Silvio Berlusconi por Paolo Sorrentino: vida, suceso y poder de il Cavaliere

Con Loro, el ganador del Oscar por La gran belleza busca retratar el ascenso y la caída del magnate mediático italiano; en Cannes iniciaría su exhibición por los festivales
Con Loro, el ganador del Oscar por La gran belleza busca retratar el ascenso y la caída del magnate mediático italiano; en Cannes iniciaría su exhibición por los festivales
Néstor Tirri
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12 de febrero de 2018  

"Podemos adelantar que el film irá a Cannes, pero no mucho más que eso: todavía estamos trabajando en el montaje definitivo". La escueta información la suministra a LA NACION la oficina de Índigo Film, la productora que respalda a Loro, la nueva aventura de Paolo Sorrentino, que el propio realizador ha resumido en una elocuente frase: "Vida, éxitos y, sobre todo, poder de Silvio Berlusconi".

¿Cómo es que todavía no está concluido este esperado film? Sería verosímil que la complejidad del emprendimiento exija seguir retocando. Convengamos en que la ambiciosa propuesta desafía a un manejo polifónico de historia institucional y gossip cotidiano: condensar los virajes y la bizarra peripecia cívica de uno de los hombres más acaudalados de Europa y que, sin una formación rigurosa en ninguna área (y sostenido por una intuición sagaz y populista alla Trump), logró convertirse en el magnate mediático más sólido de Italia, primero, y después en una figura institucional: alcanzó el rango de presidente del Consejo de Ministros (equivalente al de premier) y, desde allí, ornado con el irónico rótulo de il Cavaliere, impuso el rumbo político de su país a lo largo de dos décadas.

Sin embargo, al exponer su objetivo, Sorrentino apunta a instalar la política en un segundo plano: "El mundo ve en Silvio Berlusconi una persona simple -declaró a la BBC-, pero al estudiarlo comprendí que es mucho más complejo, y así es que me interesa el hombre que hay detrás de lo político". Pero ¿se puede abordar al ex presidente del Milan FC, capo de la Mediaset y ex premier de Italia, sin hablar de política? Este último interrogante señorea todo el tiempo en torno a un proyecto que, como pocas veces antes (incluso en los tiempos del mismísimo Fellini), mantiene en vilo no solo al cinéfilo, sino también al hombre común de Italia y de varios países europeos. La incógnita acerca de qué dirá sobre el controvertido Cavaliere un realizador que a los 47 años acumula en su haber siete largometrajes, un Oscar de la Academia de Hollywood (por La gran belleza) y una participación como jurado en Cannes encierra otro interrogante, más específico: ¿cómo será el film de Sorrentino sobre Berlusconi?

El exitoso cineasta napolitano ya tuvo que vérselas con una figura polémica de la política: Il divo (2008) fue un recorrido por la "fabulosa" y controvertida carrera de Giulio Andreotti (1919-2013), siete veces premier del gobierno italiano, que a partir de la posguerra influyó en el rumbo económico de su país y que acabó acusado de maniobras que en los años noventa lo vinculaban con la mafia.

El periplo de Berlusconi, si bien distinto, también lo sitúa polémicamente en el sillón del poder del Palazzo Chigi (sede del gobierno), pero vinculado como empresario a dudosos negocios millonarios que le reportaron incontables juicios, acusado de coparticipación en corrupción en actos judiciales, la mayoría de los cuales supo esquivar; alguno de ellos, sin embargo, le ocasionó una sentencia a quedar invalidado para ocupar bancas en el Parlamento o asumir cargos de gobierno hasta 2019.

No obstante su prontuario, ha vuelto al ruedo político en una alianza con Giorgia Meloni (Fratelli d'Italia) y con la extrema derecha de Matteo Salvini (Liga Norte), para presentarse a las próximas elecciones del 4 de marzo. Su resurrección, antes que la gloriosa imagen del ave fénix, suscitó ironías en los medios: una viñeta del humorista Giannelli, del Corriere della Sera, lo caricaturizó vestido como una momia egipcia que resurge de la tumba con su exultante y dentada sonrisa. Sin embargo, los pronósticos no desestiman que la coalición de este presunto centrodestra (centroderecha) pueda alzarse con algún triunfo.

Pero el telón de fondo del poder deja paso, en Loro, a cuestiones urticantes del mundo cotidiano. Una de ellas es la de su tormentosa relación con su ex mujer Veronica Lario. La otra, el escándalo de presuntas "orgías": "Se reprodujeron las reuniones que tuvieron lugar en sus residencias, tanto en el Palazzo Grazioli de Roma, símbolo del berlusconismo, como en Milán", según confió telefónicamente a LA NACION, desde Roma, una fuente directa de la producción de la película. Precisamente, de esas "reuniones" proviene el título, Loro ("ellos"), esto es, el entramado de los organizadores e invitados que armaban festicholas con chicas contratadas, las partícipes de lo que se denominó "el Bunga-Bunga".

Incursiones fílmicas en áreas urticantes de la vida italiana reciente, como esta, caracterizan los targets habituales de Paolo Sorrentino, un bagaje de imágenes y de atmósferas, especialmente romanas, que lo consagran como un autor de reflexiones filosas, por encima de la producción cinematográfica media de la península y distinta de las filmografías de pares de su generación, notables, por lo demás, como Matteo Garrone, Vincenzo Marra, Luca Lucini, Alice Rohrwacher o Luca Guadagnino, por nombrar algunos. Un tiro por elevación, el suyo, que intenta sobrevolar con virtuosismos (visuales, sonoros o dramático-poéticos) la estética de antecesores inmediatos como Daniele Lucchetti, Davide Ferrario o el propio Nanni Moretti, cuyo Il caimano (2006) también pivotaba sobre la figura de B., pero con trazos más afines al género de la sátira política.

Sorrentino se dispara en una línea solitaria, en sus exploraciones, un poco como en el período dorado del cine italiano ocurría con la estética de Fellini o de Pasolini respecto de sus pares -enormes, algunos- de la producción industrial regular, más atraídos por la mítica (y lúcida) comedia italiana.

Tanto Le conseguenze dell'amore (2004) como La giovinezza (Youth, 2015) y, sobre todo, la monumental La gran belleza revelan a un autor que se atreve a insertar figuras individuales, siempre conflictuadas, en un fresco en el que reinan lo insólito, la magia y la poesía, así como un jardín de delicias infernales como las del Bosco. Un paisaje, por lo demás, al que, como nubes, van surcando las crisis de variada índole por las que atraviesa la vida de la península.

Y, una vez más, esa figura humana que transita por jardines y miserias tiene el rostro de Tony Servillo, el actor que lo acompaña ya desde su debut, en 2001, con L'uomo in più (Un hombre más), film con el que participó del Bafici en 2002 y con el que se adjudicó un primer (módico) galardón en su carrera, el Premio de la Crítica Joven. La fidelidad de Servillo se reitera ahora en el compromiso de encarnar a Berlusconi: ¿cómo se las arreglará un físico como el suyo, alto y fornido, para adaptarse al porte retacón y napoleónico del líder de Forza Italia, su partido?

En los años 70 y 80 Veronica Lario era una actriz de teatro y cine que, cuando llegó a la TV, conoció al zar de ese medio, Berlusconi, que poco después se convertiría en premier. Se casaron en 1990, tuvieron tres hijos (Barbara, Eleonora y Luigi) y se separaron en 2009. Estos son los años centrales expuestos en Loro, que el realizador armó con su guionista Umberto Contarello. Lario se reunió en privado con Sorrentino y aprobó la designación de la popular actriz televisiva Elena Sofia Ricci para corporizarla en el film. Será en los años finales de ese matrimonio, cuando se desaten, también, los rumores sobre el Bunga-Bunga, así como la insólita relación del entonces premier con la napolitana Noemi Letizia, a la sazón menor de edad. Para Lario, verse en pantalla reviviendo aquella situación será "un colpo al cuore [un golpe al corazón], una remoción del sufrimiento de aquellos años", según sus propias palabras.

En una filmación nocturna, en la romana Via dei Fori Imperiali, una toma focalizó a una decena de chicas en minifalda con tacos Nº 12 y escotes generosos. Quien las traía como "aporte" a la noche de placer era Riccardo Scamarcio, el baby face del cine italiano que aquí corporiza a Gianfranco Tarantini, un conocido empresario de Bari.

Enterado de que el napolitano Sorrentino pergeñaba un film acerca de él, il Berlusca le salió al paso con un convite bizarro: "Le ofrezco mi Villa Certosa, en Cerdeña, para que filme allí las escenas estivales". Sorrentino no le respondió y reprodujo la mansión de marras en la Toscana. Entonces, el expadrone del Milan desembozó su real preocupación: "Me suenan voces de que será la enésima agresión política contra mí". El realizador no se apresura a declarar qué rasgos prevalecerán en el retrato de su antihéroe; tampoco desdice a Fulvia Caprara, de La Stampa, cuando la periodista afirma: "Si antes fue una grande belleza, ahora será la grande bruttezza [la gran fealdad]".

Loro todavía no está listo, pero aguarda por una invitación para participar de Cannes, mientras Sorrentino se encuentra en tratativas con HBO, Sky y Canal+ para retomar la secuela televisiva de The Young Pope.

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