Una rareza en el mundo de la novela policial

18 de febrero de 2018  

El Lagarto Negro (Salamandra) se lee hoy como una auténtica rareza. Una novela policíaca en la que no hay asesinos seriales ni escabrosos detalles pseudorrealistas sobre los estragos que el verdugo causa en los cuerpos de las víctimas; tampoco detectives vulnerables que arrastran una desastrada vida sentimental o algún trauma imposible de superar. Y de ninguna manera -por una cuestión puramente cronológica- asisten al héroe las certezas de las pruebas de ADN o las precisiones de la tecnología digital. Aquí todo es fantasía, glamoroso exotismo oriental, aventuras y vueltas de tuerca sin fin en una trama folletinesca, siempre al borde de lo verosímil que nunca abandona el humor.

El libro fue publicado por primera vez en 1934, y la acción transcurre entre los bajos fondos, las mansiones y los hoteles de lujo de Tokio y Osaka. El Lagarto Negro es una ladrona tan bella como cruel -debe su apodo al perturbador tatuaje que lleva sobre un hombro-, millonaria y hábil como nadie en el arte del disfraz, lo que le permite colarse en los sitios más peligrosos con audacia temeraria y burlar a la policía una y otra vez.

Su codicia la despierta la belleza, de los objetos y de las personas, a los que colecciona por igual. Y en esta oportunidad, no se detendrá hasta apoderarse de la Estrella de Egipto, el brillante más portentoso de que se tenga noticia. La piedra está en manos del rico joyero Shobei Iwase, que la custodia con más celo que a su propia vida. Aunque el tesoro mayor de Iwase es su hermosa hija, Sanae.

La astuta malhechora maquinará toda suerte de enredos para obtener la chica y la joya, pero tendrá que vérselas, en un constante juego del gato y el ratón, con el sagaz detective privado Kogoro Akechi, capaz de resolver el más intrincado de los enigmas a fuerza de deducción.

El creador de este mundo hecho de patrañas y truculencias ingenuas es el prolífico y popular escritor de novela negra Edogawa Rampo (1894-1965), pseudónimo de Hirai Taro, derivado de la pronunciación en japonés del nombre de Edgar Allan Poe, uno de los autores más admirados por Taro.

Aficionado al policial, Rampo se dedicó a fomentar y difundir el género en su país -llegó a fundar la Asociación Japonesa de Escritores de Misterio- y publicó, a su vez, más de sesenta novelas y setenta Relatos. El detective Akechi, protagonista de varias de sus historias, es el tributo cabal a las hazañas de Auguste Dupin y Sherlock Holmes, nobles antepasados europeos a los que Kogoro Akechi, por cierto, no tiene nada que envidiar.

El Lagarto Negro,Edogawa Rampo, Salamandra

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