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Los amigos, el verdadero foco de San Valentín para los argentinos

Hablamos superados de los lugares comunes del festejo del amor: las flores, los corazones, los bombones, la cena con velas. Lo sentimos como un festejo extranjero que sin llegar a deprimirnos puede afectarnos pero no como lo hacen Navidad y Año Nuevo.
Hablamos superados de los lugares comunes del festejo del amor: las flores, los corazones, los bombones, la cena con velas. Lo sentimos como un festejo extranjero que sin llegar a deprimirnos puede afectarnos pero no como lo hacen Navidad y Año Nuevo. Crédito: Shutterstock
Cecilia Acuña
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12 de febrero de 2018  • 19:43

Algo pasa con San Valentín. Muchos olvidan la fecha -son vacaciones y aunque estemos laburando sigue siendo un tiempo en el que nos permitimos relajarnos un poco respecto al ritmo del año- porque no tienen ni idea de si es dos, diez o veinte de febrero. Es febrero y ya. Vamos a decirlo: es el peor mes del año junto con diciembre. Pero no es el peor mes del año porque se festeje al santo católico, sino porque es el fin del verano, porque como dicen, es el domingo del calendario anual. Hay humedad, llueve y los supermercados te llenan las góndolas con útiles escolares. Un panorama desolador al que, como si fuera poco, hay que sumarle la fiesta del amor yanqui, imperialista, comercial, importada y hasta enlatada, como leí por ahí. ¿Pero es para tanto? Si al final se festeja el amor. Que las empresas saquen tajada del asunto es lo esperable. No son instituciones de caridad. Lo van a hacer, van a aprovechar cualquier festejo para convertirlo en una acción de marketing y aumentar las ventas. Pero eso lo sabemos todos, ¿no es acaso el día del padre, del niño y de la madre lo mismo? Y nos encanta celebrarlo todo: gastamos plata, organizamos dónde nos juntamos, coordinamos tema comida y nadie se lo anda cuestionando tanto, se festeja, es comercial y qué.

Pero no, a San Valentín le declaramos una guerra contradictoria. Criticamos el festejo pero a la vez, igual, algo mínimo, nos importa. Desde Happn, Claire Certain, Jefa de Tendencias, asegura que en 2017, Buenos Aires registró el mayor número de crushes (parejas que se atraen mutuamente) el día de San Valentín de entre 50 ciudades ubicadas en 40 países de cinco continentes. Entonces, aunque nadie lo diga, porque pareciera que no queda bien no ser parte del mainstream. ¿Será que a los argentinos nos parece una gran cursilería empalagosa de corazones y de angelitos gordos y desnudos? Un estudio realizado por la Universidad Abierta Interamericana con datos de 2016 asegura que de 700 mujeres y hombres encuestados en CABA y en el conurbano cinco de cada diez opinó que se trata una fecha únicamente comercial sin ningún otro objetivo.

El marketing del amor

San Valentín es un festejo del hemisferio norte occidental, de allá arriba en el mapamundi y, más que nada de los EEUU, el país que convierte todo en ventas, en capitalismo, en este caso, del amor. Acá nos terminan enganchando casi todas las fiestas extranjeras pero esta la sentimos como impuesta, como un valor que viene a romper nuestros principios acerca del amor y, sobre todo, como un festejo que divide aguas -la grieta- entre enamorados y no enamorados. Eso también es influencia de la cultura norteamericana. Desde Algo para recordar con Cary Grant y Deborah Kerr, pasando por Sintonía de amor con Meg Ryan y Tom Hanks hasta una de las últimas, una película coral malísima en la que la bella Jessica Biel organiza un festejo anti resentido que, por supuesto, termina bien, la mayoría de nuestro consumo audiovisual es lo que aprendimos de San Valentín. Quizás por eso el rechazo.

Sin embargo, hay una menor parte de la población que comienza a institucionalizar este día y lo quiere festejar al margen de lo comercial del amor. "En nuestro país esta celebración cada vez se extiende más, de ahí que algunas personas comiencen a esperar algo si están en pareja o experimenten la soledad si no hay enamorad@s dando vueltas. Es el inicio de una expectativa", asegura Patricia Faur, licenciada en psicología, docente de la Fundación Favaloro y de la Universidad de Buenos Aires, que ha escrito una decena de libros sobre el amor y la pareja. Son dos fenómenos que parecen convivir en paz porque, por otro lado, "tampoco es una fiesta tan difundida como para deprimirnos. No es el caso de Navidad o Año Nuevo, fechas en las que la vida pesa y los balances pueden llevarnos al consultorio de un especialista", agrega Faur.

Los amigos siempre ganan

Es sólo San Valentín, el pobre sacerdote que casó a un soldado en secreto con su novia y al que los romanos mandaron a matar porque en esa época rendías mejor como soldado que como marido, novio o pareja. Una fiesta que quizás sólo dependa de nuestro estado de ánimo: si estamos bien, solos o en pareja, seguramente nos pase de largo o nos prendamos en alguna reunión divertida antisanvalentines -siempre es más divertido ir con los antis que con los melosos- como la que organiza The Little Bar, un bar de Palermo, desde donde aseguran que "todos somos concientes de que es una fecha comercial, que pocos la celebran y que algunos evitan por considerarla cursi. Seguro todas las parejas tendrán un detalle romántico pero creo que en la intimidad del hogar. Nosotros nos burlamos del halo de pomposidad que le dan a la cerveza en ciertos lugares, una bebida que es históricamente popular y, con el mismo criterio, es casi un broma que también seamos sarcásticos con el protocolo romántico que proponen los 14 de febrero. Creemos en el amor, que al igual que una birra con amigos, debe ser espontáneo y natural".

Es aquí donde quizás encontremos el meollo de la cuestión. ¿Cuál es la única fecha en la que se suelen colapsar los celulares y la gente hace cola para entrar a los bares aunque sea pleno invierno? El 20 de julio, sí, el día de amigo. Ese es el amor argentino, el amor por el que nos desvivimos. Que tampoco está exento del marketing, los descuentos y las promociones. Sin embargo, todos pasamos por alto lo comercial y nos prendemos a la fiesta de la amistad creada por un argentino en conmemoración al día que el hombre llegó a la luna donde toda la humanidad completa estuvo pendiente del pequeño gran paso para la humanidad.

Son multitud los que dicen que los amigos son la familia que elegimos, no la que nos viene dada. La ciencia que estudia cómo los astros nos afectan abre un rayo de luz en este tema. Catalina Singer, socióloga especializada en astrología, señala que "en el caso de Argentina, San Valentín se da siempre bajo el sol en Acuario que es un signo que, llevado a las relaciones, se vincula más con el amor universal que con el romántico. Quizás para los argentinos, que tiene a Acuario en la zona del romance, el día de los enamorados es una fecha para celebrar el amor en un sentido amplio y sin fórmulas preconcebidas en pareja, con amigos o en nombre del amor hacia la vida misma".

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