Las guerras secretas de Macri

Damián Nabot
Damián Nabot LA NACION
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23 de febrero de 2018  • 00:22

Los calabreses tienen un proverbio: las peras maduras caen solas; una apología de la paciencia en el terruño de la vendetta, en los confines soleados de Italia donde partieron los ancestros de Mauricio Macri. Sin certezas sobre las enseñanzas de Franco con respecto a los proverbios de su tierra, la forma como el Presidente persigue hasta el final sus batallas personales con quienes cree que tramaron en su contra muestra una aplicación rigurosa de la doctrina calabresa.

Los testigos del propio Gobierno se sorprendieron como, desde sus lugares de descanso estival, Mauricio Macri se preocupó por los abusos del Colegio de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires en materia de designación de personal. El millar de empleados del organismo porteño era un exceso imposible de justificar, pero resultaba una asunto de limitado alcance municipal frente a los contratiempos que aparecen en el horizonte presidencial, como la persistencia de la inflación, el aumento del déficit y las dificultades de la Argentina para ampliar sus exportaciones. Al buscar una explicación por el repentino interés de Macri por el desorden del Colegio de la Magistratura, los conocedores de la trama señalan como destinatario principal de la obstinación presidencial al operador peronista Juan Manuel Olmos, un sagaz tejedor en las sombras de favores judiciales y responsable de gran parte de las capas geológicas de personal que pueblan el organismo.

Olmos quedó en la mira presidencial cuando intercedió en favor del sindicalista de los porteros Víctor Santa María, uno de los principales anotados en la lista calabresa. De influyente llegada en el juzgado de Claudio Bonadio, donde precisamente duermen los informes de la Unidad de Información Financiera (UIF) sobre las cuentas en el exterior que se le atribuyen a la familia de Santa María, Olmos capturó la atención del círculo judicial de la Casa Rosada y de repente, con el escándalo del Colegio de la Magistratura, el operador peronista reapareció bajo una luz pública que preferiría evitar, como los vampiros al sol.

A la sensibilidad presidencial poco le importó que Olmos tuviera una sociedad política con Daniel "El Tano" Angelici y ni siquiera que las esquirlas del altercado golpearan también contra Horacio Rodríguez Larreta, quien es en definitiva el principal responsable político del organismo porteño. ¿Fueron víctimas accidentales o intencionales? Rodríguez Larreta, asocian los memoriosos, figura entre los principales aliados políticos de Santa María, con quien tejió acuerdos provechosos en la Legislatura porteña. Nada parece casual.

El Gobierno, a través de la UIF, presentó en julio pasado una denuncia contra Santa María por presunto lavado de activos en torno al gremio y lo vinculó a una cuenta en Suiza. La unidad sumó luego dos informes más. Y la diputada oficialista Graciela Ocaña acercó más información. Pero la causa sigue sin desperezarse.

La nueva andanada de metralla sorprendió a Santa María, quien creyó que había logrado una promesa de tregua de parte de Gustavo Arribas, el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).

Son tiempos difíciles para lograr garantías en Comodoro Py. Los jueces federales se desmembraron como las cuentas de un collar roto y cada cual atiende su juego. Sólo unos pocos esperan que, a pesar del mal clima y los bandos enfrentados, se cumplan los augurios de sus abogados, como ocurre con los empresarios detenidos Cristóbal López y Fabián De Sousa, exdueños del grupo Indalo. Su expectativa está centrada en el próximo fallo de la Sala I de la Cámara Federal porteña, a donde recurrieron para apelar sus detenciones. La sala excarceló a Amado Boudou. Pero la semana pasada, Casación ratificó la prisión del ex secretario Legal y Técnico del kirchnerismo Carlos Zannini, detenido por el encubrimiento de los iraníes sospechados de volar la Amia. Son tiempos difíciles para criterios comunes. Así y todo, López y De Sousa quieren creer en aquellos que les presagian noticias de libertad. Se esperanzan con que las peras también maduren a su favor.

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