El camino para certificar que una empresa es de triple impacto

Tener el sello B, algo que en la Argentina lograron 65 firmas, requiere de un compromiso de los accionistas; el proceso se basa en una evaluación que da un puntaje
Julia D'Arrisso
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11 de febrero de 2018  

Bajo la consigna de reinventar la economía desde el desarrollo de una actividad que produzca un triple impacto, económico, ambiental y social, hoy existen en nuestro país 65 empresas certificadas como B (entre las cuales hay filiales de multinacionales y varios emprendimientos locales), en tanto que se están por sumar seis más. El proceso para obtener la certificación se basa en un sistema de evaluación que otorga puntos, y la cantidad de puntos obtenida debe incrementarse año tras año, para que se asuma un mayor compromiso con las personas y el planeta.

En el camino hay tres pasos: se determina el propósito social y ambiental de la compañía; se mide el impacto a través de una evaluación que otorga un puntaje, y se incluye esa finalidad en el objeto social de la empresa. Así, se modifican los estatutos y se logra que queden comprometidos los accionistas con los objetivos fijados.

"La evaluación de la empresa es integral: abarca sus políticas laborales y de gobernanza y su relación con la comunidad, el medioambiente y el cliente. Según el grado que tengan, se establece un puntaje que va hasta 200 puntos. Si se obtienen 80 puntos -el 40% del total posible- se presenta la información para el certificarlo en la Organización B-LAB de Estados Unidos", explica Francisco Murray, director ejecutivo de Sistema B, la organización que gestiona las certificaciones en nuestro país.

Las empresas hacen el proceso de evaluación cada dos años y el puntaje tiene que ser siempre mayor al anterior. El costo para la certificación es anual y varía según el volumen de facturación.

Francisco Murray, presidente de Sistema B
Francisco Murray, presidente de Sistema B

En este momento hay alrededor de 25 empresas en proceso de certificación y otras 500 que están midiendo su impacto. Se trata de firmas que se dedican a diversas actividades, como la gastronomía, los servicios o la indumentaria. Lo que las caracteriza es el propósito de integración para dar soluciones a problemas sociales, ambientales y económicos.

Un caso de las ya certificadas es el de Increase, que a mediados del año pasado se convirtió en la primera fintech B. Es una empresa que brinda soluciones tecnológicas para los negocios, con productos como IncreaseCard, una plataforma online que simplifica el control de las operaciones hechas con tarjeta y permite saber con exactitud el monto de dinero que se depositará en una cuenta cada día del mes. Trabaja principalmente con pymes, que en muchos casos suelen ser de economías locales y de bajos recursos.

"El impacto social es directo. IncreaseCard ya tiene 15.000 clientes en toda la Argentina. Ese producto permite controlar las ventas con tarjeta y, de esa manera, potenciar los negocios. Tenemos un impacto directo sobre miles de comercios y pymes. Tenemos encuentros de mentorías con ONG o empresas con impacto social. El foco es ayudar en un problema puntual", explicaron desde la empresa. Han dado, por ejemplo, asesoramiento a pequeños emprendedores de zonas vulnerables.

Otro ejemplo es el de Camping, un espacio gastronómico que recibe 300 visitas por día en la terraza del Buenos Aires Design y propone conformar un lugar común bajo las reglas de un campamento. "Tenemos una política de no reservas, entendiendo que los lugares en las mesas se comparten", se consigna en el sitio oficial.

Gabriel Balan, director de Camping, contó que la certificación como empresa B se logró en mayo de 2017 con 90 puntos, y surgió a partir del propósito de crear un lugar donde la gente pueda tener un rol activo en el cuidado del ambiente y en la dinámica con los otros, en temas puntuales como la separación de los residuos o la selección de la música.

"Además, tenemos una lógica interna para recibir empleados con poca o nula experiencia de trabajo, para que sea un lugar para aprender; y tenemos líderes de grupos que enfocan la tarea del staff a un aprendizaje del trabajo en equipo. Desde que se fundó se habló de ser una empresa B; cuando enmarcas el trabajo desde esa perspectiva, no pensás solo en un rédito económico, sino que te preguntás si lo que hacés es bueno para los que trabajan en la empresa y para el resto de la gente", dijo Balan.

Misión: purificar

La pyme de purificadores de agua DVIGI se encuentra en el mercado hace más de 30 años, con la preocupación de conocer cómo es el agua que tomamos y qué envase la lleva. "Somos 70% agua y realmente necesitamos trabajar sobre la calidad de agua y por eso también sustituimos a las botellas plásticas", explicó Gisella Djenderedjian, gerente general de la pyme. "Tenemos que recertificar la semana que viene y este último año incorporamos nuevas métricas para medir el impacto, con indicadores como satisfacción del cliente respecto de la reutilización de los cartuchos; además, hemos implementado una botella de plástico que tarda 700 años en descomponerse", contó en relación a la pequeña empresa que lleva un volumen de venta de 5000 purificadores al mes, con un precio aproximado de $5000.

Porta Hermanos es una pyme que nació en Córdoba, con la iniciativa de fabricar licores que surgió de dos hermanos italianos que, en 1882, crearon un boticario. Hoy la empresa se expandió como planta proveedora de alcohol fraccionado para abastecer usos alimenticios, medicinales y cosméticos. La empresa consiguió la certificación en seis meses -aunque lo habitual es que el proceso dure un año- y obtuvo 86 puntos.

"A partir de la certificación, nuestro propósito de triple impacto pasó a ser parte del estatuto social y esto significa que no puede cambiarse, que se garantiza un legado", contaron en Porta Hermanos. Entre las medidas que significaron definir a la compañía como parte del sistema B, se reglamentaron los códigos de conducta, el programa de voluntariado y un plan de desarrollo de proveedores.

"Nuestra planta es 100% sustentable; se aprovecha integralmente la materia prima, el maíz, para no generar residuos. No se desperdicia ni el dióxido de carbono que surge de todo el proceso productivo. Nuestro propósito es sumarle valor a la producción de nuestra tierra, a partir de un trabajo responsable por obtener los mejores productos", sostuvieron desde la empresa. Y afirmaron que, como ellos, hay una red de empresarios que quieren darle una nueva mirada a los negocios.

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