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Maradona, ¿deportista ejemplar?

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12 de febrero de 2018  

Diego Maradona ha sido oficialmente designado ciudadano ilustre por la Legislatura bonaerense. El proyecto, redactado por senadores del Frente para la Victoria, señala que "además de su notable condición de deportista, es un ejemplo constante de gestos solidarios? compromiso con los barrios humildes y los partidos por la paz? Además de ser el mejor jugador que ha dado la historia del fútbol, es un emblema argentino y es claro merecedor de este reconocimiento".

La ley que establece las condiciones para el otorgamiento de esa distinción cita expresamente "que su vida pública, profesional y privada, pueda señalarse como ejemplo y/o valores para generaciones futuras".

Maradona es sinónimo indiscutido de fútbol desde que jugaba como cebollita; jalonando su carrera futbolística con estelares actuaciones para alegría de su público que aprendió a disfrutar de sus excepcionales jugadas y goles. Como contrapartida, en su vida personal atravesó tormentas de variada intensidad que, lejos de circunscribirse al ámbito de su intimidad, alcanzaron enorme trascendencia pública. Excesos, transgresiones, desmesuras ligadas a su triste dependencia de sustancias que lo tuvieron al filo de la muerte, así como sus extemporáneas y violentas reacciones ante las más diversas situaciones. Sus fanáticos revelan una increíble dificultad para reconocer su larga lista de innegables defectos, como si hacerlo fuera despojarlo de la gloria por sus proezas en el campo de juego.

A los 57 años, nadie osaría describirlo como un caballero del deporte. Su actitud desafiante y patoteril; la utilización de un lenguaje soez; sus mentiras; los gestos ofensivos y agraviantes, asociados a una tendencia a desautorizar a todos con aires de superioridad, se potenciaron también con los síntomas de esa triste enfermedad que lo volvió dependiente y autodestructivo. Eximio futbolista, muy lejos está de ser un deportista con todas las letras (de la talla de Fangio, Vilas, De Vicenzo, Porta o J. C. Harriott (h.), por solo nombrar algunos). Su habilidad con la pelota contrasta con su falta de modales, humildad y compromiso, base de un sano y edificante espíritu deportivo.

No podemos tomar una parte por el todo. ¿Por qué, como sociedad, tendemos a sobrevalorar y a endiosar a quienes carecen de mérito suficiente? El Maradona futbolista es digno de elogios. El deportista carece del brillo que otorgan las virtudes que hemos de proponer como ejemplo. Por estas razones, consideramos que, además de desconocer la letra y el espíritu de lo que fija la ley, es por demás desafortunada la distinción con la que lo reconoció la Legislatura bonaerense.

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