Escapadas, botellas y lujo

Joaquín Hidalgo
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18 de febrero de 2018  

El vino esconde la magia del lugar en el que nace. Por eso, cuando se beben algunas botellas, revelar el genio del terroir es una de las fantasías más deliciosas a la hora de las copas. La otra fantasía, aun mejor, es convertirla en realidad bebiendo los vinos en el lugar. Nada mejor que la vendimia para ello.

Y mucho mejor todavía la seguidilla de fines de semana largos de marzo.

Para eso, nuestro país ofrece hoy una linda oferta de destinos en materia de terroirs y hotelería. Mientras que son muchos los lugares atractivos, son pocos los destinos que proponen al viajero de las copas un rincón de lujos para el alma y el paladar. Destacamos tres locales, más una yapa oriental.

En los Valles Calchaquíes, destaca de lejos Grace Cafayate. Mientras que el hotel ofrece habitaciones con lindas vistas, las villas proponen casas lujosamente equipadas y algo retiradas, perfectas para el descanso. Reposar en las terrazas por la tarde después de recorrer las bodegas de la zona, copa de cabernet en mano y con la vista perdida entre viñedos y cerros, es una experiencia que le pone dulzor al alma.

Más al norte, en Molinos, la buena noticia es la reapertura de la Estancia Colomé como posada para el viajero del vino que busque soledad. Pequeña y acogedora, demorarse en la galería por la noche, después de una rica cena, abre el cielo a las profundidades de las estrellas que velan por las vides. Pero si de ver el cielo como nunca se trata, lo mejor está a unos pocos pasos, en el Museo de la Luz, con la última instalación montada allí por James Turrel: el Sky, que convierte lo colores del crepúsculo.

En Mendoza, el plato fuerte está en el Valle de Uco, donde Casa de Uco resulta un rincón de diseño y lujoso recogimiento. Dos imágenes valen más que mil palabras: la ventana lanzada hacia los cerros que se abre desde el bar y la última hora de la tarde, cuando el sol incendia las nubes sobre los cerros -algunos nevados- y uno reposa en la cama de la habitación, con todo el panorama desplegado como para uno, que bebe a gusto un malbec jugoso de la región. Eso, si el atardecer no lo encuentra volviendo de algunas de las muchas bodegas del valle que vale la pena visitar.

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