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On Body and Soul: del realismo crudo a lo espiritual

Diego Batlle
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18 de febrero de 2018  

Nuestra opinión: muy buena. (Hungría/2017), de Ildikó Enyedi / Intérpretes: Géza Morcsányi, Alexandra Borbély, Zoltán Schneider / Duración: 116 minutos / Disponible en: Netflix

En 1989 la directora húngara Ildikó Enyedi ganó el premio consagratorio por antonomasia, la Cámara de Oro a la mejor ópera prima del Festival de Cannes, por Mi siglo XX. Sin embargo, después de semejante espaldarazo, filmó poco, de manera muy espaciada y sin conseguir la trascendencia que todos esperaban, aunque algunos títulos como Simón, el mago y Magic Hunter recorrieron un puñado de muestras importantes.

Tuvieron que pasar casi tres décadas para que Enyedi regresara a los primeros planos y vaya si lo hizo: a los 62 años arrasó con su más reciente largometraje, On Body and Soul ( En cuerpo y alma), con los premios de la Berlinale 2017 (se quedó con el Oso de Oro a la mejor película, con el premio de la crítica Fipresci y con el del jurado ecuménico) y actualmente es una de las cinco nominadas al Oscar al Mejor Film en idioma no inglés. Mientras su directora espera hasta el domingo 4 de marzo para saber si se lleva la estatuilla de la Academia de Hollywood (sus rivales son de Chile, Líbano, Suecia y Rusia), On Body and Soul ya está disponible en Netflix.

Ambientada en un matadero de vacas (hay imágenes con el suelo cubierto de sangre o de algún animal muerto, pero ninguna demasiado explícita), On Body and Soul tiene como protagonistas a dos auténticos antihéroes, dos seres con serias dificultades de comunicación, dos almas en pena, verdaderos freaks que por momentos parecen robots antes que personas: por un lado está Endre (Géza Morcsányi), uno de los responsables de la administración del lugar que incluso tiene uno de los brazos incapacitados; y, por otro, Mária (Alexandra Borbély, ganadora del premio a mejor actriz en los European Film Awards por este trabajo), la nueva supervisora de la calidad del ganado.

A partir del robo de unas potentes drogas que se utilizan con los animales, de la posterior investigación policial y sobre todo de la participación de una incisiva psicóloga, esta descubre que Endre y Mária tienen sueños muy similares con ciervos que deambulan por praderas nevadas. A partir de entonces, aun con sus dificultades para liberarse de los traumas y neurosis que los acechan (son muy divertidos los esfuerzos de Mária por descubrir maneras íntimas para erotizarse), intentarán distintas formas de conexión emocional.

La película va del realismo crudo del frigorífico a lo espiritual y lo onírico con absoluta convicción, demostrando la ductilidad de Enyedi para construir climas muy diversos, siempre con una elegancia formal y una capacidad para el detalle no demasiado frecuentes en el cine contemporáneo. Ella y sus dos intérpretes protagónicos conforman el triángulo perfecto para esta sensible, audaz y algo deforme (sin connotaciones negativas) película que -para sorpresa de muchos- se puede descubrir y disfrutar en Netflix.

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