Templarios, Tierra Santa y Santo Grial en la misma tarde

Crédito: Gentileza
Una cronista estuvo en una aldea medieval para asistir a la avant première de Knightfall, la nueva serie de History Channel
Laura Reina
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24 de febrero de 2018  

Una avant première, una aldea medieval y un banquete de carnes asadas. Algunos de los elementos claves en la trama paralela de la que estoy a punto de formar parte. Templarios, Tierra Santa y Santo Grial. Los tres elementos claves de la trama original de Knightfall, la serie histórica que se estrenó anteayer en History Channel. Esta es la crónica de dos tramas que se entrecruzan.

Estoy abordo de una combi que sale 10 en punto desde Palermo hacia González Catán, corazón de La Matanza, la zona más poblada de la provincia de Buenos Aires. Aunque no vamos a Tierra Santa, un caballero templario que hace unos minutos custodiaba la camioneta se sube a bordo del rodado ploteado con la "H" para velar nuestro viaje a Campanópolis, la aldea medieval. Igual que hacían a principios del siglo XII con los cristianos que peregrinaban hacia Jerusalén. Hace nueve siglos su misión principal era protegerlos de los muchos peligros que los acechaban a lo largo del camino. Me pregunto cuál será el nuestro, a comienzos del siglo XXI. Por lo pronto, su protección y presencia me reconfortan.

El templario se acomoda en el primer asiento detrás del conductor. "¿Me permite bella dama?", pregunta como para no salirse del guion original. La bella dama -alguna colega que también participa de esa trama paralela de la que soy parte- accede y el guerrero se acomoda en la butaca, al lado de la ventana. Su asiento es sin duda mucho más cómodo que viajar en el lomo o "a pelo" de los caballos que usaban los templarios originales. Ventajas de la modernidad.

Afuera el calor no da tregua. Ni un milagro evita que se llegue a la térmica anunciada del día: 40 grados. Apenas estamos a media mañana y el sol castiga sin piedad a quienes pasan caminando por las calles de asfalto. Pienso que si hubiera adoquines, que absorben menor cantidad de calor, sería menor el padecimiento para los transeúntes. Desventajas de la modernidad. Adentro de la combi el aire acondicionado no alcanza a penetrar la malla metálica del traje del templario, que empieza inevitablemente a transpirar por todos sus poros. Finalmente, después de algunas dudas y casi pidiendo perdón, decide sacarse la protección de su cabeza. Para su satisfacción, el alivio es inmediato. En un día como hoy, pienso que vale salirse del guion.

Después de una hora y minutos de viaje por el conurbano, se abren los portones de Campanópolis, y la trama paralela empieza a tomar forma. Más y más caballeros templarios nos reciben con reverencias y sus enormes escudos nos sirven como protección contra el sol abrasador. Desde el punto de vista empírico, compruebo que callecitas de adoquines no alcanzan a repeler el calor como había pensado. Al menos son pintorescas y acompañan a la perfección la particular arquitectura del lugar. Para mi sorpresa, compruebo que es cierto lo que cuentan los que vinieron aquí alguna vez: no bien se pone un pie en esta aldea mágica creada por el empresario Antonio Campana, uno siente que está en un lugar indeterminado, tanto en tiempo como espacio. Es como si se abriera un portal a una dimensión desconocida, uno de esos fenómenos temporales que suceden solo en las películas. Acá estoy, protagonizando la mía.

Lo primero que hacemos es entrar a una especie de comedor donde nos espera una taza de café, frutas frescas y agua. Es el salón Pacífico, una de las casas principales -en total son 12, todas hechas con materiales reciclados y de demolición-, donde nos refugiamos del sol, aunque a estas alturas parece imposible escapar del calor. Miro el techo altísimo. Ni un ventilador. Claro, estamos en el Medioevo, y parte de la experiencia es transitarla sin el confort de los tiempos modernos. Después del refrigerio (reparador, por cierto) es hora de ver el primer capítulo de Knightfall. La trama original ya está a punto de empezar.

Atravesamos un sendero de callecitas adoquinadas, con pasajes y recovecos. Dejamos atrás la intendencia, pasamos delante de otras edificaciones imponentes hasta llegar al anfiteatro, la sala donde se hará la proyección. Me siento en una de las últimas filas, cerca de la puerta. La proximidad de la salida me da seguridad. Mientras me acomodo miro el respaldo de mi asiento. Hay un cartel que dice "Rashid". Me pregunto qué significa. No pasa mucho tiempo hasta que lo averiguo: Rashid aparece en una de las primeras escenas del capítulo. Me entusiasmo. Tras una batalla épica, descubro que es el líder de los musulmanes que luchan contra los templarios para hacerse del Santo Grial. Mmm... Rashid no está en el bando de los buenos y su papel en la trama es bastante modesto, por decirlo de alguna manera. No sé por qué empiezo a sentir algo parecido a la decepción. Una especie de déjà vu me sorprende en medio de la proyección. Una sensación muy similar a cuando me daban un papel secundario o de poca importancia en algún acto escolar. No era que quería ser la protagonista, pero tampoco el personaje de relleno...

Le pregunto a mi compañera qué dice el cartel pegado en su butaca. Con un leve movimiento leo "Adelina". Ya el nombre me suena prometedor. Y en la serie su rol es mucho más interesante: es una refugiada judía que es salvada dos veces por los templarios. La primera cuando era apenas una niña, en Acre, Tierra Santa, y varios años después, cerca de sus 20, en París, en medio de una emboscada. Es ahí, en el fragor de la batalla, que parece nacer una atracción o tensión sexual entre Adelina y sir Landry, el protagonista y líder de los templarios que a pesar de su voto de castidad se permite varias licencias amorosas (incluida la reina Juana). ¿Podrá permitirse alguna más, igual de polémica, con Adelina? (aclaro que esto no es stalkeo, sino simple deseo personal).

El primer capitulo llega a su fin. Hay que reconocer que hubo de todo: desde batallas sangrientas (las famosas cruzadas) hasta escenas de amor y venganza. Y deja planteadas varias intrigas que invitan a seguir mirando. Pasado el mediodía, las puertas del anfiteatro se abren de par en par y el sol entra con una intensidad que enceguece. Dos templarios custodian la puerta. En medio de esa luz incandescente la figura de ellos se agiganta. Después de la proyección, mi simpatía por ellos también. En lo inmediato nos esperan un almuerzo, una recorrida guiada por la aldea medieval y la vuelta a la modernidad de Buenos Aires. En la combi de regreso a casa ya no hay guerreros cristianos que velen nuestro viaje. Un vacío repentino e inexplicable me invade.

La apuesta por la ficción histórica

Después de la exitosísima Vikingos, la serie de Michel Hirst creada para History Channel en 2013, el canal sigue apostando fuerte por las ficciones históricas. Con un supreproducción, Knightfall es su última gran apuuesta, Se emite todos los jueves, a las 22

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