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José Palazzo: "El rock argentino goza de muy buena salud en América Latina"

Cosquín Rock, que mañana inicia su edición 18», sale de las sierras cordobesas y se expande por la región
Yamila Trautman
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9 de febrero de 2018  

El productor se propuso cruzar las fronteras con el formato de un festival en constante evolución
El productor se propuso cruzar las fronteras con el formato de un festival en constante evolución Fuente: LA NACION

En el elenco estable de la escena del rock local hay un personaje inconfundible. Cresta y barba blancas, ojos claros, tatuajes y una actitud arrolladoramente optimista, como si no hubiera nada con lo que no pudiera lidiar. De José Palazzo se trata, uno de los productores de shows y manager de artistas más importantes del país. Creador del festival Cosquín Rock, que este fin de semana realizará su 18» edición, es un actor clave detrás de los shows multitudinarios que La Renga brindó el año pasado en Huracán, con los que la banda rompió una "sequía" de diez años sin presentaciones en la ciudad de Buenos Aires. Amigo y colaborador de Charly García y responsable de que buena parte de los artistas internacionales que llegan al país también se presenten en su Córdoba natal, Palazzo es un auténtico promotor de la federalización del rock local. Y, desde hace un tiempo, de su expansión en el exterior. "Tengo el diploma de productor", cuenta cuando repasa la lista de visitas que llevó al centro de la República: Bob Dylan, Madonna, Paul McCartney, Guns N' Roses... Un seleccionado de clásicos al que en marzo se sumará Phil Collins. "La industria está tan ?baleada' que hoy para las compañías y los músicos los shows representan el recurso con el que se sustentan, por eso la música en vivo tiene mucho futuro", dice.

Como cada fin de semana de Carnaval desde 2001, este lo tendrá nuevamente a Palazzo trabajando en un festival que logró resistir los avatares, convertirse en un clásico e ir a la conquista de América Latina.

El año pasado, Cosquín Rock finalmente salió del país. Tuvo ediciones en México, Perú, Colombia y Bolivia y planea sumar otras dos esta temporada. Mañana y pasado mañana, buena parte del rock local estará tocando una vez más en el Aeródromo de Santa María de Punilla, junto a presencias internacionales como Residente y Creedence Clearwater Revisited.

Nueve hectáreas, seis escenarios, actividades alternativas, puestos de comida: "Nuestra idiosincrasia es distinta, pero la estructura no difiere de la de otros festivales importantes del mundo, como Roskilde o Coachella. La única diferencia es que la gente allá acampa adentro del festival y nosotros todavía no estamos preparados para eso".

-¿Cómo fue que Cosquín Rock se transformó en un formato exportable?

-Tengo algunos empresarios amigos que habían ido al festival y a los que les gustaba mucho el formato. El rock argentino goza de muy buena salud en América Latina, gracias al gran esfuerzo que hicieron bandas y artistas como Soda Stereo, Charly García, Fito Páez, Los Enanitos Verdes... El primer desembarco fue en México, donde combinamos bandas argentinas con artistas mexicanos en igual proporción, y fue muy exitoso. Así que a los seis meses repetimos la fórmula en Colombia, Perú y Bolivia, y todavía no lo podemos creer, hubo ciudades en las que asistió mucho más gente de la que suele ir a espectáculos que ya tienen una tradición en esas ciudades. De hecho, en México y en Colombia probablemente se transforme en un festival fijo, un evento local.

-Nombraste Roskilde y Coachella. ¿Cuáles fueron los festivales del mundo en los que te inspiraste para idear y luego mejorar Cosquín?

-En realidad, al principio la inspiración no vino por parte de esos grandes festivales, sino de una necesidad del rock argentino de juntarse en la Plaza Próspero Molina para rendir homenaje a lo que sería La Falda Rock. Después, tuve la posibilidad de conocer esos festivales así como también Benicassim y Glastonbury. Empecé a descubrir que estos eventos tenían un método de generar experiencia en la gente que iba más allá de los artistas que tocaban. La idea de poder ver artistas en vivo, pero además que haya carpas con otras actividades, comida y variedades. En ese sentido, Glastonbury fue el que realmente me "tocó".

-¿Te vinculás con otros empresarios o productores del mundo?

-Sí, constantemente. Participo al menos dos veces al año de convenciones de música como comprador, por ejemplo en el BOMM (Bogotá Music Market), y este año voy a estar en una convención en Madrid en la que participan todos los programadores de América Latina y Estados Unidos. También, en el festival de Guadalajara, al que asiste la gente de Coachella, los festivales españoles, Vive Latino y Rock al Parque.

-En esta edición, el festival dura dos días y no tres. ¿Por qué?

Tiene que ver con un homenaje a la primera edición, que fue el 10 y 11 de febrero de 2001, en la Plaza Próspero Molina, y esta vez coinciden las fechas: tomamos la programación que hubiéramos armado en tres días y la compactamos en dos. Otra particularidad que tiene esta edición es que comienza más temprano, a partir de las dos de la tarde: artistas como Ciro, Residente o Las Pelotas van a tocar entre las seis y las nueve de la noche.

-¿Cómo se configura la grilla?

Al principio la hacía yo solo, pero hace tres años que cuento con la colaboración de personas que saben: mi hija me ayuda en la selección de artistas nuevos y en desarrollo. Ella y Adrián Dárgelos me bautizaron "cabesaurio", porque dicen que tengo la cabeza de un dinosaurio, porque no salgo de Black Sabbath, Led Zeppelin o Pappo. Para mí es un elogio, pero escuchar nuevos talentos es importante. Este año también me ayudaron personas que saben mucho de reggae para la configuración del escenario temático, y otros programadores que se dedican a eventos más alternativos me ayudaron con la grilla de los hangares. Así que armamos un equipo que funciona.

-¿Tus gustos personales siempre los satisfacés?

Siempre. Y por eso me peleo en Twitter con la gente: soy muy pasional a la hora de programar y me gusta que determinados artistas estén en el festival porque sé que van a gustar. A veces me puedo equivocar, pero por lo general funciona; todos mis gustos personales están ahí. De hecho, este año me enamoré de algunos proyectos, como Los Espíritus, que van a estar tocando en el escenario principal. La banda de Residente es muy impresionante en vivo y me parecía piola que la gente lo viera.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

-¿Cómo surgió la idea de hacerlo en Cosquín, la ciudad del folclore?

-En 2001, quienes tenían la concesión del Festival de Cosquín me invitaron a armarlo en la Plaza Próspero Molina. Había un antecedente: alguna vez, Luis Alberto Spinetta pasó por Cosquín rumbo a un evento en La Falda y dijo que quería presentar Durazno sangrando ahí, y así se hizo un festival llamado Cosquín Contemporáneo [Festival Argentino de Música Contemporánea de 1976; finalmente Spinetta no pudo participar], que solo duró una edición. El pueblo de Cosquín estaba acostumbrado al movimiento de gente, pero el rock siempre genera una reacción adversa. Sin embargo, fue impresionante: hicimos la primera edición sin publicidad y sin promoción y se llenó la plaza de gente de todo el país.

-Con el paso de los años se convirtió en un evento familiar...

Sí, nosotros creemos que son como unas segundas vacaciones. Van muchas parejas jóvenes con hijos chiquitos. Incluso, una vez se casó una pareja en uno de los escenarios.

-¿Cómo surgió tu vínculo con Charly García?

A los 13 años fui a ver Yendo de la cama al living al estadio de Atenas, así que empezó como fanático. Después, produje varios conciertos en los que me dio muchos dolores de cabeza. En 2005, con todo el estrés posterior a Cromagnon, lo contraté para Cosquín Rock: su show era a la seis de la tarde y él llegó a la una y media de la mañana, con 40 mil personas que hacía horas que lo estaban esperando. Por eso dije que no lo iba a contratar nunca más. Después, su sonidista, que estaba trabajando como productor, me propuso organizar unos conciertos y mi mujer de entonces me dijo que no quería saber nada con que trabajara con Charly. Pero finalmente alguien la convenció. Ahí me tocó una etapa muy linda de su carrera en la que empezó a escribir Líneas paralelas. Tuve la posibilidad de colaborar en el Teatro Colón en uno de sus conciertos más maravillosos. Hoy tengo una relación muy buena, me considero amigo de Charly y lo quiero mucho y sé que está pasando por momentos difíciles, pero ojalá que podamos volver a tenerlo sobre el escenario. Es un tipo genial y brillante, una usina permanente de creación.

-Mencionaste aquel concierto que fuiste a ver a los 13 años. ¿Cómo surgió tu pasión por la música?

Mi mamá me regaló un instrumento: empecé a tocar el bajo a los 12 años y lo sigo haciendo, tengo una banda de blues que se llama Los Mentidores. Mi papá es un hombre muy serio y formal y yo soy abogado, porque en mi casa primero debías recibirte y después decidir qué querías hacer. Pero mi mamá es artista plástica, de ahí heredé la veta artística. Gracias a ese impulso tengo esta pasión por la música. Soy un gran consumidor.

-¿Y qué escuchabas en ese momento?

Todo tipo de música: Kiss, pero también Piero. Viste que cuando uno es chico mezcla todo. Creo que los chicos son menos prejuiciosos que el heavy, el rolinga, el tipo que escucha jazz, que cree que los demás no sabemos escuchar. En cambio, el chico escucha lo que le gusta. El niño es el que más sabe de música. En ese entonces escuchábamos mucho en casete, los intercambiábamos con mis primos. Y después iba a todos los conciertos que llegaban a Córdoba: desde Sandra Mihanovich hasta Pedro y Pablo. Tuve la posibilidad de ver a Los Abuelos de la Nada y a Charly. Mis viejos me sacaban la entrada, pero no me acompañaban, de hecho mi papá por cábala nunca fue al Cosquín Rock.

-Además del espacio central que le das a bandas como Los Espíritus y El Mató a un Policía Motorizado, ¿creció el lugar que tienen las bandas nuevas o en desarrollo en el festival?

-Creció muchísimo y estuvo acompañado por el incremento en la convocatoria de estas bandas. Eso también permitió que algunos hayan podido dar el salto hacia el escenario principal. Siempre digo que Cosquín Rock es un repaso de lo que ocurrió en el año y un pronóstico de lo que vendrá.

Cuatro canciones claves de Creedence, según Clifford

La banda se presenta mañana en el escenario principal del Cosquín a las 22.15

"Suzie Q": "Fue un sentimiento agridulce porque no era un tema nuestro, había sido un hit 10 años antes. Pero nosotros le dimos nuestra impronta, le cambiamos el beat para que pase de ser un rockabilly a algo más poderoso y bailable. Nos gustaba mucho lo que se generaba cuando la tocábamos en vivo, pero sabíamos que teníamos que meter un tema nuestro en el ranking para no ser una banda pasajera".

"Bad Moon Rising": Fue utilizada por varias hinchadas de fútbol y luego como canto emblema del público argentino en el Mundial pasado con el famoso inicio "Brasil decime qué se siente". "La escuché, es muy excitante y muy divertido, sabemos que el fútbol es el deporte más popular a nivel mundial y sobre todo en América Latina. Y ese gesto significa, de algún modo, que nos hayan incluido en el juego, es algo maravilloso".

"Have You Ever Seen the Rain?": "Desde que el streaming y la música digital cambiaron la forma de mercado, descubrimos que es nuestro tema con más downloads y más escuchado en las plataformas. Solía ser "Proud Mary"? pero, como sea, "Have You Ever Seen The Rain?" siempre fue de mis favoritas".

"Looking Out My Back Door": El tema se volvió parte central de la banda de sonido de El gran Lebowski, protagonizada por Jeff Bridges. "Fue un honor, la parte que más me divirtió fue cuando le llevan el auto y lo único que le importa es recuperar el cassette de Creedence. Y después discute con el taxista que escucha The Eagles y lo termina echando del auto. Eso marcó que fuimos parte de la película, no es que simplemente usaron nuestras canciones".

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