Sigue leal a la Tradición

Veloz, ágil y maniobrable, el Porsche 718 Cayman S rinde culto a la herencia deportivade la marca con su potente motor central bóxer de 4 cilindros
Gabriel Tomich
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24 de febrero de 2018  

Líneas inconfundibles para el Porsche 718 Cayman S
Líneas inconfundibles para el Porsche 718 Cayman S

Fiel a la herencia. Si hay algo que caracteriza a Porsche como marca es que siempre se mantiene leal a su tradición de construir autos con esencia y prestaciones deportivas. Pero, lo mejor de esa lealtad es bautizar a sus actuales modelos mientras rinde homenaje a sus viejas glorias.

Entre 1957 y 1962, Porsche fabricó uno de sus primeros modelos para las carreras de autos sport: el 718 RSK, (por RennSport Kurz, algo así como "para competición corto"), que debutó en las 24 Horas de Le Mans de 1957 a manos de Umberto Maglioli y Edgar Barth, abandonando por un accidente en la vuelta 129. Pero en 1958, un 718 RSK de fábrica fue tercero absoluto en las 12 H de Sebring (y cómodo primero en su clase de 2.0 L), segundo en la mítica Targa Florio, e hizo un 3-4-5 en las 24 H de Le Mans. En 1959, el 718 RSK del mismo Edgar Barth y Wolfgang Seidel se llevó el triunfo absoluto en la Targa Florio.

¿Por qué tanta historia? Porque el 718 RSK era un pequeño biplaza que tenía una característica que lo distinguía: su motor central de 4 cilindros opuestos o bóxer (el original fue el Type 547/3 1.5 L de 142 HP), lo que le otorgaba una distribución de pesos excelente y un centro de gravedad muy bajo, lo que resulta ideal para encontrar un comportamiento dinámico muy balanceado. Además, lo que no tenía de potencia lo compensaba con un peso de sólo 570 kg; así, con una relación peso/potencia de 4 kg/HP y tracción trasera, el 718 RSK resultaba muy ágil y maniobrable.

En 1996, la marca de Stuttgart lanzó su descapotable biplaza Boxster (internamente, Tipo 986) con motor central de 6 cilindros bóxer 2.5 L, que luego, en 2000, subió de cilindrada a 2.7 L en la versión estándar y a 3.2 L en la S. En 2005, Porsche presentó el nuevo Boxster (987), y en 2006, el Cayman, la versión coupé fastback de su deportivo compacto.

Veinte años después, en 2016, cuando Porsche lanzó la cuarta y última generación de la familia Cayman/Boxster había una gran sorpresa: los motores bóxer aspirados de 6 cilindros fueron reemplazados por un flamante propulsor de 4 cilindros -obviamente bóxer-, pero con turbocompresor. En Stuttgart bucearon en su historia y este motor abrió la puerta para la nueva denominación: 718 Cayman y 718 Boxster, en honor a aquellos gloriosos 718 RSK de los 50 con su motor "flat-four" central.

Pura raza

Y aquí estamos, con el Porsche 718 Cayman S, la versión más deportiva de la coupé y con todos los opcionales que ofrece el modelo (suspensiones deportivas, llantas de 20", asistente de estacionamiento con cámara, paquete Sport Chrono para modificar la respuesta de las suspensiones, el motor y la transmisión, y varios más). Como marca la tradición, el Cayman es un deportivo de raza: líneas que recuerdan a su hermano mayor 911, exquisitas, fluidas, aerodinámicas y bien bajas. Tanto que ascender y descender del habitáculo no es tarea sencilla, porque la butaca está muy cerca del piso (al fin y al cabo, como en un auto de carreras) y no hay demasiado espacio: es un biplaza puro.

Una vez sentado, la posición de manejo es confortable, porque la butaca eléctrica tiene 14 ajustes (opcional) y se puede configurar a gusto, siempre en tono deportivo, que también marca el diseño del tablero (muy claro, con mucha información y de fácil lectura), la consola central, la selectora de la transmisión y el volante multifunción. Todo muy funcional y, obviamente, con materiales y terminaciones lujosas; amén de un equipamiento con todo lo necesario.

Como sus ancestros de los '50, el 718 Cayman S es un vehículo veloz, ágil y explosivo. No es para menos con su motor naftero bóxer con inyección directa y turbo, que desarrolla 350 CV a 6500 rpm de potencia y un par de 42,8 kgm entre 1900 y 4500 vueltas, en sintonía con una caja de velocidades de automática de doble embrague PDK de 7 marchas, muy rápida y eficiente (más que el conductor). Así, acelera de 0 a 100 km/h en 4,5 s; de 0 a 400 m en 12,2 s y de 80 a 120 km/h en 2,5 s en el modo Normal, con rodado delantero 235/35 R20" y trasero 265/35 R20" (opcionales). También tiene los programas (se seleccionan con un dial en el volante) para mayores prestaciones Sport y Sport+ (que desconecta el control de estabilidad para circuitos y sólo conductores expertos). El consumo depende mucho de cómo se maneje: siendo muy suaves, en ciudad no bajaremos de los 13,1 L/100 km (cuenta con sistema Start&Stop) y en ruta a 120 km/h rinde unos buenos 8,7 L/100 km. La velocidad máxima declarada es de 285 km/h.

Como se dijo, la dinámica es digna de un auto de competición. Dobla y frena en forma excepcional (mantiene la trayectoria como un tren); pero, el bajísimo despeje nos hará "sufrir" en las profundas cunetas y desniveles de nuestras calles: hay que pasar muy despacio y en diagonal en muchas de ellas. El precio base es de US$ 175.000, pero con todos los opcionales trepa a US$ 224.000. Claro está: es un Porsche. Y está todo dicho.

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