Cómo reconocer a un narcisista antes de que ataque

Son lobos con piel de cordero tras la máscara del amante ideal. Sus presas son víctimas del engaño, del abuso encubierto y de una atadura tóxica difícil de romper. Aprendé a desenmascararlos.
Son lobos con piel de cordero tras la máscara del amante ideal. Sus presas son víctimas del engaño, del abuso encubierto y de una atadura tóxica difícil de romper. Aprendé a desenmascararlos. Crédito: Martín Traynor
Marta Susavila
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14 de marzo de 2018  • 16:52

Al principio, el romance es perfecto. Tanto, que resulta muy difícil no entusiasmarse y dejarse llevar. Es la persona ideal, el amor soñado, una pasión desconocida. ¡Por fin el alma gemela! Aunque atención, porque si tuviste la mala suerte de toparte con un narcisista patológico, la novela rosa pronto dará paso a una devastación interior de la que será muy duro salir. "Me había enamorado de un hombre, perdidamente. Pero empecé a ser muy, muy infeliz. Sentía que lo hacía todo mal, que no servía para nada. Lloraba casi a diario, no podía dormir, estaba siempre cansada, irritable", cuenta la escritora española Lucía Etxebarría en su libro Tu corazón no está bien de la cabeza, título que nació tras esta y otras relaciones con narcisistas y que echó luz a una realidad silenciada. La reacción fue inmediata: la autora recibió una avalancha de testimonios de mujeres que hasta ese momento no habían sido conscientes de su drama.

A los narcisistas no les sirve cualquier víctima. Buscan su alimento en personas enérgicas, confiadas, honestas y con alegría de vivir, cooperativas, solidarias y empáticas, aquellas que ceden y lo dan todo mientras sueñan con ser correspondidas, avisan los especialistas. Para el narcisista no hay límites en el recibir y para sus presas no hay límites en el dar.

"La mayoría no reconoce esta enfermedad. No se sabe cuáles son las señales. No siempre es algo tan obvio, ni siquiera para un terapeuta. Hemos aprendido estrategias de defensa física, pero ninguna en lo que se refiere a los ataques emocionales", alerta la especialista Sandra Brown, autora del libro Cómo reconocer a un hombre peligroso.

Se trata de una disfunción de la personalidad descrita en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales como "un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía", mucho más común en hombres que en mujeres.

Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Búfalo (Estados Unidos) en el año 2015 arrojó que, aunque en ambos sexos se observa el culto a la propia imagen tan característico de este perfil, ellos son más propensos al ansia de poder, a la explotación del otro y al deseo de obtener privilegios. "Los narcisistas patológicos son muy sutiles y coherentes. Es difícil captarlos de entrada. Te dan cosas que te hacen sentir de maravilla y luego te las quitan. Buscan someter al otro para ponerlo a su servicio", explica el psicoanalista José Graiño.

Aunque las mujeres que sufren este trastorno también causan estragos. "Yo estuve once meses con una amante narcisista -confiesa Luis Arbeláez, de 40 años-. No me imaginé llorar como un quinceañero a estas alturas de mi vida. Me agarró en un momento muy vulnerable: me acababa de divorciar. Era hermosa, simpática, encantadora. Compartíamos muchos gustos en común. Me generó dependencia, el magnetismo sexual era increíble, pero su actitud cambió. Me ignoraba mientras me acusaba de dependiente. Usaba el silencio como un arma y cuando me enojaba, me tachaba de inestable."

Crédito: Martín Traynor

Señas particulares

Identifica a un narcisista es el título del canal de YouTube de Tabatha Lepe, una mexicana que vivió en carne propia los desmanes narcisistas.

"Las víctimas de estos depredadores sociales vagan por internet en busca de algo que explique lo que han vivido o están viviendo. Hay poca información y la mayoría está en inglés", cuenta. Después de mucho leer, Tabatha descubrió una estructura abusiva que trazaba su vida. Alrededor de sus videos se aglutinaron miles de víctimas que por primera vez escuchaban que otras personas experimentaban lo mismo. No estaban solas. No estaban locas.

¿Pero de qué se trata el narcisismo patológico? Son personas que buscan un complemento, un otro que viva en función de ellos al que puedan cosificar y explotar. Sus acciones están dirigidas a provocar sometimiento, tortura o degradación. El narcisista necesita rebajar a quien tiene al lado, necesita estar por encima. Son los demás los que tienen que cumplir, no él. Muestran desdén hacia sus parejas, son arrogantes e intolerantes a las críticas. Se creen mejores. El otro nunca está a la altura de las circunstancias y si no responde a sus demandas lo castigan con silencio o indiferencia. La otra persona termina creyendo que no está haciendo bien las cosas. Esa es la trampa. La víctima no tiene conciencia porque está todo muy naturalizado y entra en una rueda.

Si te sentís abandonada emocionalmente por tu pareja pero aún esperás su amor, si siempre lo perdonás aunque sea cruel y distante; si nunca te podés sentir segura de nada, estás emocionalmente exhausta y tenés sentimientos de angustia, activá el protocolo de emergencia y aplicá el llamado "contacto cero", que consiste en cortar toda comunicación y bloquearlo por completo. No importa cuánto tiempo haya pasado: ellos no olvidan jamás a una presa y pueden volver a hacerte caer cuando mejor estés y menos te lo esperes.

Mapa de una personalidad alterada

Los manuales de psicología describen a los narcisistas como seres egocéntricos y carentes de empatía que manipulan sus relaciones mientras hacen uso y abuso de la mentira. Son inteligentes, capaces de mimetizarse con sus víctimas fingiendo sus mismos gustos e intereses y muy hábiles a la hora de detectar los puntos débiles y las carencias de los demás.

Crédito: Martín Traynor

Sin embargo, según los especialistas, detrás de su desmedido sentimiento de superioridad ocultan un gran vacío interior, inseguridad y una dependencia obsesiva de la mirada ajena. Desean ser aprobados y admirados. Por eso se sienten humillados con facilidad y se ponen a la defensiva cuando se los cuestiona. Suelen ser infieles y promiscuos. Idealizan su objeto de deseo para después devaluarlo y retirarle su afecto. Resultan, en muchos casos, carismáticos y exitosos. Usan el sexo como elemento de poder para enganchar a sus presas. Pero en su intento de camuflar sus malas intenciones, estos oscuros amantes despliegan tácticas muy definidas que sirven de alarma.

En la etapa de conquista atacan con el llamado love bombing (bombardeo de amor): mensajes, llamadas, canciones y arrebatos románticos mientras aprovechan el trance sexual para generar adicción y apego.

Después de este período de idilio, llega la devaluación. Otro patrón que se repite es el de la triangulación: siempre hay una tercera persona con la que hay que competir por su atención.

Además, si la víctima descubre una infidelidad, el narcisista no dudará en usar el gaslighting, una estrategia para desacreditar la percepción de la víctima haciéndola pasar por loca. Es que ellos no asumen sus errores, jamás piden disculpas y no son capaces de conectar con el dolor que causan. T ampoco sienten culpa, aunque son expertos en inocularla como herramienta de control. Tienden a vivir parasitariamente y a proyectar en sus parejas su conducta abusiva.

La psiquiatría asegura que este trastorno no tiene cura. "El narcisista tiene plena conciencia de su naturaleza y está orgulloso de ser como es", asegura Tabatha Lepe desde la autoridad que le otorga la propia experiencia.

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