Rupturas 2018: La moda espectáculo

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
Una creación de Giambattista Valli durante la semana de la haute couture de París
Una creación de Giambattista Valli durante la semana de la haute couture de París Crédito: AFP
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25 de febrero de 2018  

Febrero es un mes de alertas permanentes en mi calendario de observador de la moda internacional. Desfilan en enero, en un revuelo de colores, las colecciones Hombre, y tras ellas la alta costura. Acto seguido, en las cuatro capitales del negocio del vestido transcurre, sin pausa casi del 5 al 27, un festival frenético: el circo, no romano sino neoyorquino, londinense, milanés y parisino de las Fashion Weeks de colecciones de ready to wear/ prêt-à-porter.

No he visto estas últimas, dado que escribo con un mes de anticipo. Y si bien creo poder adivinar globalmente lo que vendrá, no corresponde que esta página se vuelque a la videncia. Lo nuestro es la moda, que aunque previsible, nunca deja de depararnos sorpresas.

Así, en enero, al borde de la semana de la haute couture de París, momento de suma expectativa mediática, el poderoso grupo LVMH anunció, y fue un trueno, el nombramiento de Hedi Slimane (ex Saint Laurent, ex Dior Homme) como director artístico, director creativo y director de imagen de la casa Céline.

Inédito y aparatoso, el título explicita los plenos poderes concedidos al diseñador y deja prever un giro copernicano para la marca: la inglesa Phoebe Philo la había identificado con una mujer profesional, de mente abierta, amante de la cultura y de la ropa que expresa una diferencia sin llegar a la excentricidad. Slimane en cambio hasta ahora ha vestido a una chica rock y pop, que sale mucho y vuelve tarde, con prendas divertidas y vistosas, tal como la fórmula petulante de la minifalda con campera motoquera, en una atmósfera zarpada.

La nueva Céline de Slimane debutará en septiembre, esperadísima aunque posiblemente melliza de ese Saint Laurent que él dejó en abril de 2016. Slimane (parisino, 49 años) se sitúa entre quienes mejor representan el modo de hacer moda de las grandes marcas, un modo que yo suelo definir como la teatralidad terminal de la moda oficial.

Allí, en el vértice de la pirámide del consumismo, los signos distintivos son un lujo muy aparente. En ese limbo, una clientela (negociada) de stars lucen las prendas más llamativas -barrocas, excesivas, todo menos funcionales- que hayan podido concebir lxs directorxs artísticos, a esta altura no menos famosxs que lxs encumbradxs usuarixs de sus suntuosidades. Se acostumbra mucho también actualizar piezas clásicas o de origen hollywoodiano con encontronazos de colores, inspiraciones japonesas y alusiones belgas, y aturdidas audacias eróticas que quizá el movimiento #MeToo vuelva démodées.

La comunicación permanente de toda actividad relacionada a la marca es el segundo elemento constitutivo de su identidad: existen porque están en los medios y, en particular, en las redes. La transmisión de ítems es incesante, transportada al instante por decenas de miles de seguidorxs que se van multiplicando. Siempre que haya un registro fotográfico, una referencia estética que copiar o criticar, cualquier noticia es válida, de la inauguración de una boutique en Hong Kong a la barba que se deja crecer Karl Lagerfeld. En ciertos casos, pongamos la modelo embarazada sorprendida como una chica cualquiera con un conjunto casual y práctico pero, por supuesto, debidamente etiquetado con marca y precio en epígrafe, se puede llegar a millones de reproducciones.

Las prendas están concebidas prioritariamente para dejar su marca en cada receptor visual, en los monumentales afiches electrónicos compuestos de una infinidad de pantallas LED, en la pequeña ventana cuadrangular del celular, y en la memoria de la persona cuya mano sostiene el aparato, ya que al final de la larga cadena hay gente, con sus deseos y frustraciones, sus inseguridades y sus goces, que a todo este despliegue accederá, en su mayoría y como mucho, a través de un frasco de perfume.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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