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Los técnicos sufren la derrota que no da revancha

Claudio Cerviño
Claudio Cerviño LA NACION
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9 de febrero de 2018  

La escena de "El secreto de sus ojos", en la que el juez llega a la oficina, raqueta en mano, para firmar los oficios que dejaron listos sus asistentes de juzgado, nula relación tiene con la realidad que vive un DT. Ni siquiera es comparable con la de un jugador de fútbol, y menos con los de hoy, que llegan 10 minutos antes de la práctica, rara vez se quedan a ensayar tiros libres y se desentienden de la pelota hasta el próximo entrenamiento. Algún fanático y apasionado habrá, claro, como en todo trabajo, pero son los menos.

El técnico vive las 24 horas pensando fútbol. Recrea partidos en la mente, en los sueños, imagina variantes para sorprender y no ser sorprendido, ensaya situaciones de hipótesis. No sale a bailar después de un triunfo: piensa en lo que sigue. Y sobre todo, sufre cruelmente las derrotas. Carga con las presiones. Se pone insoportable en la casa. Lo sobrepasa la ansiedad. Se cuida menos de lo que debiera. ¿Son mártires? No, simples humanos que un día explotan y no por el VAR o el córner que no fue antes de un gol: implosionan por dentro y es la derrota que muchas veces ni siquiera otorga revancha.

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