Un departamento con vista a la Biblioteca Nacional lleno de detalles

15 de febrero de 2018  

“En los últimos 15 años me mudé diez veces”. Así empieza la entrevista con Rodrigo Sens, alma máter (junto con su socio, Mauro Greco Rossi) de la tienda Harturo Design y reconocido por sus geniales combinaciones de diseños clásicos y no tan clásicos del siglo XX.

“En mis otras casas, me embarqué decidido, pero ésta me planteó un dilema, porque tenía todo lo que me gusta y todo lo que no me gusta en un mismo lugar”. Al tope de su lista de “pros” figuraba la vista magnífica a la Biblioteca Nacional.

“Siempre tuve fascinación por Clorindo Testa y por ese edificio brutalista, que desde chico me dejaba sin aliento porque me parecía una suerte de nave espacial”.

Rodrigo sorteó todos los obstáculos que se le presentaron para vivir mirando una de sus obras favoritas de la ciudad: la Biblioteca Nacional. Crédito: Javier Picerno

Los “contras” eran varios: taparrollos a la vista, techos bajos, aberturas de aluminio… Lo peor: la imposibilidad de hacer obra, porque tenía su anterior departamento vendido y debía mudarse en un mes.

“Esa situación paradójica, como toda paradoja que se precie, estimuló la reflexión y la creatividad: afilé los sentidos y puse manos a la obra para explotar lo mejor y disimular el resto”. Así fue que un flujo de ideas inagotable vino al rescate de esa vista que le estaba destinada desde hacía años.

El sillón de proporciones ultra generosas es creación de Rodrigo para Harturo Design, y las fantásticas mesas bajas también se consiguen en su local. Crédito: Javier Picerno

En las antípodas de su estilo más texturado y colorido, Rodrigo se decidió por un camino más sobrio para generar sensación de despojo y amplitud. La obra de Nadia Rossi fue encargada especialmente y fascina: 18 variaciones de grises que generan un efecto óptico.

“En la tensión de contrastes encuentro el equilibrio: terciopelo con alpaca, pergaminos con cromo, lo chino con lo art déco. Ahí se va revelando mi estilo”.

Los tambores de alpaca de India son de Harturo Crédito: Javier Picerno

Hablando de contrastes: las lámparas, inspiradas en los años 70, son de discos de metal niquelado con pantallas de arpillera. A su lado, los sillones de un cuerpo de inspiración italiana y la banqueta de piel (todo de Harturo Design), dialogan desde la diferencia en maravillosa convivencia.

La obra de Andreas Magdanz, fotógrafo alemán, pertenece a una serie sobre los búnkers de la Segunda Guerra. Crédito: Javier Picerno

Arriba, consola de hierro. “La pátina se hizo con ácido y yerba mate: por eso va tomando ese color verdoso de bronce añejado. Según el día y la humedad, se revelan distintos tonos”. Sobre ella, espejo circular (Harturo) y objetos que el dueño de casa va comprando en viajes y recorridos que le depara su trabajo.

Quería disimular las aberturas de aluminio, así que pinté el living del color más parecido a ese gris acero para unificarlo y que pasaran desapercibidas
Rodrigo

La mesa de pergamino se funde con en parquet de roble de Eslavonia. Completan el juego sillas de pana y patas cromadas (todo de Harturo). Crédito: Javier Picerno
“En general los comedores son difíciles de resolver, y siento que este biombo aporta narrativa. Es un recurso que recomiendo, porque los hay de todos los estilos y precios”. Crédito: Javier Picerno

“Creo que, si de chico un objeto te impactó, de alguna manera va a definir tu mapa estético y probablemente te guste para siempre. A mí me fascinaba el biombo de mi abuela”. De ahí la presencia de este biombo de Coromandel (siglo XIX), como se conoce a los biombos chinos que muestran escenas de la vida cotidiana sobre fondos oscuros laqueados.

“Lo bonito pero incómodo ya no va conmigo. Por eso elegí estas sillas de los años 70 que retapicé en pana. Son muy confortables, como debe ser un asiento para que las sobremesas duren agradablemente”.

La foto de Gonzalo Lauda, “Matadero”, impacta sobre la pared del ambiente. Crédito: Javier Picerno

En el comedor diario, sillas ‘Wishbone’ con asiento de ratán, una rareza, y mesa ‘Tulip’ de Saarinen en su versión laca negra.

No soy de acumular; es más, mi trabajo consiste en deshacerme de cosas. Es un ejercicio, me obliga a estar siempre alerta, probando cosas nuevas
Rodrigo

En la cocina, Rodrigo reemplazó el vidrio de la ventana interna por un espejo que da sensación de amplitud y evita la vista menos atractiva hacia el lavadero. Javier Picerno Crédito: Javier Picerno

La mesada de granito se ve más sofisticada con una bandeja de diseño que hace las veces de bar. Sin tiempo para reformas (y en una cocina con poco movimiento), Rodrigo ocultó el piso de cerámicos bajo una preciosa alfombra traída del Norte.

“Como en esta casa nunca hay demasiados platos para lavar, en el lugar del lavaplatos puse una cava de vinos”.

En la pared, una gran foto de una cámara antigua sostenida con ganchos de escritorio. Crédito: Javier Picerno

“Nunca me animo a los colores fuertes para los sillones, pero acá me jugué y dio como resultado algo bastante teatral”, dice Rodrigo. “Aunque está pensado para una casa palaciega, puse este camino persa acá y quedó genial”, agrega sobre la alfombra comprada en Remates Naón.

Hace mucho tiempo, la abuela de Rodrigo dibujó una serie de cacatúas especialmente para él. Crédito: Javier Picerno

“El respaldo en pana de lado a lado de la pared es una buena idea para hacer más sofisticado un cuarto sin demasiada gracia arquitectónica”.

Sobre la cama, espejo convexo peruano: “Hicimos un trueque con una clienta: me lo cambió por algunos muebles del local”. Y en el corredor, un mueble de la mítica Casa Jansen comprado en un remate de Naón: una adquisición que le da brillo y categoría al espacio.

Departamento Harturo

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