Por los caminos de las dos Estambul

Iván de Pineda
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18 de febrero de 2018  

Las aguas del Bósforo, como ustedes saben, dividen a la ciudad de Estambul y la hace compartir dos continentes: Europa y Asia. La parte europea, sin lugar a duda, es la más conocida para aquellos visitantes que se quieren perder en sus avenidas y calles, que pretenden visitar algunos de los edificios y monumentos más importantes de esta urbe.

Ya hemos hablado de la importancia de esta ciudad a nivel cultural y las historias detrás de Hagia Sophia, la Mezquita Azul, la Torre de Galata y sus enormes palacios, como el Topkapi y el Dolmabahçe, ejemplos más que evidentes del poder de los sultanes otomanos.

También habrán escuchado hablar de la plaza Taksim, de la cual nace una de las arterias comerciales más importantes de la ciudad: Istiklal Caddesi, llena de gente, con sus tiendas y negocios, bares y confiterías y cautivantes ejemplos arquitectónicos de los más variados. Aquí se concentra gran parte de la vida de ocio en la ciudad, y no bien llegados se darán cuenta de por qué.

También en la parte europea se encuentran algunas de las zonas más exclusivas de la ciudad por diferentes razones. Una de ellas en Besiktas, de marcado estilo occidental y con distritos como el Nisantasi, lleno de exclusivas tiendas y uno de los lugares elegidos como morada de los expats (expatriados) que trabajan y viven en la ciudad.

La otra es Ortaköy, relacionada con el movimiento intelectual bohemio de Estambul y conocida también por su mercado callejero lleno de ofertas, que van desde los libros de segunda mano hasta joyas y todo tipo de antigüedades, donde seguramente necesitarás entrenar el ojo.

Dicho todo esto, ¿qué les parece si cruzamos a la parte asiática y recorremos un poco alguna de las zonas menos conocidas y que guardan agradables sorpresas?

Para eso haremos uso de algunos de los ferrys que cruzan el Bósforo y nos dirigiremos hacia el barrio de Uskudar, directamente enfrente de Eminonu y Galata.

Nuestra primera parada podrá ser la Torre de la Doncella, cuna de muchas e interesantes leyendas (bien vale la pena sentarse y escucharlas con el marco de la ciudad como decorado, ya que desde aquí se tiene una de las vistas más bonitas y a veces menos conocidas de la ciudad). Desde allí continuaremos nuestro camino para desembarcar ya en Anatolia o Asia Menor y comenzar a recorrer este populoso barrio estambuliota conocido en su momento como Scutari.

Aquí nos dejaremos llevar por sus mercados, sus parques, cementerios y simpáticas y pequeñas iglesias de las comunidades griegas y armenias. Respiraremos un aire más asiático y junto al claro estilo arquitectónico nos daremos realmente cuenta de que estamos en otro continente. Así, rumbeando lentamente, llegaremos a un enorme edificio, el famoso Cuarte Selimiye, que fue fundado como centro comercial y posteriormente sirvió como base militar.

En esta locación se encuentra un pequeño museo que vale la pena conocer, porque aquí se relata parte de la historia y las acciones de una verdadera pionera: Florence Nightingale, la Dama de la Vela.

Durante la Guerra de Crimea, escuchar las condiciones en la que se encontraban los soldados que habían sufrido heridas en la contienda, la conmovieron tanto que viajó junto a un grupo de enfemeras y se estableció en el hospital de campaña de lo cuarteles.

Realizó una tarea de excepción que sentó muchas de las bases de la enfermería moderna y se transformó en una figura icónica de la época victoriana; fue una importante reformadora social, escritora y la fuente de inspiración de Henry Dunant, creador de la Cruz Roja y la convención de Ginebra.

Y tan convencida estaba de lo que hacía que quizás uno de sus pensamientos nos resume sus ideas y acciones: "Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que hacemos nosotros de él".

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