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Amplia representación argentina en Berlín

Ocho largometrajes y algunos cortos de diversidad temática se estrenaron fuera de competencia en el Festival
Diego Batlle
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24 de febrero de 2018  

Si bien no participó en la competencia oficial (los premios se entregarán esta noche), el cine argentino tuvo una amplia representación en la 68» edición del Festival de Berlín con ocho largometrajes y un par de cortos. Más allá de la notable calidad y la audacia artística de casi todas las películas nacionales, en esta Berlinale se pudo apreciar una vez más una diversidad temática, de género, geográfica y de edades que muy pocos países pueden ostentar en la actualidad.

Los ocho largometrajes nacionales que tuvieron su estreno mundial en Berlín se rodaron en lugares tan diversos como Ushuaia, Córdoba y Salta, tres de ellos fueron dirigidos por mujeres (Mónica Lairana, Lola Arias y Alessia Chiesa) y representaron a tres generaciones: desde el veterano patriarca Pino Solanas hasta el prolífico Santiago Loza, pasando por cinco cineastas debutantes.

  • Malambo: El hombre bueno, de Santiago Loza (sección Panorama). El realizador de Extraño, Los labios y La Paz construyó una película de ficción a partir de elementos documentales al narrar la historia de de Gaspar Jofré, un bailarín de malambo que intenta regresar a las competencias, pero debe sobrellevar dolorosos problemas físicos. Lejos del patetismo o el pintoresquismo, el director cordobés expone con respeto y en un austero blanco y negro la transmisión de las tradiciones de maestros a alumnos.
  • La cama, de Mónica Lairana (Forum). Esta reconocida actriz debutó en el largometraje con la historia de un matrimonio (Alejo Mango y Sandra Sandrini) que, después de muchos años de convivencia y con una hija que ha abandonado el hogar, decide separase. El duro trance de vaciar la casa para su posterior venta y dividir los bienes se entremezcla con recuerdos y desencuentros sexuales. Íntima, sensible y desgarradora a la vez, la película pendula entre momentos de ternura y otros de frustración con una delicadeza y un rigor infrecuentes.
  • La omisión, de Sebastián Schjaer (Panorama). Otra ópera prima de un reconocido cortometrajista, narra las desventuras de Paula (Sofía Brito), una joven madre que se ha instalado por unos meses en la Ushuaia invernal para aprovechar los buenos ingresos de la temporada fuerte del turismo. Su hija de tres años está al cuidado de la tía y el padre de la niña vive en Río Grande, por lo que todo resulta bastante precario. Schjaer desafía las expectativas: las decisiones de Paula hacen que sea difícil identificarse con la protagonista, que parece salida de un film de los hermanos Dardenne.
  • El día que resistía , de Alessia Chiesa (Generation). En su primer largometraje, esta cineasta formada entre Argentina y Francia describe la intimidad de tres hermanos de 9, 7 y 5 años que -según descubrimos a los pocos minutos- están en una casa de campo sin la presencia de sus padres. De la inocencia inicial se pasa a una progresiva degradación que convierte al film en un cuento de hadas ominoso y perturbador.
  • Teatro de guerra, de Lola Arias (Forum). Esta multifacética artista eligió para su primer largo un poco convencional acercamiento al conflicto por las Malvinas a partir de los recuerdos y las reconstrucciones de las experiencias (propuestas por la propia directora) de seis veteranos que pelearon tanto en el ejército argentino como en el inglés. El film -con elementos de documental, ficción, ensayo, diario íntimo y cine experimental- va de lo lúdico a lo visceral y de la interacción entre los excombatientes surgen situaciones por demás extremas y contradictorias.
  • Mochila de plomo, de Darío Mascambroni (Generation). Tras presentar el año pasado Primero enero, este joven cordobés regresó a la Berlinale con un niño de 12 años como protagonista absoluto. Facundo Underwood interpreta a Tomás, un chico que deambula por Villa María con un arma en la mochila. Es el día en que Nenino, que todo indica ha sido el asesino de su padre, sale de la cárcel. La incapacidad de los adultos para comprender y contener a Tomás es el eje de un film con reminiscencias de Kes, de Ken Loach, y Los 400 golpes, de François Truffaut.
  • Marilyn, de Martín Rodríguez Redondo (Panorama). Inspirada en un caso real, esta ópera prima se centra en las vivencias de Marcos, un adolescente gay que sufre la violencia familiar y social en un represivo entorno rural que no le deja demasiada salida. Un film sin concesiones sobre las diferencias de clase, la marginación y los prejuicios.
  • Viaje a los pueblos fumigados, de Fernando Solanas (Berlinale Special). Muy querido en Berlín, Solanas regresó con un documental que expone las consecuencias del uso de pesticidas en la salud de la población en varias provincias de Argentina. El director muestra además cómo el boom de la soja y la fumigación sistemática con agroquímicos como el glifosato obliga a muchos campesinos a abandonar sus tierras.

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