Silencio y salud

Carlos M. Reymundo Roberts
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12 de febrero de 2018  

Por un persistente dolor en el cuello, a una señora le pidieron algunos análisis; entre ellos, una resonancia magnética. Se presentó en un centro de diagnóstico, donde tuvo que responder un extenso formulario sobre las razones del estudio y los antecedentes; le preguntaron, entre otras cosas, si se trataba de una patología oncológica, es decir, cáncer. Respondió que no. El médico a cargo del análisis leyó esa planilla antes de empezar. Cuando la resonancia había terminado, se acercó a ella y le preguntó si era un estudio oncológico. Volvió a decir que no, e, inquieta, quiso saber por qué se lo se preguntaba. ¿Habría visto algo preocupante? "Su médico ya hablará con usted", contestó él, enigmático. La señora se fue, pero, tras dar unos pasos, volvió. La inquietud se había convertido en alarma. El médico insistió en que le correspondía al profesional que había pedido el estudio hablar con ella. Los cinco días hasta conocer el resultado fueron un suplicio, con los fantasmas revoloteando en su cabeza. El estudio dio bien, aunque en realidad nunca había existido sospecha de cáncer. La sombra del cáncer solo estuvo en aquella pregunta irresponsable.

A ciertos médicos hay que enseñarles que a veces el silencio es salud.

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