Cosquín rock, día 2: del indie al pogo

Asspera, un show potente y visual
Asspera, un show potente y visual Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima
Dolores Moreno
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12 de febrero de 2018  • 13:08

En una fecha mucho más ecléctica que el día 1, Cosquín Rock tuvo una oferta tempranera para hacerle frente al mal tiempo. Más allá de un fresco inusual para esta fecha y de un cuantioso barro en el camino, las 40 mil personas que tenían previsto ir al festival no cambiaron de opinión.

El indie se apoderó del escenario principal a la tardecita; fue justamente en ese espacio donde tocaron Él mató a un policía motorizado, a las 16:50 y, Los espíritus, a las 17:40. Donde el día anterior se imponía el rock barrial, aparecieron ahora bandas under en una muestra de cómo la grilla de un encuentro como el Cosquín tiene un espacio para que coexistan todos los géneros. Por eso, más tarde llegaría Residente, con su propuesta solista y sus ritmos latinos, La Vela Puerca, Los ratones paranoicos, The Offspring, Guasones y Gardelitos.

"Buenas tardes a todos", saludaba Santiago Barrionuevo ante las miles de personas que se acercaron al predio más temprano que lo habitual. Con una puesta de luces que emulaban explosiones y posibles apocalipsis y con una sola bandera, la de la 25, los músicos de El mató... pusieron al servicio un set que incluyó temas de su último y aclamado disco, La síntesis O'Konor. Sonaron además del tema que le da nombre al álbum, "El tesoro", "La noche eterna", "Ahora imagino cosas" y "Mundo extraño". Entre la identidad de sus letras y la sensibilidad, los platenses lograron sortear los problemas técnicos y llenaron de amor y desamor el aire. La banda mostró su evolución, donde la distorsión ya no es tan protagonista y sí lo es la progresión. "Mujeres bellas y fuertes" cantaba Santiago mientras la llovizna volvía para terminar con "Chica rutera" y deslizar los acordes de "Ji Ji Ji" con su guitarra.

Santiago Moraes y Martin Fernandez Batmalle, de Los Espiritus
Santiago Moraes y Martin Fernandez Batmalle, de Los Espiritus Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

Si bien Los Espíritus habían hecho un Cosquín en 2017, se habían presentado en el escenario alternativo, esta vez Maxi Prietto, con camisa floreada, Santi Moraes y su banda estuvieron en el espacio más convocante. Las proyecciones psicodélicas combinaban perfectamente con el ambiente que generaba la banda: bongó, guitarras, sintetizador y esa fusión entre rock y blues y ritmos latinos vibraban en el predio.

Dentro de las 8 canciones que eligieron hubieron 5 de su último trabajo discográfico, Agua Ardiente; incluso empezaron con "Huracanes" para terminar con "La rueda". Abajo, un público más ecléctico, muchos hispters y una sucesión de pilotos y pilotines, celebraban la diversidad musical y se dejaban llevar por el swing y las voces de Prietto y Moraes.

Residente, gestos y movimientos eléctricos, de principio a fin
Residente, gestos y movimientos eléctricos, de principio a fin Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

René Pérez Joglar apostó por su proyecto solista con Residente y un viaje por el mundo en busca de sus orígenes. Por eso el primero de los temas para Cosquín, festival del que ha sido parte con Calle 13, vino acompañado de una proyección de un corazón que está por explotar. Ahora tiene una banda nueva (con el argentino Leo Genovese en teclados) y también sonidos traídos de Rusia, Armenia, Georgia, Osetia, China, Burkina Faso, Ghana, Níger, Serbia. Pero el frontman sigue desplegando su energía sin vacilar: saltó, bailó, agitó durante la hora que estuvo sobre el escenario.

Con su clásico look descontracturado, pantalón de jogging y zapatillas, el boricua presentó "Somos anormales", y "Desencuentro", de su primer disco en solitario . También hizo un repaso por los clásicos de su antigua banda de música urbana con "Baile de los pobres", "Calma pueblo", "Atrevete", "Latinoamerica" para terminar con "Vamos a portarnos mal". El público, que había escuchado atención a las bandas indies, se dejó seducir por la propuesta del Residente, quien alejó la lluvia a base de pasos frenéticos.

Sebastian Teysera de La Vela Puerca
Sebastian Teysera de La Vela Puerca Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

Los carteles empezaron a verse promediada la tarde. Algunas banderas que estaban ayer y otros carteles nuevos, como uno que decía "Macri gato", iban desplegándose en el aeródromo. Pero cuando la Vela Puerca apareció en el escenario principal también lo hicieron cientos de banderas y de personas. Como Ciro y los Persas en la primera jornada, la banda uruguaya fue la más convocante de la fecha. Con más de 20 años de trayectoria, La Vela sabe qué darle a su público festivalero. Por eso hizo un recorrido por muchos de sus hits.

Con su particular fusión de rock, ska y otros ritmos característicos de su país, los uruguayos no traicionaron a sus seguidores e hicieron "A escampar", "Zafar", "Llenos de Magia" y "El Viejo". Uno de los momentos de más conexión con su gente fue cuando Sebastián Teysera se sentó al borde del escenario e hizo una versión de "Mi semilla". El rock uruguayo encendió las banderas. Entre humo y unos acordes ska, el frontman volvió a tener su momento íntimo con "El profeta".

Juanse, recorrió todo el escenario
Juanse, recorrió todo el escenario Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

A poco de terminada la Vela, llegaban ellos: Los Ratones Paranoicos para dar una lección de rock n roll. A las 22:20, Juanse no dudó en agitar a los que estaban empezando a sufrir hipotermia con "El rock del pedazo" y una seguidilla de hits imbatibles, entre ellos "Sigue girando, "Rock del gato", "Sucia estrella" y "Para siempre". "Muchas gracias por este hermoso recibimiento", decía el cantante.

La vuelta de los Ratones fue para todos los presentes una gran noticia. "¡Viva Cosquín, viva la vida, viva el roncanrol!", dijo un Juanse que en varias oportunidades fue ovacionado por el público. Los tres coristas animaban cada riff y estos rockeros con campera de cuero, camisa con brillos y cadenas parecían extasiados con la respuesta de la gente.

Dexter Holland, de The Offspring
Dexter Holland, de The Offspring Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

A las 23:55, esta vez los horarios se respetaron al menos en el escenario principal, The Offspring se imponía con un público que, primero, se comportó de manera tibia y después se fue envalentonado y no pudo resistirse al hardcore estadounidense. Noodles, afilado con su guitarra y su pelo bicolor, y Dexter Holland -que parece haber llegado a sus 52 años con poco resto- dieron un show sólido que trajo a la memoria esos clásicos de los 90. Si bien al principio el comportamiento de los presentes era más bien tímido, después de "Go Far Kid", "All I want", Have you ever" llegaron los primeros pogos animados y los saltos y empujones típicos de la escena punk.

"Buenas noches Cosquín. Tú eres muy bonitísimo. Es nuestro primer show del año", pronunciaba el frontman en un español improvisado, antes de cantar a capella "Bad Habit". La fiesta llegaría con "Why don't you get a job", "Kids Aren´t Alright" y "Self Esteem". "Cosquín ustedes tienen rock", repetían mientras el pogo ocupaba el centro del público.

Guasones y un show distinto
Guasones y un show distinto Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

Minutos después, Guasones renovaría su idilio con la gente con hits como "Nada que ganar" y "La flaca Pili" y más tarde, a las 2:25, llegarían Los Gardelitos para cerrar una jornada interminable.

En paralelo, en los otros cinco escenarios bandas indie como Luca Bocci, Perras on the beach, Louta, cordobesas como Vudú, La flora Bartola, representantes del blues y mucho más arengarían la tarde. Pero si de arengar se trata, el escenario temático fue el lugar preferido por los amantes del heavy, donde Viticus, Ácido Argentino, Carajo y Horcas fueron protagonistas.

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