Enrique Sacco contó cómo fue su historia de amor con Débora Pérez Volpin

El periodista escribió un texto para la revista Gente en donde cuenta cómo fueron sus años en pareja con Pérez Volpin
El periodista escribió un texto para la revista Gente en donde cuenta cómo fueron sus años en pareja con Pérez Volpin Crédito: Archivo
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16 de febrero de 2018  • 10:30

A diez días de la muerte de su mujer, Débora Pérez Volpin , Enrique Sacco , quien desde el principio fue quien puso el cuerpo y habló en nombre de la familia sobre la investigación que está en curso para conocer las razones del fallecimiento de la periodista, decidió contar cómo fue la historia de amor que los unió. En un texto publicado en la revista Gente, Sacco narró los detalles de la primera cena que compartieron y habló del amor que siente por los hijos de ella y por su familia -a la que considera propia-. Además no ocultó en sus palabras el dolor por la pérdida de la mujer a quien define como "inmensa" y "compañera leal de cada momento".

La primera cita. "Comenzamos con un: '¿Cómo venís hoy? ¿Comemos tipo nueve?'. Nuestra primera cena fue mágica. Me enamoré desde ese primer encuentro. Me enamoré del todo, de su belleza –aquello que los ojos pueden ver–, y fundamentalmente de su estilo, de esa particular elegancia espiritual y conceptual que traspasa la imagen. Esa noche conversamos mucho. De casi todo: de sus hijos, de nuestros padres, la familia, los amigos, de nuestra profesión, de cine, e incluso, hasta de política". Sacco escribe también cómo los unió el amor por la ciudad de París, adonde viajaron en unas vacaciones que quedaron plasmadas en postales preciosas, que luego compartieron en Instagram. " Corrían los tiempos del estreno de Medianoche en París, la película de Woody Allen. Coincidimos en que estaba entre nuestros directores favoritos. Yo la había visto justo ese día, pero acordamos ir juntos al cine. Fue nuestra película emblemática. A los dos nos encanta esa ciudad (a mí me gusta su cielo gris y la lluvia, a ella no tanto), pero ese destino resumía muchas de nuestras preferencias importantes. Amamos viajar, y entonces, obvio, allí fuimos en nuestro primer paseo largo juntos: la Ciudad Luz, y también Londres. Un viaje que permitió conocernos profundamente en el día a día, con todo lo que una persona puede expresar y sentir. Disfrutamos de ambas ciudades".

La presentación a los padres, un hito. Según revela en el texto, pasó poco tiempo hasta que Débora decidió presentarle a sus padres y fue justo antes de emprender su primer viaje juntos: "A poco del retorno a Buenos Aires, recuerdo siempre esa linda escena en la puerta del hotel, esperando mi regreso de un partido de la Premier League (Fulham-Arsenal) para cenar juntos. Vestida de negro, pelo recogido, labios pintados y un par de pitadas al cigarrillo… El abrazo que nos dimos representó nuestro amor. Consolidaba el inicio de nuestra relación. El momento justo en que un hombre llega a la felicidad cuando siente que está con quien desea, sin importar el lugar. Para viajar conmigo me pidió presentarme a sus padres, Marta y Aurelio. Creo que era necesario que ellos me conocieran para estar tranquilos y por supuesto, opinar en la intimidad, como hacen todos los padres del mundo. ¡Qué linda cena! Aurelio –o Cucú para sus nietos– poseía un carisma especial. Y Marta, una escorpiana inteligente que lo dejaba conducir, aunque al final ella marcaba el ritmo. Cualquier similitud entre madre e hija, pura coincidencia. Honesta, inteligente, humilde, amable, simpática, independiente, y además bella. Me abrió las puertas de su corazón, confió en mí y me regaló lo mejor que una mujer puede dar: ¡AMOR, dos hermosos HIJOS del corazón, Agustín y Luna, y una gran FAMILIA! Ese legado es eterno".

El emotivo adios de Enrique Sacco, pareja de Débora Pérez Volpin

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Familia ensamblada. Débora tuvo dos hijos con su primer marido, el camarógrafo Marcelo Funes, Agustín y Luna. Cuando la periodista y Funes se separaron, lograron mantener una relación de armonía. Tanto, que luego se convirtieron en una gran familia ensamblada: Funes comenzó una relación con la periodista Melina Fleiderman, con quien tuvo dos hijos más, y todos juntos solían pasar reuniones familiares sin conflictos. Así contó Sacco cómo se convirtió en parte de la familia de Débora: "Nuestra primera partida familiar fue a Nueva York, Boston y Disney. Los chicos aman viajar y, siempre que pudimos, tratamos de cumplir sus deseos. Me integró después de tomarse su tiempo de madre, y, naturalmente, colocar las cosas en su lugar. Luego de esa salida juntos, me sentí en la mejor versión de mí mismo. Compartíamos el amor y se animó a entregarme la llave de su tesoro más sagrado: sus hijos. ¡Mis hijos del corazón! El tiempo fue transcurriendo con amor, paz y armonía, siempre. Naturalmente, me integré a esa grande y hermosa familia. Me hizo hijo de sus padres, hermano de sus hermanos –Alejandro, Sergio y Sol–, de sus compañeros –Ile, Barbie y Adolfo– y tío de sus sobrinos –Brenda, Megui, Emilia, Abril, Santi, Flor y Nico–. Amigo de sus amigas, principalmente Marisa, María y Fabiana, también Gaby, y de sus amigos y compañeros. Por mi parte integré a Yoli, mi mamá, y a mis amigos. Y compartimos la grandeza espiritual de considerar lo mejor para los chicos con Marcelo, el papá de Agus y Luni, su mujer Melina (Fleiderman), sus hijos y los padres de ambos. ¡Somos una familia unida!"

Siete años juntos. "Claro que con Débora también discutíamos… Más que discutir, debatíamos sobre nuestra profesión, la política y hasta sobre pequeñeces cotidianas, como nos sucedió aquella primera vez en un lugar de mucho frío. Estábamos comprando souvenires; ella quería hacer una cosa y yo otra. No nos pusimos de acuerdo y el momento se tensó. A los pocos minutos se detuvo en la caminata, me tomó de los hombros, me miró a los ojos con una sonrisa y me dijo casi cantando: '¡Souvenir, souvenir!'. Nos dimos un gran abrazo de amor. Así sellamos esa mínima diferencia, y de ahí en más, cada vez que lo necesitamos –muy pocas– utilizamos esa clave de paz y alegría.

Caminamos juntos por la vida casi siete años y lo hicimos a la par, plenamente a la par. Disfrutamos, reímos, lloramos, conversamos, viajamos, siempre juntos. Dimos lo mejor de nosotros para construir este profundo amor.

Compartimos el tiempo de egresados de los chicos, de la escuela primaria, luego del Colegio Nacional de Buenos Aires de Agustín, los 15 años de Luna, el crecimiento de los dos, cómo fueron evolucionando de niños a adolescentes, nuestras vacaciones en la misma casa de Cariló, los asados familiares en el quincho, las fiestas de Navidad y Fin de Año, los viajes, las cenas y nuestras interminables charlas de sobremesa. También nuestras preocupaciones o tristezas profundas, como el fallecimiento de Aurelio, su papá, sin duda la experiencia más fuerte que tuvimos que afrontar. Siempre lo hicimos en equipo.

En el mismo lugar de nuestra primera cena hablamos sobre su decisión de dedicarse a la política. Sabía que en algún momento lo iba a hacer. Siempre me había expresado esas ganas, y el ofrecimiento llegó antes de lo esperado. Una vez que lo analizamos, le dije: 'Si es tu deseo, hacelo… Nosotros te apoyamos en todo y nos adaptaremos a los cambios'. Rápidamente, con firmeza y convicción, tomó la decisión.

Así de intenso fue nuestro tiempo juntos. Imposible olvidarlo. Orgulloso y feliz de ser el compañero en la vida de Débora, excelente persona, gran profesional, de convicciones firmes e intransigentes, madre todo terreno, mujer inmensa, compañera leal de cada momento, dueña de una sonrisa especialmente brillante. Celebro por siempre nuestro amor inolvidable. Y como cada día antes de dormir con el beso de las buenas noches, va la frase de siempre: '¡Te amo, hermosa D!'".

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