La cruzada anti-juego de María Eugenia Vidal, en su punto máximo

Gustavo S. González
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16 de febrero de 2018  

La gobernadora Vidal cortó el subsidio que el turf llama fondo de reparación y que vino a compensar la avalancha de bingos, tragamonedas y casinos de los últimos veinte años, que la provincia prohíbe en los hipódromos. Un recurso que se usa aquí cerca, en el hipódromo de Palermo.

Del turf viven 750.000 personas, un dato que Lotería de la Provincia tenía en su página web y que hizo desaparecer a partir de la medida que se conoció anteayer. Hace menos de un año, LA NACION publicó un editorial sobre la actividad hípica. Hay trabajadores en los hipódromos, pero también en los studs y en los haras, la amplia mayoría en territorio bonaerense.

Esta raza equina es la única que tributa el IVA en sus remates y sus exportaciones tienen una retención. El subsidio no proviene del bolsillo de los contribuyentes, sino de un fondo que generan los bingos y los casinos.

Claro que el turf hizo lo suyo. Para no hacer mucho ruido sobre los fondos que recibía, no difundió la generosa fuente de trabajo que esas sumas contribuían a sostener. Hasta se reactivó un hipódromo como el de Dolores, inviable, para que unos cuantos oportunistas se llevaran una tajada. Y un administrador del hipódromo de La Plata en tiempos de Scioli vendía la señal de carreras a Chile y se quedaba con la plata.

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