La casa de papel: ¿Un suceso merecido o producto de las redes sociales?

Úrsula Corberó es "Tokio" en La casa de papel
Úrsula Corberó es "Tokio" en La casa de papel Crédito: Netflix
Esta serie tuvo una activa publicidad a través de Twitter pero, en definitiva, repite muchos clichés
Hernán Ferreiros
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17 de febrero de 2018  

Durante este verano se hizo imposible ingresar a un red social, en especial Twitter, y no cruzarse con alguna referencia a la serie policial española La casa de papel, que en diciembre estrenó Netflix para América Latina. Entre la avalancha de tuits que la recomendaban afiebradamente y, luego, los aún más numerosos, saturados por tanta recomendación (que generaron algunos memes, como el del alien que le insiste a Sigourney Weaver "tenés que ver La casa de papel, ¿cómo que todavía no la viste?, tenés que verla, etc."), este título recibió una publicidad impagable que seguramente llevó a muchos a averiguar qué había generado tanto comentario.

Por el funcionamiento de las redes sociales, hay una desconexión entre la importancia de un fenómeno y su viralización. La mayoría de los usuarios de Twitter no está interesada en expresar ideas propias o que considera importantes sino en obtener más seguidores, en hacerse más visibles, y una de las formas de lograrlo es hablar de lo que parece que todos están hablando. El contenido es irrelevante, lo importante es usar las palabras claves que harán que los tuits que las contengan aparezcan cada vez que alguien cliquee en ese "trending topic". Es un circuito cerrado que se alimenta a sí mismo. Así, el tuit copypasteado al infinito "Tenés que ver #lacasadepapel" es menos una recomendación o una evaluación estética que un reclamo de visibilidad. Las causas que inician esta reacción en cadena son múltiples, impredecibles. A veces basta con que algunas "tuitstars" (pagas o no) mencionen un tema. Su significado es también recursivo: que algo se vuelva viral solo significa que recibe muchas menciones, no que tenga una relevancia real previa a su viralización. Pero, así como el hecho de que mucha gente crea, aun sin razones objetivas, que existe la posibilidad de que se produzca una corrida bancaria puede, en efecto, provocar una corrida bancaria, a veces la viralización logra dar el salto y tener un efecto real en el offline. En un mundo en el que lo sólido se desvaneció, la apariencia tiene la fuerza de la realidad.

Lo que nos devuelve a La casa de papel. Sí, se volvió un fenómeno viral y esto quizás hizo que la viera mucha más gente de la que normalmente vería una serie española pero ¿significa que es más cautivante que otras que no se volvieron TT, que tiene algún atributo diferente? En principio, "diferente" no es un adjetivo que se pueda usar para describir este programa. Si bien los géneros narrativos existen por la aparición recurrente de ciertos tópicos (y este relato pertenece a un género muy codificado que en inglés tiene su nombre específico, " heist film" o "de atraco" en el español de la serie), aquí más que "tópicos" vemos la copia recurrente de ideas de otros: la escena en la que los personajes cambian sus nombres por países y discuten por cuál le toca a cada uno no podría existir sin la misma escena de Perros de la calle, en la que los personajes cambian sus nombres por colores; el conflicto entre la negociadora racional y los agentes especiales obtusos que solo quieren recuperar a los rehenes a los tiros es idéntico al de los mismos personajes en Duro de matar; el uso de los rehenes por los asaltantes es un calco de lo que sucede en El plan perfecto, y así se podría seguir. La casa de papel no es una serie sino una especie de greatest hits de películas de atracos (a su favor hay que decir que es uno muy competentemente realizado). Y quizás esto ofrezca alguna clave del por qué de su viralización: hay algo del funcionamiento de las redes sociales en su construcción impenitente basada en el "copiar y pegar", en la reproducción calcada de los que hicieron otros. Tal vez La casa de papel haya atraído en especial a la generación que está permanentemente online porque vive acostumbrada al regreso de lo mismo una y otra vez bajo la forma de la viralización y, por lo tanto, considera, como los chicos, que la vuelta de lo ya conocido es mucho más gratificante que la novedad.

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