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Los cancheros del BALTC y su trabajo invisible: más de 12 horas bajo el sol, pero con el disfrute de su oficio

La labor diaria de los cancheros en el Buenos Aires Lawn Tennis casi no otorga descansos
La labor diaria de los cancheros en el Buenos Aires Lawn Tennis casi no otorga descansos Crédito: Sergio Llamera
Olivia Díaz Ugalde
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17 de febrero de 2018  • 16:02

Hay trabajos que se ven reflejados en el sueldo, otros en medallas, luces y aplausos. Pero también están las labores silenciosas, esos oficios destinados a quedar entre sombras, los que nadie ve pero que son indispensables. Esa profesión de hormiga, constante y perfecta, que completa la tarea e impulsa el rendimiento de otros.

El mundo de la ATP persigue la perfección, desde las vestimentas de los tenistas hasta los segundos de un sponsor en televisión y las medidas de la cancha. Este grupo de trabajadores destinado al anonimato acapara mucha de las responsabilidades para que el show del tenis pueda continuar.

El clan de los cancheros refleja puro amor al trabajo. Son largas jornadas al rayo del sol, con tareas metódicas y pocas horas de sueño. Rastrillar, emparejar, regar y aplanar, si las condiciones climáticas acompañan. De lo contrario, habrá que barrer y rellenar con polvo para nivelar el terreno.

"Durante la semana del ATP de Buenos Aires los diez empleados nos quedamos a dormir en unos dormis dentro del club, porque a las 6.30 arranca nuestra jornada, que finaliza después del último partido", cuenta Walter, canchero y empleado del Buenos Aires Lawn Tennis desde hace 10 años. "Somos diez los encargados de las canchas, los mismos que durante el año trabajamos para el club, pero en la semana del torneo no hay turnos y estamos todos todo el tiempo".

Ellos conocen el club de manera puntillosa y las canchas son su obsesión. Saben cómo regarlas, la intensidad de las aplanadoras y hasta los gustos de ciertos jugadores del circuito, como Andrés Molteni y Andrea Collarini, que también son socios del club. "A Molto le gusta que se la reguemos después de cada set de entrenamiento", describe.

Pero también saben moverse dentro del mundo de elite, ya que cada año tenistas de todo el mundo visitan sus canchas y ellos saben cómo prepararles una mejor estadía. "Con los jugadores nos manejamos con señas. No sé inglés, pero con señas nos entendemos. Regá, más polvo, aplaná. En su mayoría son todos iguales y piden las mismas condiciones. Siempre hay alguno que les gusta que le rieguen la cancha constantemente durante el entrenamiento, entonces hay que hacerlo. Y hay otros que después de practicar saques piden un rastrillaje y aplanamiento. No hay muchas exigencias en general, pero están los que piden que salgamos de la cancha, otros que le saquemos las botellas de agua y no quede nada", resume.

"Una vez hace dos años, cuando Fabio Fognini concluyó el torneo nos mandó a todos los cancheros una remera. Es un grande, no te dejan por reglamento que les agarres la toalla cuando se entrenan. Pero cada vez que viene el italiano, cuando termina de entrenarse te la regala", rememora Walter, encargado durante esta realización del ATP porteño de las cuatro canchas de entrenamiento. "Molteni, como es del club, también siempre nos regala gorras o zapatillas; este año trajo 25 pares. Igual que Horacio Zeballos".

Para el renovado Argentina Open, el estadio Guillermo Vilas fue hecho a nuevo. Al igual que los desagües del estadio 2 y las canchas anexas, que tantos dolores de cabeza les dio en otras ediciones. Pero por suerte, el clima acompañó el desarrollo del torneo de este año y no hubo inconvenientes ni malabares que hacer con los otros courts. Igualmente, los drenajes ahora funcionan y las canchas no se inundan. Pero el agua desagota para la calle, en lugar de hacerlo hacia la cloaca, porque falta la instalación de la bomba correspondiente. El trabajo a contrarreloj fue uno de los motivos por los que no se llegó e hizo que los vecinos comenzaran a quejarse. Las canchas lucen perfectas y los jugadores las halagan, pero internamente todavía queda trabajo por efectuar. De todos modos, una vez concluido el torneo el club cerrará y se acondicionará para recibir los Juegos Olímpicos de la Juventud.

Su rutina es extenuante. Porque no sólo deben atender sus horarios en cancha y a los socios -porque la vida del club continúa- sino que también tienen que seguir el reglamento estipulado por la ATP: todas las mañanas, antes de la salida del sol, pide controlar las instalaciones a un fiscal de la ATP y a otra autoridad del club. Ellos revisan las condiciones de las canchas y del predio y abren un acta diaria que certifique que el club está en condiciones

El polvo de ladrillo se debe cambiar todos los días, de todas las canchas. Por eso tienen tres depósitos de polvo o 'polveras' como ellos las llaman. Uno al lado del court principal y los otros distribuidos por el club. Si el clima acompaña, se utiliza en una semana de torneo medio camión de ocho metros cúbicos ($ 12.000). Si es una semana de vientos o lluvias, el uso del polvo incrementa y se ha llegado a gastar el camión en su totalidad, o dos como ocurrió en el ATP de 2014.

Cuando hay partidos oficiales la cancha debe estar nueva. Polvo cambiado, rastrillado y aplanado. Además se debe pasar la lona y barrer los flejes en cada cambio de lado. Y cada vez que se termina de usar una de las canchas se debe repetir el procedimiento. Rastrillaje, pasar la lona, riego y aplanadora. Si hay tiempo, doble aplanado.

Los imprevistos suelen estar a la orden del día, por eso deben tener materiales de repuesto para todo -polvo, flejes, tornillos, redes y pinzas-. Una cancha utiliza diez kilos de tornillos que sujetan los flejes, que deben ser martillados al suelo y se tarda tres día en colocarlos. Pero frente a cualquier inconveniente o pedido del árbitro, si se debe cambiar se debe hacer al instante, o al día siguiente.

Vestidos todos uniformados, con sudor en su frente y cachetes colorados, el clan desenvaina su mejor sonrisa al momento de trabajar. Tratan de ignorar el calor y los intensos rayos de sol. En soledad, los encargados de las canchas con menor asistencia también disfrutan de su labor. Empapados en sudor no tienen problema en revelar los secretos de su oficio a LA NACION y entre risas describen su experiencia. Es un año positivo, el clima acompaña, y eso no fue menor. Su trabajo fue halagado y celebrado por los protagonistas, que siempre agradecidos, disfrutaron de los courts en su plenitud. En la final del domingo quieren concretar su obra.

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