Pardo: secretos y anécdotas del pueblo de Adolfo Bioy Casares

Un pueblo signado por la literatura
Un pueblo signado por la literatura
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9 de febrero de 2018  • 14:50

Pardo es un pequeño pueblo de 200 habitantes en el Partido de Las Flores, en la provincia de Buenos Aires, con muchas historias que lo hacen único: allí la familia Bioy Casares tuvo su estancia "Rincón Viejo", Adolfo llevaba a su entonces novia Silvina Ocampo para pasar los veranos. La tranquilidad y la paz hacían a este lugar ideal para escribir. Un invitado más se sumaba a estas escapadas camperas: Jorge Luis Borges. Todavía quedan vecinos que recuerdan a estos tres ilustres escritores cuando se paseaban por las veredas del pueblo.

"Pardo es uno de los pueblos más bellos del mundo", escribió Adolfo Bioy Casares, "Adolfito" para todos en Pardo, el pueblo donde la influencia de esta familia y su hijo dilecto aún perduran en historias, edificios y conversaciones. Se trata de un típico pueblo de la campaña bonaerense: la vía del tren divide a la localidad, que hoy cuenta con cuatro almacenes, un hotel , una pizzería, un complejo de permacultura, una capilla abandonada convertida en espacio cultural y muchas familias que se han animado a un cambio de vida para acercarse a la naturaleza. Dicen que Pardo tiene el cielo más diáfano de la provincia. Algo habrá, porque Bioy Casares lo eligió para leer y crear sus mejores obras.

Ni bien se entra a Pardo, se siente un aire especial. La mañana es el momento de la fresca, aprovechada por los vecinos para hacer las compras. El rocío hace brillar el pasto. Abel Adad tiene 90 años, pero parece tener por lo menos veinte menos. "Conocí a Adolfito toda la vida, le alquilaba un campo y un rancho donde tenía una carnicería, a un precio muy módico, él siempre fue muy considerado. Cada vez que necesitábamos algo en el pueblo, la Sociedad de Fomento me mandaba a hablar con él y enseguida sacaba la chequera, adoraba al pueblo" recuerda Abel con alegría.

Pardo busca atraer turistas
Pardo busca atraer turistas Crédito: Juan Manuel Damperat

La estancia de los Bioy queda frente al pueblo y dominó su vida social y comercial. El padre del escritor, también llamado Adolfo, escribió un libro donde cuenta historias de la vida rural, "Antes del 900", relata los primeros días de Pardo. "Catriel paró en los campos de los Bioy, y le regaló caballos a Adolfo, quien escribió que los indios al retirarse dejaron la tierra ordenada, sin llevarse ni una sola gallina, todo lo contrario cuando venía el Ejército", cita Abel con elegancia.

"Era una persona muy humilde, muy querida, a mí me recibía con remera, bombacha y alpargatas blancas, y había una condición: no hablar de libros ni de literatura. Su tema preferido eran los autos y cuanto más grandes mejor", cuenta este hombre que pasó toda su vida en el pueblo, en la misma esquina en donde tiene un jardín donde los colibríes eligen alimentarse con el néctar sus flores.

Bioy Casares y Silvina Ocampo durante su casamiento en Las Flores; el de traje claro es Borges
Bioy Casares y Silvina Ocampo durante su casamiento en Las Flores; el de traje claro es Borges

"En esa época yo tenía un Ford Fairlane, y él me preguntaba cómo era tener un auto así", recuerda Adad, quien conoció a un Bioy Casares de entre casa, lejos del mundo literario. En 1940, el escritor se casó con Silvina Ocampo, pero también publica su obra cumbre, "La Invención de Morel", hoy convertida en obra de culto para los seguidores de la serie Lost.

Gran parte de sus páginas fueron escritas en Pardo en una máquina de escribir que se conserva en el Museo Bioy, ubicado en la ex estación de tren. "Cuando le dice a Oscar, administrador del campo, que se iba a casar, éste se va a un pieza y le entrega una escopeta y un bolso con cartuchos, Adolfito le dijo que no iba a cazar sino que se iba a casar con Silvina. Siempre nos reíamos mucho de esa anécdota", realta Abel. La ceremonia fue en Las Flores y los testigos fueron el mismo Oscar y su mejor amigo, Jorge Luis Borges.

César Lamaro en su almacén
César Lamaro en su almacén Crédito: Juan Manuel Damperat

Pardo tiene cuatro almacenes, "La Fe", "Lo de Clarita", "Lo de Lucrecia" y "Lo de Lamaro". A este último iban los Bioy, y en los veranos aparecía Borges. La imagen no puede ser más pintoresca. Uno de los más grandes escritores del mundo entrando en el ramos generales de César Lamaro para usar el único teléfono que había a varios kilómetros.

"Siempre venía de oscuro, pantalón, saco y zapatos negros. Yo tenía que hablar a la operadora de Las Flores y a veces tardaban una hora y media en hacer la llamada. Un mediodía lo hice pasar a mi cocina y le servimos café, él me preguntó si tenía estudios y le dije que había tenido que dejar por el almacén y me respondió: 'Y bueno, no todos tienen que estudiar'".

César lo recuerda como una persona tímida y muy seria. "Parecía estar en otro mundo, siempre encorvado y mirando al suelo", asegura. "Todos decían que no veía, pero acá siempre se manejó solo, entraba a la cabina y hablaba, siempre estaba anotando algo en un cuaderno con tapa de cuero", relata Lamaro.

El pueblo se acostumbró a ver en los veranos a este grupo de amigos que elegía el horizonte pampeano para escribir y disfrutar del pueblo que llegó a tener 3500 habitantes en aquellos años. El contraste entre "Adolfito" y Borges era singular, no sólo en su forma de ser, sino hasta en su vestimenta. Silvina Ocampo, que tiene su plaza frente al Museo, frecuentaba el almacén. "Todos los veranos había que tener para ella zapatillas Indiana número 38, venía siempre a comprar verduras", dice César, que la recuerda con eternos anteojos oscuros y vestidos floreados.

Hoy Pardo es un pueblo que se ha recuperado gracias al turismo comunitario, y la revalorización de su identidad. "La gente que viene quiere escaparse de la Ciudad, busca tranquilidad, conexión con la naturaleza, acá los niños se asombran cuando ven que desde todas las ventanas se ve el horizonte", cuenta Juan Manuel Damperat, quien está a cargo del Complejo de Permacultura Yamay, un espacio con construcciones hechas de adobe que forma parte de Pardo Auténtico, un producto turístico que incluye el Hotel Bioy y un bodegón que sirve comida criolla. "Proponemos caminar por el campo, ver las estrellas, oír la naturaleza", dice Damperat. Pardo ya no tiene la compañía de los famosos escritores, pero conserva la magia por la cual ellos lo eligieron.

Curiosidad

En el episodio 4 de la cuarta temporada de Lost, el personaje Sawyer se encuentra leyendo "La Invención de Morel" en dos oportunidades, primero cuando habla con Hurley y luego con Kate. Ambas ficciones se sitúan en una hipotética isla del Pacífico Sur.

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