La playa y los best sellers suavizaron la caída en las ventas de libros

En José Ignacio, Uruguay, Lola de San Isidro lee "El mundo de Sofía", de Jostein Gaarder
En José Ignacio, Uruguay, Lola de San Isidro lee "El mundo de Sofía", de Jostein Gaarder Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima
Daniel Gigena
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26 de febrero de 2018  

Si bien la caída en la venta de libros no se detiene, en verano esa tendencia se suavizó gracias a ciertas promociones, al éxito sostenido de algunos best sellers publicados en 2017 y al mayor tiempo disponible de los lectores. Desde la Cámara Argentina del Libro (CAL), que prepara el informe anual que dará a conocer en los próximos días, se informó a LA NACION que las editoriales y librerías asociadas a la CAL habían reportado "comentarios desalentadores" sobre la performance veraniega.

Según datos de los dos grandes jugadores del Sector Editorial Comercial (SEC), las ventas crecieron respecto del verano de 2017 apenas un 8% en ejemplares. Si la comparación se realiza en términos de recaudación, el porcentaje arroja un índice negativo, porque el año pasado la inflación notificada por el Indec rozó un preocupante 25%. Para obtener ganancias en el verano, las ventas tendrían que haber superado ese porcentaje. Pero estuvieron lejos de eso.

Sé lo que leíste en el verano pasado

En Penguin Random House, los títulos que sostuvieron un buen nivel de ventas no fueron de ficción. Uno está firmado por Isela Costantini. En Un líder en vos (Sudamericana), la autora afirma que todos podemos ser líderes. El otro es La dieta del metabolismo acelerado (Grijalbo), de Haylie Pomroy, que se hizo famoso en el país cuando la productora y periodista Malena Guinzurg contó que la había ayudado para lograr un cambio radical en su figura. Del lado de la ficción, también las mujeres ganaron la partida veraniega. Las recientes novelas de Gloria Casañas, Florencia Bonelli, Claudia Piñeiro e Isabel Allende estuvieron entre las más solicitadas.

Las ventas en ejemplares en el Grupo Planeta también crecieron levemente respecto del verano anterior. En el caso de ese grupo editorial, la ficción aportó dividendos. Tanto La herida (Planeta), de Jorge Fernández Díaz, (Emecé), de Viviana Rivero, y Patria (Tusquets), de Fernando Aramburu, se impusieron entre los lectores. Como su principal competidor, Planeta dio en el clavo al publicar un libro relativo a la alimentación y los cambios de hábito para alcanzar el cuerpo ideal. Nutrición holística, de Florencia Dafne Raele, tuvo un buen nivel de ventas, igual que el último título de Pilar Sordo, Educar para sentir, sentir para educar (Planeta).

De ambos grupos, se vendieron bien los libros para los fanáticos del orden. La magia del orden, de Marie Kondo, y Tu espacio organizado, de Brenda Haines, viajaron en pulcras mochilas durante el verano austral.

Ventas que no repuntan

"Las ventas siguen cayendo -dice Norberto Gugliotella, de Ediciones Corregidor-. En lugares puntuales, como en las librerías pequeñas, se mantuvieron, pero en líneas generales cayeron un poco más y las expectativas son bastante pesimistas por un cúmulo de factores que está afectando la industria del libro". Entre esos factores, Ecequiel Leder Kremer, de librería Hernández, señala el aumento de costos. "Las tarifas crecieron más que la inflación y eso repercute a la hora de hacer el balance", dice. En su local, algunos de los títulos más vendidos fueron La colonización de la subjetividad (Letra Viva), de Nora Merlin, Horizontes neoliberales en la subjetividad (Grama), de Jorge Aleman, y las novelas de la recientemente fallecida Liliana Bodoc. Para Leder Kremer, el verano de 2018 fue paradójico. Hubo más público en las librerías durante enero y febrero, pero las ganancias, en el mejor de los casos, empataron con las de los mismos meses de 2017.

Fernando Llera, de la sucursal San Telmo de Galerna, indicó que si bien las ventas siguen en caída, habían tenido un mejor enero que en 2017. "Febrero vamos cabeza a cabeza", agregó. Entre los más requeridos por los lectores hubo tres libros de autores argentinos: Una casa junto al Tragadero (Tusquets), de Mariano Quirós, Las aventuras de la China Iron (Literatura Random House), de Gabriela Cabezón Cámara, y La Argentina devorada (Galerna), de José Luis Espert. El sector de libros infantiles, en esa y en otras librerías de la ciudad, se mantuvo muy activo durante el verano.

Pablo Pazos, de la librería Arcadia, indica que las ventas en su local fueron más bajas que las de 2017 (que, a su vez, ya habían bajado respecto de 2016). "Se confirma el porcentaje de una caída en ventas del 20% que hizo la CAL", dice Pazos. En Arcadia, los lectores se llevaron Los elementales, la exitosa novela de terror gótico de Michael McDowell publicada por La Bestia Equilátera, y Once tipos de soledad (Fiordo), de Richard Yates.

Dos librerías clásicas de la ciudad, Norte y Eterna Cadencia, informaron a este diario que durante enero las ventas habían sido muy buenas. "Fue mucho mejor que en 2017", destaca Facundo Barisani, de Eterna Cadencia. Allí se agotó el stock de libros de un autor recientemente rescatado por el sello Dagas del Sur: Plástico cruel, de José Sbarra. Tarda en apagarse (Caleta Olivia), de Silvina Giaganti, la obra completa de Juan Rulfo (Eterna Cadencia) y las novelas ya mencionadas de McDowell y Cabezón Cámara completan el top five.

Todas las librerías consultadas destacaron que la promoción de la tarjeta del Banco Provincia, que permite comprar libros con un descuento del 50%, había impulsado la venta de libros. "Las ventas siguieron cayendo pero en un ritmo más suave y esa promoción sirve para vender más aunque le quita rentabilidad al librero", remarca Fernando Pérez Morales, de la librería y editorial Notanpuan, ubicada en San Isidro. En el Partido de la Costa y en el Partido de General Madariaga, donde el Atlántico baña las mejores playas de la provincia de Buenos Aires, esa promoción fue muy utilizada por los lectores.

Percepciones desalentadoras

Ante un panorama tan delicado, varias editoriales decidieron postergar algunas novedades para 2019. Otras, en cambio, optaron por reducir las tiradas. "Todo se vuelve más difícil y arduo, pero seguimos adelante -dice el editor de Mansalva, Francisco Garamona-. Es que rápidamente entendimos que esto no es un negocio". Él es también responsable de la librería que rinde homenaje a una novela de Copi. En La Internacional Argentina, las ventas disminuyeron en el verano, igual que en Asunto Impreso, propiedad de Guido Indij.

Sobre el plan editorial de 2018, Indij (editor de interZona, La Marca y Asunto Impreso), señala que deberían haber recortado el programa de publicaciones ya en 2017. "Sin embargo, procuramos ser fieles a nuestros compromisos y publicamos una cantidad de títulos desproporcionada para el mercado. En 2018 reduciremos en un 20% la cantidad de novedades respecto a años anteriores, teniendo en cuenta el 'parate' de 2016 y 2017", cuenta. Los planes editoriales se han vuelto conservadores.

Otros sellos medianos y pequeños como Metalúcida, Fiordo, Ediciones Godot, Iván Rosado, Nudista y Baltasara, confirmaron que mantendrían el plan original para este año. Esas editoriales publican un número de novedades que casi nunca supera los veinte títulos anuales.

La única editorial que informó que incrementará sus novedades en un 20% fue Siglo XXI. "Pasaremos de 50 a 60 novedades -dice Carlos Díaz-. Esto obedece al lanzamiento de dos nuevas colecciones: una de educación y otra de criminología. Pensamos que 2018 va a ser malo, pero no queda otra que seguir apostando. El otro camino es achicarse, despedir gente, cosa que no vamos a hacer".

La CAL coincide con las percepciones de los editores locales. Mientras esa asociación prepara un informe detallado de la performance editorial de 2017, reitera que la producción de ejemplares de 2015 a 2017 cayó notablemente. "Pasó de 84 millones de ejemplares en 2015 a 65 millones en 2016. En 2017, la cifra se ubicará en los 53 millones", precisa Diana Segovia. Eso significa que editoriales grandes, medianas y pequeñas que mantienen el número de novedades previstas reducen, sin embargo, las tiradas de ejemplares.

De cara al 2018, la CAL celebra la decisión del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires de distribuir una tarjeta para consumos culturales entre jóvenes de 16 a 18 años que asistan a escuelas públicas. Parte de ese monto se destinará a la compra de libros. "Tal vez otros distritos quieran imitar la iniciativa", se esperanza Segovia.

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