Santos militariza la frontera y le pone límites al masivo éxodo de los venezolanos

Anunció mayores controles para el ingreso a Colombia, que incluyen el envío de 2200 efectivos a las zonas calientes y la exigencia del pasaporte para entrar al territorio
Daniel Lozano
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9 de febrero de 2018  

Como todos los días, miles de venezolanos cruzaron ayer el puente internacional que une San Antonio del Táchira con Cúcuta
Como todos los días, miles de venezolanos cruzaron ayer el puente internacional que une San Antonio del Táchira con Cúcuta Fuente: EFE - Crédito: Schneyder Mendoza

CÚCUTA, Colombia.- La noticia se propagó en el puente internacional Simón Bolívar como la pólvora. El presidente Juan Manuel Santos anunció ayer en Cúcuta la militarización de la frontera y decretó medidas inmediatas para aumentar el control hacia los emigrantes. Los venezolanos se miraban unos a otros, sin saber cómo los afectará en sus planes de fuga y en sus aventuras diarias de subsistencia.

"Colombia nunca vivió una situación así. Es un problema serio que está creciendo, un problema que tenemos que afrontar con pragmatismo". Dicho y hecho. Santos acudió ayer a la ciudad fronteriza de Cúcuta, respaldado por ocho de sus ministros, para hacer públicas las nuevas medidas migratorias, además de anunciar el despliegue de casi 2200 militares y policías para luchar contra la delincuencia. Una violencia que presenta su peor rostro en las trochas fronterizas, atajos para cruzar ilegalmente y para introducir contrabando. Por lo menos diez cadáveres, algunos mutilados, fueron arrojados en los últimos días en esos caminos peligrosos. Según el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, los delitos cometidos por venezolanos en Colombia aumentaron un 228%.

Colombia refuerza controles fronterizos por migración venezolana

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El operativo será articulado por una nueva unidad, el Grupo Especial Migratorio (GEM), que contará con funcionarios de Migración Colombia, la policía, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y la Dirección de Impuestos y Aduanas. Santos adelantó que las autoridades colombianas suspenderán las tarjetas de movilidad fronteriza (TMF) y que solo permitirán el paso de venezolanos con pasaporte, lo que provocó de inmediato una ola de temor entre los migrantes. La triple apuesta de Santos es que la emigración sea "controlada, ordenada y que se haga dentro de la legalidad".

Las TMF comenzaron a usarse en mayo pasado en un intento de control de los corredores fronterizos. En la frontera más caliente de América Latina se mezclan los vendedores ambulantes con el contrabando de combustible y alimentos, la prostitución y el cambio masivo de divisas. Los dividendos del famoso dólar paralelo se establecen aquí, una de esas situaciones inverosímiles producidas por el control de cambios impuesto por Hugo Chávez hace 15 años.

En otro de los disparates fronterizos, los bolívares en efectivo se valoran el doble que por transacción: si se entrega un millón de los nuevos bolívares en una casa de cambio, el dinero que se transfiere a la cuenta bancaria en Venezuela son dos millones de bolívares, consecuencia de la escasez del papel moneda.

"Nos sentimos aún más desamparados. Nuestros hermanos están saliendo de forma desesperada de Venezuela, teniendo en cuenta que las autoridades venezolanas no conceden pasaportes. Ahora, aún más, tratarán de cruzar la frontera a la desesperada", dijo a LA NACION Eduardo Espinel, uno de los líderes de la Fundación Venezolanos en Cúcuta.

Atravesar estas zonas fronterizas es el método más barato para huir de la profunda crisis social y económica que abate a Venezuela. Los aviones son muy caros y la oferta se redujo tanto que hasta los futbolistas del Club Táchira tuvieron que cruzar a pie la frontera para disputar su partido por la Copa Libertadores.

Esta zona fronteriza recibe cada día a 37.000 venezolanos, más de un millón solo en diciembre. La mayoría cruza los puentes internacionales para vender frutas, pan y productos básicos, y para emplear lo conseguido en adquirir medicinas u otros alimentos o para cambiar los pesos colombianos en bolívares. Pero un porcentaje sigue su camino hacia otras partes de Colombia o hacia Ecuador, Perú, Chile y la Argentina. Varios miles permanecen todavía en Cúcuta en busca de fortuna.

Las estadísticas oficiales aseguran que la diáspora venezolana ya suma 600.000 personas en Colombia, aunque las asociaciones de emigrantes elevan la cifra por encima de los 800.000.

Santos enseñó su mano de hierro, revestida por un guante de seda. "Ante esta difícil situación siempre hemos sido solidarios. Les pido a los colombianos tolerancia y respeto. Este no es un problema solo del gobierno, es del país. Evitemos la xenofobia", imploró el presidente, que también anunció la inversión de siete millones de dólares para reforzar la estructura sanitaria, afectada también por la diáspora.

Felipe Muñoz, antiguo consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), es la persona encargada por Santos para coordinar a los distintos organismos en la mayor crisis migratoria que sufre Colombia en toda su historia. La ONU ayudará a construir otro centro para emigrantes con capacidad para 2000 personas, que multiplicará por diez el inaugurado el fin de semana pasado en La Parada, junto al puente internacional Simón Bolívar.

Los expertos consideran que el previsible triunfo electoral de Nicolás Maduro provocará una nueva ola migratoria en un país que ya vio partir a cuatro millones de personas.

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