Una historia que encuentra el equilibrio dentro de la comedia pop

Paula Vázquez Prieto
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9 de febrero de 2018  

Black Lightning (Estados Unidos, 2018). Creadores: Salim Akil y Mara Brock Akil. Elenco: Cress Williams, China Anne McClain, Marvin "Crondon'' Jones III, James Remar, Damon Gupton, Christine Adams. Disponible en Netflix. Nuestra opinión: buena

Nada en Black Lightning puede tomarse demasiado en serio. Ni los mafiosos de brutalidad impostada que aterrorizan a la pequeña comunidad de Freeland, ni la tarea de rector escolar del ciudadano ilustre Jefferson Pierce (Cress Williams), ni las escenas en las que vemos a ese superhéroe de boliche de los 80 aparecer con su disfraz de cumpleaños por los largos pasillos de un motel, entre tiros de escopeta y rayos voladores. La esencia de la apuesta de los creadores Salim y Mara Brock Akil de llevar a la pantalla al héroe de DC consiste en desmontar los procedimientos tradicionales de la franquicia, la que, si bien no lo consiguen en forma óptima, da lugar a interesantes procedimientos.

Jefferson Pierce es un hombre respetado en esa pequeña comunidad negra regida por el ideario de Martin Luther King, pero deseosa de poner en práctica el legado de los Panteras Negras. Es que la ola de crímenes que lidera la pandilla Los Cien, comandada por el grotesco villano Tobias; la impotencia de la policía, y el creciente estado de anarquía alimentan el reclamo por el regreso del solitario vigilante, aquel heredero de la iracundia de Charles Bronson y Harry el Sucio, vestido con las modernas ropas de la demanda social. Sin embargo, de manera inteligente, la nueva serie, emitida por CW (en EE.UU.) y disponible en Netflix, no pierde tiempo en el origen de su superhéroe, sino en su ambiguo e inusual renacimiento. Es que el atildado Pierce no quiere volver al colorinche y los neones de su traje porque aquello ya le costó el divorcio y el caos familiar. Prefiere entonces lidiar con la delincuencia desde las aulas y la educación.

Black Lightning aborda la eterna puja entre el deber comunitario y el deseo individual, entre el impulso de venganza y la necesidad de justicia, entre el ideario rebelde y la realidad conservadora, desde una mirada lúdica, a la que poco le importan la acción y los superpoderes. Las tensiones entre negros y blancos proyectan ecos no solo en los agobios morales del pobre Jefferson, tironeado entre el deseo de recuperar a su familia y la presión que la propia memoria de su heroísmo ha dejado en su comunidad, sino que disparan paralelos desafíos en las díscolas hijas del rector (Nefessa Williams y China Anne McClain). Sorteados los primeros episodios situacionales, afectados por recuerdos y explicaciones, la serie encuentra su equilibrio, nacido del encuentro entre la comedia pop y la convicción de que los dilemas de Jefferson provienen de su condición humana antes que de sus dones extraordinarios.

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