Días de vértigo en los mercados financieros, que obligan a extremar la cautela del inversor

La posibilidad de que la inflación salarial pueda acelerarse disparó al alza a las tasas de largo plazo y hundió a las acciones que venían de registrar máximos históricos en enero
La posibilidad de que la inflación salarial pueda acelerarse disparó al alza a las tasas de largo plazo y hundió a las acciones que venían de registrar máximos históricos en enero Fuente: Archivo
Paula Premrou
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11 de febrero de 2018  

Se viven días de vértigo en los mercados financieros globales. Las bajas que se iniciaron con la publicación, el primer viernes de febrero, de un robusto Reporte de Empleo de la economía americana, se profundizaron durante la última semana, llevando a los principales índices de Wall Street a registrar su mayor caída desde enero de 2016, con bajas que promediaron el 5,1% y con jornadas que mostraron oscilaciones de precios para el infarto.

La posibilidad de que la inflación salarial pueda acelerarse disparó al alza a las tasas de largo plazo y hundió a las acciones que venían de registrar máximos históricos en enero. Los inversores, que en diciembre festejaban la sanción del paquete impositivo de Donald Trump por su impacto favorable sobre las ganancias de las empresas, comienzan a mirar con preocupación el impacto fiscal del mismo y temen entonces que la política monetaria tenga que ser más contractiva que lo esperado, para contrarrestar el efecto, lo que en la práctica llevaría a tasas de interés más elevadas.

Todavía es pronto para saber si estamos frente a un cambio de tendencia o a una fuerte corrección del rally alcista iniciado en 2014 que pueda convertirse, por ende, en una buena oportunidad de compra. No hay, desde los fundamentos, argumentos para pensar en un cambio de tendencia tan abrupto; las principales economías del mundo crecen a buen ritmo, la inflación sube, pero moderadamente, y las hojas de balance de los mayores bancos centrales se acomodan gradualmente.

Fuente: LA NACION

Lo cierto es que la volatilidad que estaba dormida se despertó de una manera furiosa. El índice VIX, que mide la volatilidad implícita de las opciones de los papeles que componen el S&P500, venía promediando niveles interanuales de entre el 11% y el 12% anual desde fines del 2016, valores bastante por debajo del 18% anual histórico que mostraba el índice, y que esta semana llegaron a alcanzar niveles superiores al 50%. Esas cifras no se veían desde la crisis griega.

Estos episodios de máxima volatilidad suelen ser muy breves. Por eso, lo que se va a mirar en los próximos días es la duración de este pico. Dentro de un calendario bastante magro de indicadores, será relevante la publicación de los datos de inflación de la economía americana que se conocerán entre el miércoles y jueves, donde se buscará ver si hay señales de aceleración en la suba de precios que lleven a que la Reserva Federal -comandada a partir del sábado 3 de febrero por Jerome Powell- comience a correr por detrás de los acontecimientos y tenga que acelerar la suba de tasas. No parece ser el escenario más probable, pero a los ojos de Wall Street las chances han aumentado.

El mundo emergente claramente no pudo escapar al derrape de los mercados centrales; las caídas fueron generalizadas para los principales índices que devolvieron gran parte de las subas que habían registrado en enero. No tuvieron mucho impacto las noticias internas; lo más relevante pasó por Brasil, que bajó la tasa de interés en línea con lo esperado y donde la mirada sigue puesta en si el ex presidente Lula da Silva podrá o no ser candidato en las elecciones de este año.

La decisión de Maduro de adelantar las elecciones en Venezuela tuvo un tinte más político que financiero, por lo que no tuvo incidencia en la tendencia general de los precios de la región, que estuvo siempre marcada por lo que ocurría en la plaza americana.

El mercado argentino fue uno de los que más sufrió el desplome observado en los últimos días. El índice Merval, que agrupa a las acciones líderes, cayó 7,6% medido en pesos en la última semana y casi un 10% medido en dólares, ante el nuevo salto que mostró la divisa americana, que cerró el viernes en $20,12, con una suba 62 centavos. El Mexbol mexicano perdió 7,1% en el mismo lapso, mientras que el Bovespa brasileño y el IPSA chileno cayeron 6,5% y 5,1%, respectivamente.

También los bonos registraron fuertes bajas, especialmente los títulos de mayor plazo, que son mucho más sensibles a la suba de las tasas externas. El AY24, el DICA y el AA46 perdieron en lo que va de febrero 1,7%, 3,5% y 4,6% respectivamente, con lo cual acumulan en el transcurso de 2018 caídas del 3%, 7% y 10%. Al igual que en las acciones, la renta fija argentina tuvo un peor desempeño que la de sus pares regionales; el riesgo país sube en el año 55 puntos básicos, mientras que el de Brasil se mantuvo constante y el de México y Perú cayeron 3 y 8 puntos básicos.

La máxima volatilidad obliga a extremar la cautela al momento de tomar decisiones de inversión. No hay que dejarse llevar por el pánico, si pensamos que no hay razones concretas que justifiquen un cambio tan abrupto en los escenarios. Muy por el contrario, una vez que empiece a reducirse la volatilidad, puede ser una buena ocasión para rebalancear carteras y aprovechar las oportunidades que deja el mercado luego de estas bajas.ßPaula Premrou

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