Racing estira su buen momento: venció a Olimpo en Bahía Blanca

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Olimpo

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Franco Troyansky
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Racing Club

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Leonardo Sigali Ricardo Centurión
Nicolás Zuberman
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10 de febrero de 2018  • 19:15

BAHÍA BLANCA.– Detrás ese carácter desfachatado e histriónico Eduardo Coudet esconde la personalidad de un entrenador obsesivo. A lo largo de la semana, el Chacho mandó a achicar una de las canchas del Predio Tita para ir aclimatándose a las reducidas dimensiones del campo de Olimpo . Racing , sin embargo, no pudo hacer pie en Bahía Blanca. Cuando el panorama para la Academia se ponía oscuro después del error de Juan Musso que le costó la desventaja en el arranque del segundo tiempo, apareció Leonardo Sigali con un cabezazo fulminante para sacar a flote al equipo visitante. Y casi media hora después fue Ricardo Centurión el que pescó un rebote –después de un córner– para marcar el segundo y lograr una victoria fundamental desde lo anímico. La pelota parada, una de las armas por las que apuesta su DT, fue el salvavidas para Racing.

El gol de Sigali, que llegó como respuesta al grito local, no fue una casualidad. Entre los cinco refuerzos que llegaron a Avellaneda para este año cuatro fueron para mejorar un déficit que mostró Racing el semestre pasado: cómo sacarle provecho a los tiros libres. Ricardo Centurión y Neri Cardozo para prestar su precisa pegada y Alejandro Donatti y Sigali para aportar su juego aéreo. Centurión ya lleva tres asistencias en su regreso; dos fueron de córner. Coudet trabaja los desmarques y las cortinas para que el atacante llegue lanzado de frente. En estas tres fechas incluso pudieron haber llegado más gritos por la vía de la pelota parada. Cada vez que hay una falta cerca del arco rival o un tiro de esquina a favor, Coudet le grita al ejecutor qué hacer. Incluso después de haber pateado el córner desde el que llegó el tanto del empate, el entrenador lo mandó a Centurión al área, haciéndole el gesto de que vaya a cabecear. La jugada le salió redonda, más allá de que el gol del 22 haya llegado con su pie derecho.

El partido fue muy accidentado. Apenas iban 25 minutos y el árbitro Fernando Rapallini ya había repartido dos amarillas por cada equipo. Diego González había pedido el cambio por un dolor en su rodilla derecha. Y el arquero Jorge Carranza también tuvo que salir reemplazado por un dolor en su tobillo. Fue una constante la pierna dura: hubo seis tarjetas para el local y cuatro para el visitante. La intensidad de Racing –ese valor que para Coudet es innegociable– estuvo en Bahía Blanca. Pero las reducidas dimensiones del Roberto Carminatti (95 x 70 metros) fueron un laberinto sin salida para la Academia, que no pudo encontrar claridad en los caminos al arco local. Pero lo que más se valoraba anoche en el vestuario visitante fue el poder de reacción.

Lautaro Martínez no jugaba un partido oficial en su ciudad desde 2014, cuando con 16 años cambió la Primera de Liniers de Bahía Blanca por la sexta de Racing. Lo trataron como a un hijo pródigo: en el hotel le pidieron fotos todos, incluso los que no eran de la Academia, y en el estadio fue aplaudido desde los cuatro costados. En la platea visitante estaba toda la familia Martínez, cada uno con la camiseta número 10 en la espalda. Sin embargo el Toro, que sufrió el juego brusco de Olimpo, estuvo errático. Más allá de que el crack no pudo brillar, se fue ovacionado al ser reemplazado sobre el final. Para la Academia no fue un triunfo más: apenas había ganado una vez de visitante. Y se sabe: una remontada fuera de casa templa los ánimos de un grupo que se juramentó ser protagonista en este 2018.

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