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El debate de las armas en EE.UU.

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20 de febrero de 2018  

Cada vez que una masacre como la ocurrida en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas High School de Parkland, Florida, enluta al pueblo estadounidense, vuelve a instalarse el debate sobre la regulación de la venta de armas de fuego y sobre el fracaso de las autoridades y la comunidad educativa para advertir las señales de alerta.

Esta vez fue un joven de 19 años, Nikolaz Cruz, quien ingresó con un rifle a la escuela de la cual había sido expulsado por indisciplina y disparó contra varios jóvenes, dejando un saldo de 17 muertos y 15 heridos. El asesino, quien fue capturado después de la masacre, es una persona con un desequilibrio emocional importante. El día del atentado ingresó en el colegio con un rifle AR-15 -que había comprado legalmente- dentro de un bolso y sin que nadie detuviera su paso.

Resulta sorprendente que al referirse al dramático suceso el presidente Donald Trump durante los primeros días solo haya solicitado mayor compromiso de las autoridades locales para asegurar las escuelas y atacar el problema de salud mental de algunos jóvenes, sin haber mencionado la necesidad de controlar el acceso a las armas que tan libremente tiene la sociedad estadounidense. Esto es así debido a la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana, que protege el derecho a poseer y portar armas.

No caben dudas de que los desórdenes psicológicos y emocionales juegan un papel determinante, pero la proliferación de armas que existe en Estados Unidos es también preocupante. Finalmente, ayer, el presidente Trump pareció rever en parte su postura y ofreció su apoyo a un proyecto de control de armas. Es sabido que la facilidad para acceder al armamento la defiende a ultranza la poderosa Asociación Nacional del Rifle.

Como hemos señalado en esta columna, la violencia desatada en los Estados Unidos por personas armadas y con evidentes signos de trastornos mentales debe instar al gobierno y a los legisladores estadounidenses a adoptar aquellas medidas que limiten en serio el acceso a las armas de la población civil. Es de esperar que esta nueva tragedia, que se suma a muchas otras, permita abrir nuevamente el debate sobre esta problemática sin que la presión de los fabricantes de armas y de la Asociación Nacional del Rifle prevalezca sobre los intereses, la tranquilidad y la seguridad de la sociedad estadounidense.

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