mucho de mi casa, mis amigos, mi familia, siento que el cariño es una gran amigo.

-¿Mirás mucho cine?

-Soy cinéfila. Lo que más tiempo me toma es ir a ver ópera, escucho mucha ópera y de cine veo mucho en festivales. En Chile hay varios directores muy buenos. Marialy Rivas está haciendo cosas entretenidas como Joven y alocada, en la que cuenta una forma diferente la historia, muy moderna. Me gusta mucho el trabajo de Pablo Larraín, me encantaron El club, Jackie, No. Hacer algo con Pablo sería divertido. Muy poca gente me lo pregunta, pero me encantaría seguir trabajando con Seba Lelio. De los clásicos, de chica me quedé pegada con Kubrick, y con Pasolini.

-¿Cuál es tu límite para hacer algo?

-No cedo cuando siento que estoy obligada a hacer algo, cuando no me siento libre, cuando se me va el aire, cuando no puedo moverme. Ahí me sobrepasa la situación. Me ayudó mucho el psicoanálisis, no solo para trabajar cuestiones personales, sino para encontrar un lenguaje artístico. Me encantan Lacan y Carl Jung.

-Pero abandonaste.

-Es muy caro, hijo. Y lleva mucho tiempo. Tenés que estar mucho rato pendiente.

-Te propongo un ejercicio casi jungiano: ¿cuál es la palabra o concepto que más te gusta y cuál te repele?

-La palabra que más me gusta es acción. Condensa muchos significados. Lo que me disgusta es la idea de que la falta compromiso es anarquía o rebeldía. Para mí es todo lo contrario.

Es su última jornada en Mar del Plata y Daniela, como varias de las noches de su estadía, decide pasarlas junto a Angie, su asistente en el Festival, y otros voluntarios en un bar frente a la costa. Todos le piden que cante una ópera, algo que concederá sin problemas, porque el canto también es resilencia y rebeldía, una brisa, una respiración, un nuevo impulso.

  • 1989. Nace en San Miguel, al sur de Santiago de Chile
  • 2000. Se muda de barrio y de colegio, uno para varones, donde sufrió bullying
  • 2004. Habla con su familia e inicia su transición
  • 2014. Debuta en cine con La visita, de Mauricio López Fernández
  • 2017. Protagoniza Una mujer fantástica, film nominado a Mejor película extranjera en los Globos de Oro y al Oscar a Mejor película en idioma extranjero
  • EL FUTURO. Luego de Una mujer fantástica se espera el estreno de Un domingo de julio en Santiago, dirigida por Gopal y Visnu Ibarra. Junto a ellos tiene previsto realizar Stella de Chile, una obra de teatro, mientras estudia propuestas cinematográficas

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