Temer ordenó una inédita intervención militar en Río por la violencia

El ejército tomará el mando de la seguridad para contener el delito y los choques entre bandas narco
Alberto Armendáriz
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17 de febrero de 2018  

Un operativo militar, ayer, en Realengo, en el oeste de Río
Un operativo militar, ayer, en Realengo, en el oeste de Río Crédito: Pablo Jacobo/O Globo

RÍO DE JANEIRO.- En una medida sin precedente en tiempos democráticos, el presidente Michel Temer puso ayer bajo intervención militar el comando de la seguridad del estado de Río de Janeiro, con el objetivo de poner freno a la ola de criminalidad y violencia. Por el decreto, que tiene efecto inmediato pero debe ser ratificado por el Congreso en los próximos diez días, las fuerzas armadas asumirán al menos hasta fin de año la autoridad de las policías civil y militar del estado, así como del área de inteligencia y el sistema carcelario.

Temer: el crimen organizado

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"El crimen organizado casi tomó control del estado de Río de Janeiro. Es una metástasis que se expande por el país y amenaza la tranquilidad de nuestro pueblo", advirtió Temer en un mensaje en cadena nacional anoche desde el Palacio del Planalto.

"El gobierno dará respuestas duras, firmes y adoptará las providencias necesarias para derrotar al crimen organizado. No aceptaremos más pasivamente la muerte de inocentes", resaltó.

Temer ordena al ejército frenar el crimen organizado en Rio

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Aunque en el pasado las fuerzas armadas actuaron en varios estados -entre ellos, Río de Janeiro en diversas oportunidades-, hasta ahora siempre había sido en auxilio de las autoridades locales, en el marco de misiones específicas de "garantía de la ley y el orden".

Esta será la primera vez desde la aprobación de la Constitución de 1988 en que los militares asumen la gestión total de la seguridad pública de un estado.

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Para esta delicada tarea fue designado como interventor el general del ejército Walter Braga Netto, actual jefe del Comando Militar del Este, que estuvo a cargo de la seguridad durante los Juegos Olímpicos de 2016.

La intervención respondió a un pedido del gobernador de Río de Janeiro, Luiz Fernando Pezão, y se da luego de un fuerte recrudecimiento de la criminalidad y la violencia en el estado como consecuencia de la recesión económica general de Brasil en los últimos años (2015-2016) y del descalabro fiscal en las cuentas estaduales como consecuencia de la caída del precio del petróleo, una de sus principales fuentes de ingresos. La virtual bancarrota del estado llevó al atraso en el pago de sueldos a empleados públicos, entre ellos, los policías.

Las tres principales bandas de narcotráfico de Río -Comando Vermelho, Amigos dos Amigos y Terceiro Comando- y las milicias aprovecharon la situación para intentar reconquistar territorios en favelas que antes dominaban y de las que fueron expulsadas a partir del establecimiento de Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en las favelas, a fines de 2008.

El año pasado quedaron en evidencia los estragos ocasionados al proyecto de "pacificación" de Río por la crisis económica.

Según datos del Instituto de Seguridad Pública local, en 2017 los casos de muertes violentas en el estado tuvieron el mayor incremento desde 2009; hubo un alza del 7,5% en relación con 2016, con 6731 homicidios violentos, un promedio de 18 por día.

Todavía sin datos oficiales consolidados, en enero de este año se registró un número récord de 688 tiroteos en el popular aplicativo de la plataforma Fuego Cruzado.

Los conflictos armados también se duplicaron durante el último Carnaval, marcado por varios episodios de violencia, entre ellos, la muerte de tres policías militares, numerosos robos en las comparsas callejeras, asaltos a turistas y el saqueo de un supermercado, pese a que se desplegaron 17.000 efectivos policiales, un 43% más que en los festejos del año pasado.

La violencia llevó a que muchos cariocas cambiaran sus hábitos. En las grandes favelas Cidade de Deus y Rocinha -las más afectadas por los tiroteos- muchos comercios cerraron y hubo un éxodo de habitantes. Edificios residenciales en barrios acaudalados contrataron guardias privados.

Por temor a la amenaza de balas perdidas, las escuelas en toda la ciudad empezarán este año a usar uniformes que llevan grabado el grupo sanguíneo de los alumnos, para asistirlos de urgencia.

En zonas consideradas de riesgo, los radares de velocidad fueron apagados. Hasta las tradicionales escolas do samba terminaron sus ensayos más temprano para evitar que sus miembros anden de noche por las calles.

Según una encuesta de Datafolha de fines del año pasado, el 72% de los cariocas señaló que dejaría Río de Janeiro si pudiera.

Control total del ejército en la seguridad

Al mando

La intervención de Río -que regirá hasta fin de año, cuando concluya el mandato de Temer- supone que las fuerzas armadas asuman el control total de las operaciones de seguridad y comanden a los distintos cuerpos policiales y el sistema carcelario del estado

General

El interventor de las tropas será el general Walter Souza Braga Neto, comandante de la región militar del este

Carnaval

El desencadenante final de la intervención fueron los asaltos a mano armada y la inseguridad durante el último

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