Reveco, con el valor de una gran escuela

Osvaldo Príncipi
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23 de febrero de 2018  

El mendocino Juan Carlos Reveco tiene 34 años y un sinfín de batallas en su cuerpo trajinado, de 51 kg. Esto en boxeo tiene un significado terminal para la mayoría de los peleadores; sin embargo, reserva una excepción para su caso, fundamentado en la sobresaliente formación boxística con la cual egresó de los gimnasios de su provincia.

A modo de último cultor de las técnicas cuyanas ejercitadas por maestros como Carlos Suárez, Paco Bermúdez, Diego Corrientes y Héctor Mora, gestores de púgiles de altísimo vuelo -casi artístico- que enamoraron al público del Luna Park, como muy pocos pudieron hacerlo: Pascual Pérez, Cirilo Gil, Nicolino Locche, Gustavo Ballas, Jorge Ahumada, Hugo Corro, Mario Ortiz y Pablo Chacón, entre tantos.

Reveco pertenece a ese movimiento y a esa gallardía. Fue bicampeón mundial en el siglo XXI pero hubiese sobrevivido - tranquilamente- ante los mejores de hace cuarenta años. Y todas estas comparaciones, a veces odiosas y a veces brillantes, lo proyectan con una luz de esperanza para afrontar su última oportunidad tras 14 años de profesionalismo y dieciséis peleas mundialistas efectuadas por los títulos minimosca (AMB) y mosca (AMB), que tuvo en su poder .

Mañana, en Los Ángeles, (con televisación de la señal Space y TyC Sports) jugará su gran carta decisiva ante el tricampeón mundial filipino Donnie Nietes, de 35 años, tan batallado y sufrido como él. Arriba y abajo del ring. El oriental, titular mosca (FIB), atraviesa por su mejor etapa, aunque no disimula su desgaste corporal basado en quince años de labor y un récord excepcional de 40 victorias, un revés y 4 empates. No tiene pegada de knock out y deja parte de sí mismo en cada una de sus contiendas.

Reveco deberá boxear aprovechando todo su bagaje y toda su riqueza. Tendrá que hacerlo a su manera, diferenciándose del monótono sistema combativo de estos días, fomentado por el "¡siga!, ¡tire!, ¡insista!", de los hombres del rincón. Necesitará imponer los efectivos principios de la escuela mendocina: "De menos a más" y su quirúrgico gancho de izquierda. Requerirá también de estrategia y talento desde el rincón, misión que asumirá el profesor Cuello, su entrenador, de escasa experiencia.

¿Por qué Reveco garantiza algo más que otros boxeadores argentinos? Tiene una gran sabiduría y un mejor recorrido. Nunca se achicó en escenarios calientes como Francia, México y Japón. Peleó de igual a igual con sus únicos dos vencedores: Brahim Asloum y Kazuto Ioka, que lo batieron en fallos localistas. Recién en el desquite, Ioka justificó su condición de campeón.

El mediocre manejo de su carrera le secó el alma en un momento y mató en vida a Reveco. Resurgió en su último combate, donde peleó mucho y boxeó poco, ante el tailandés Komgrich Nantapech, alimentando así algunas esperanzas. Supo sufrir de pibe, cosechando papas en las heladas mañanas de Malargüe y siempre fue una persona correcta y educada; luchó con las cejas rotas y sus golpes al cuerpo lo ayudaron al cambiar el rumbo. Sabe cómo enfrentar la adversidad y cómo doblegarla.

Juan Carlos Reveco deberá aferrarse a la vieja destreza mendocina y a sus movimientos naturales. Es una buena receta para anular a un asiático. Esa misma que alguna vez, hace casi cincuenta años, utilizó Nicolino Locche para borrar del ring a un tal Paul Fujii.

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