Tras la final perdida, la cargada agenda de Independiente no ofrece lugar para el dolor

"Dimos todo, no se pudo", fue el mensaje de Holan
"Dimos todo, no se pudo", fue el mensaje de Holan Fuente: AP
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23 de febrero de 2018  • 00:07

Independiente tiene por delante un desafío mayúsculo. Luego de la derrota por penales ante Gremio, en la Recopa Sudamericana, con una actuación que será recordada por lo cerca que estuvo de la hazaña, el Rojo necesita dar vuelta la página a contrarreloj para ocuparse de un calendario cargado de compromisos. Pasado mañana, cuatro días después del choque en Brasil, recibirá a Banfield por la Superliga , un certamen en el que busca hacerse fuerte. El jueves de la semana que viene, en Barquisimeto, Venezuela, tendrá su primer partido en la Copa Libertadores 2018: deberá viajar 7500 kilómetros para enfrentarse a Deportivo Lara. El lunes 5 de marzo irá a San Juan, donde lo espera San Martín. No tiene tiempo para lamentos.

El que necesitaba descargar su dolor era Martín Benítez. El futbolista de 23 años, que erró el último penal de la serie con Gremio, publicó en su cuenta de Instagram una carta acompañada de una foto en la que está abrazado a su hija. Benítez, que durante los últimos meses había mejorado considerablemente su rendimiento, no pudo convertir el quinto disparo. "Soy el que más soñaba con traer la Copa a Argentina. Lo único que quiero decirles es que no me guardé nada en estas dos finales. Dios es fiel y siempre lo va a ser", dice en un fragmento. Y agrega: "Ver cómo dimos todo y que no nos guardamos nada de nada también me llena de ganas de seguir".

El desgaste que hizo Independiente en el Arena do Gremio dejó a los futbolistas agotados. El domingo ya deberán estar recuperados. No sólo físicamente, sino también desde el aspecto mental. "Perdimos de pie, dimos todo", dijo Nicolás Domingo, uno de los mejores. Fue una derrota que duele por la instancia, pero no por la manera: con diez futbolistas durante casi el 70 por ciento de la serie, la resistencia ante el último campeón de la Copa Libertadores alcanzó niveles electrizantes.

El reloj se acercaba a las tres de la madrugada de ayer cuando la delegación del Rojo dejó el hotel Deville Prime para irse al aeropuerto internacional Salgado Filho de Porto Alegre, en donde un vuelo privado esperaba para conectarlos con Buenos Aires. Habían pasado poco más de dos horas de la caída y el dolor era evidente. Unos 150 hinchas que estaban hospedados en el lugar despidieron al plantel con aplausos. Holan, el último en hacer el check-out, fue ovacionado. El entrenador, ante semejante muestra de afecto, al borde de la emoción, se tomó el pecho a la altura del corazón, en forma de agradecimiento, y susurró: "Dimos todo, no se pudo".

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