Kindernomics: ideas para combatir la desigualdad en la innovación

La creatividad es uno de los motores del crecimiento y debe ser incentivada desde la infancia, también como un factor de desarrollo personal; la situación social limita las oportunidades
La creatividad es uno de los motores del crecimiento y debe ser incentivada desde la infancia, también como un factor de desarrollo personal; la situación social limita las oportunidades
Sebastián Campanario
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11 de febrero de 2018  

Suena coherente que un economista que descubre que los innovadores tienden a ser mayoritariamente "chetos" lleve como apellido "Chetty". Más allá de la coincidencia, el profesor de Stanford Raj Chetty, una estrella de la economía empírica que en 2012 ganó la medalla John Bates Clark, publicó semanas atrás un estudio sobre innovación que demostró que la desigualdad, en el campo de las profesiones creativas, es mucho más profunda de lo que se pensaba.

En un trabajo que firmó con John Van Reenen, Neviana Petkova, Xavier Jaravel y Alex Bell se descubrió que las personas con padres que están entre el 1% más rico de los Estados Unidos tienen diez veces más chances de convertirse en inventores exitosos que aquellas que crecen en hogares con ingresos por debajo de la media. La disparidad también es muy acentuada por género: solo un 18% de quienes patentan inventos son mujeres, y aunque hay una tendencia a la igualación en este aspecto la velocidad es muy lenta: a este ritmo se tardarían 118 años en cerrar la brecha de género.

A pesar de que la innovación es un motor central del crecimiento económico y de que uno de los primeros teóricos en estudiarla y definirla fue un economista (Joseph Schumpeter), la economía moderna tiene subrepresentado este eje temático en sus estudios, en parte por las dificultades para medirla y la falta de buenas bases estadísticas. Pero Chetty, firme candidato al Nobel a pesar de que tiene menos de 40 años, es famoso por ser una suerte de "mago de las hipótesis testeables", y junto a sus colegas dio con algo así como una mina de oro de datos abundantes y consistentes: los millones de solicitudes de patentes que los inventores completaron con datos que incluyeron sus ingresos, sus domicilios, educación y entornos familiares.

Así lograron determinar que si las mujeres, minorías y niños de hogares carenciados tuvieran la misma propensión a innovar que los hombres blancos de clase media alta, la tasa de innovación de la economía se cuadruplicaría. La exposición en la infancia a entornos ricos en creatividad es un factor fundamental en las chances para que alguien tenga una carrera exitosa en una profesión creativa, y esta particularidad tiene especificidad de género: las mujeres tienen mayor propensión a ser inventoras si en su infancia tuvieron maestras de una rama de innovación.

Chetty concluye que este factor de "exposición a la innovación en la primera infancia" (porque luego la brecha se amplía) es tan relevante que los gobiernos deberían enfocar sus esfuerzos en proveer entornos favorables para la creatividad en chicos y chicas, antes que ofrecer ventajas impositivas a los emprendedores.

"El estudio muestra un dato sumamente interesante: la exposición temprana a contextos de innovación (por ejemplo, al crecer en una familia o comunidad de innovadores en una cierta industria) está asociada a más chances de ser inventor en la vida adulta. Si lo pensamos, tiene muchísimo sentido. Hoy sabemos que crecer en un contexto estimulante y afectivamente seguro es clave para desarrollar un pensamiento curioso que nos acompañe toda la vida. Y que ese entusiasmo por conocer es central para cualquier proceso de innovación", cuenta a LA NACION Melina Furman, investigadora del Conicet y profesora de la Udesa. Furman está terminando de escribir un libro con consejos y estrategias para estimular la creatividad en niños y niñas.

A nivel internacional, Chetty lideró en su momento el Project Star, un estudio extensivo en el que se concluyó que hay pocas inversiones más rentables en políticas públicas como la de poner el foco en jardines de infantes. Como para tener resultados consistentes hacen falta series largas y la educación preprimaria recién se empezó a difundir a fines de los 80, fue en los últimos años cuando recién comenzaron a extraerse conclusiones más sólidas sobre el efecto en el salario de los alumnos en su vida adulta.

Centrándose en una población de entre 25 y 27 años, Chetty halló diferenciales de sueldos muy importantes, que en la repercusión mediática posterior llevaron a concluir que una maestra de jardín de infantes "vale" 320.000 dólares, si se toma en cuenta el "valor presente" del incremental de ingresos futuros de los chicos que se tienen a cargo.

Con evidencias

A nivel local, uno de los economistas que más estudió este fenómeno es Sebastián Galiani, actual viceministro de Hacienda. "Hay evidencia fuerte de que la difusión de la educación preprimaria tiene un impacto más importante del que se estimaba", explicó Galiani en una entrevista cuando era profesor de la Universidad de Saint Louis en Washington.

En la Argentina no hay buenas estadísticas sobre el perfil socioeconómico intertemporal de quienes están en el campo de la innovación, la creatividad o el emprendedorismo, explica Silvia Torres Carbonell, especialista en este campo temático del IAE.

Sí se sabe que la pobreza tiende a perpetuarse y hay poca movilidad social. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, un 40% de los chicos argentinos de entre 0 y cuatro años crece en hogares sin ningún libro, y un 27% recibe agresiones físicas, en un entorno alejado de la promoción de la creatividad y la experimentación. "Los niños pobres en nuestro país asisten a peores escuelas -cuando asisten-, se enferman con mayor frecuencia, cuando se enferman es menos probable que reciban atención médica y, cuando la reciben, es de peor calidad que los niños de entornos más favorables", dice Mariano Tomassi, de la Udesa, en un ensayo publicado recientemente en el marco de la iniciativa Argentina 2030. Tomassi cree que un "shock de capital humano" -especialmente concentrado en la temprana infancia- es la mejor política en la que se puede concentrar el Gobierno para llegar, como sociedad, en buenas condiciones al cierre del denominado "bono demográfico" -cuando al población que no trabaja supere a la activa-, proyectado en la Argentina para el año 2038.

A la hora de las recomendaciones "micro" para promover entornos creativos en la infancia, Furman remarca que "los detalles importan: desde cómo respondamos a sus preguntas (¿les damos directamente la respuesta o, al menos de vez en cuando, nos ponemos a investigar juntos?), a qué tipo de juegos y conversaciones tenemos con ellos (¿compartimos juegos en los que tengamos que resolver problemas? ¿nos gusta inventar cosas juntos? ¿charlamos sobre sus ideas?)".

Para la especialista en educación, "todo vale, siempre que haya disfrute compartido por aprender: jugar a un juego de estrategia, construir con bloques, hacer experimentos, ver un documental, leer juntos una novela o cualquier actividad que nos entusiasme a todos."Pensando en la escuela, sigue Furman, hay muchos enfoques que buscan fomentar la creatividad en los chicos. Entre sus favoritos está el que propone Mitchel Resnick del MIT del "jardín de infantes de por vida" (" lifelong kindergarten").

Resnick sostiene que el abordaje integral del jardín de infantes es una gran plataforma para pensar cómo debería ser toda la escuela. Y que los chicos de todas las edades deberían trabajar con desafíos en los que imaginan lo que quieren hacer, crean un proyecto basado en sus ideas, juegan con sus creaciones, comparten esas creaciones con otros y reflexionan sobre sus experiencias. Como los buenos inventores.

sebacampanario@gmail.com

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