Coraje, atrevimiento y carácter, tres cualidades para distinguir un gran equipo en cualquier lugar del mundo

Una secuencia de Real Madrid-PSG, partido de ida de los octavos de final de la Champions League
18 de febrero de 2018  

En Europa, los grandes equipos suelen estar compuestos por once cracks. En la Argentina, y en Sudamérica en general, tenemos otro contexto. No abundan ese tipo de jugadores pero sí los muy buenos futbolistas que, si se ven potenciados por la idea del entrenador, alcanzan a reunir virtudes muy parecidas y buenos rendimientos.

Pero existe un punto de conexión entre esos grandes equipos -insisto, cada uno en su ámbito-, cuando llega una final, un encuentro definitorio o una eliminatoria clave. Los une un cable por el que circulan cualidades como el coraje, el atrevimiento y el carácter.

El Real Madrid ha naturalizado estos condimentos a través de años de pelear y ganar títulos. Independiente, a su vez, parece haberlos recuperado después de muchísimo tiempo. No se trata de dos clubes del montón: ambos tienen historia, están impregnados de mística.

La palabra "final" es un jarabe que no siempre impulsa a sacar ese espíritu amateur que los futbolistas llevamos dentro. La tensión es muy grande cuando uno sabe que se juega todo en uno o dos partidos y en esos momentos lo único que se puede asegurar es el esfuerzo, que además queda bien. Salva la reputación y en tiempos en los que el sudor es más importante que el talento elimina la posibilidad del reproche. Por eso, la frase instalada para ese tipo de partidos es: "El esfuerzo no se negocia". Yo creo que lo innegociable es la valentía para jugar sin complejos.

Real Madrid llegaba muy golpeado a su duelo de Champions League contra el París Saint Germain, pero sin embargo no era descabellado pensar que pudiera ganar. Por su habilidad eterna para moverse en los momentos límite y porque cuenta con jugadores curtidos, conocedores de las dificultades de la competencia. Pero sobre todo, porque al club la música tan especial de la Champions parece llegarle a las entrañas y le hace sentir que ese es su lugar.

Al Independiente actual le ocurre algo semejante. Por supuesto que puede perder y tener una mala noche, pero es casi imposible que sea un equipo futbolísticamente pasivo y apático, mucho menos en circunstancias decisivas. A veces descuida los detalles -que en eliminatorias cortas tienen efectos muy crueles-, pero su atrevimiento es indiscutible y lo empuja a saltar por encima de las dificultades y hasta de sus propios errores.

Independiente transmite hoy energía de adentro hacia afuera y por ahí se explica la correspondencia con su público, que se siente representado como hace muchos años no sucedía. Esa comunión es sin duda un gran mérito del entrenador Holan y de los jugadores.

La calma de Zidane

La valía que demostró el Real Madrid va por otro lado. La eliminación en la Copa del Rey y la distancia respecto al Barcelona en la Liga habían provocado serios cuestionamientos hacia el técnico, Zinedine Zidane, por su aparente inmovilismo para enfrentar la crisis. Sin embargo, pese a que en esas situaciones la gente pide modificaciones profundas, no necesariamente las soluciones se encuentran de ese modo.

Para un futbolista mirar al entrenador y ver que no se vuelve loco es muy positivo. Por querer hacer una revolución, un técnico puede acabar confundiéndose y lograr que de ese modo su equipo pierda sus rasgos de identidad. Suele ser mejor volver a las fuentes, detectar qué es lo que se hace mal y casi con los mismos jugadores buscar la solución desde la estabilidad. Cuando un técnico entra en la dinámica de cambiar y cambiar se va alejando de lo hecho previamente, y el futbolista cae en el desconcierto de no reconocer a su entrenador.

En el Bernabéu, Zidane además supo leer lo que su equipo necesitaba: no sintió temor de quitar a Casemiro, su volante más defensivo, e incorporar a Lucas Vázquez y Asensio para ganar fluidez por afuera. En Avellaneda, el Rojo puso voluntad y entrega para intentar compensar la inferioridad numérica.

Ambas llaves están abiertas porque ni el PSG ni Gremio son rivales sencillos. Uno tiene grandísimos jugadores, aunque no siempre se coordinen bien; el otro, con menor calidad, sabe perfectamente a qué quiere jugar.

No poseen, es cierto, esos intangibles que por ejemplo comparten Independiente y Real Madrid y que en días claves también suelen salir a la cancha. La historia y la mística que ningún magnate puede comprar de un día para otro, por ejemplo.