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Universidades que sobreviven

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21 de febrero de 2018  

El Nacional, Venezuela.- La impuntualidad del régimen en la entrega de los recursos para la cancelación de los sueldos de los profesores y de los empleados administrativos, para el pago de las becas estudiantiles y para la atención de servicios fundamentales, como bibliotecas y comedores, tiende un cerco que está a punto de conducir a la asfixia institucional.

Es un milagro que, en medio de tales situaciones de desidia, las casas de estudios no hayan cerrado sus puertas. El milagro se debe, en primer lugar, a la constancia de los equipos rectorales, al elenco de decanos y a la asiduidad del cuerpo profesoral. Apoyados por los empleados administrativos, están en sus lugares de trabajo para que no se paralicen funciones fundamentales.

Pero conviene también destacar la actitud responsable de los estudiantes que no solo asisten a las aulas y realizan centenares de actividades de extensión y diversión, sino que también se ocupan de colaborar. Hacen colectas para comprar lámparas para iluminar aulas y pasillos, o procurar el papel higiénico que se necesita en los servicios sanitarios. Además, forman patrullas de vigilancia ante el crecimiento de las actividades delictivas. Por eso, no cierran las universidades autónomas. Por eso, la dictadura no las puede clausurar, como es su deseo. Los habitantes de las altas casas, las criaturas que se aferran a su cobijo, convertidos en conserjes y en vigilantes, las mantienen con vida.

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