La adolescencia también se adelanta

Maritchu Seitún
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24 de febrero de 2018  

La adolescencia hoy no solo termina más tarde, sino que además empieza bastante más temprano que antes. Los cambios corporales de la pubertad comienzan antes, esto se explica por una mejor alimentación, pero también influye una mayor estimulación ambiental.

Mi interés y preocupación por esta etapa me llevaron a escribir Latentes en 2015. Se ha ido desdibujando el período de latencia (que va de 6 a 11 o 12 años), la etapa de la escolaridad primaria en la que los chicos no se interesaban por el mundo de los adultos ni por la sexualidad y dedicaban todas sus energías a jugar, pasarla bien con amigos, aprender y hacer deportes.

El uso de Internet, las redes sociales, la televisión, la publicidad invitan y estimulan a los chicos a crecer rápido y a creerse grandes, cada vez más pequeños tienen acceso a las redes sociales y a teléfonos celulares, eligen la hora de acostarse, la comida, los cambios de colegio, la ropa que se compran y se ponen, contestan a sus padres como adolescentes desde los 7 u 8 años.

Esos niños responden como adolescentes, pero no lo son. En condiciones ideales los niños hacen fuerza para crecer y los adultos ponemos freno hasta que los vemos realmente preparados para cada cambio. Pero estamos viendo muchos padres que apuran los temas, identificados con sus hijos, quizás ofreciendo lo que ellos hubieran querido tener, sin entender que el "no" fortalece. Es decir, que un niño desee algo no significa ni garantiza que lo necesite ni que le haga bien.

A los dos años se los llama la primera adolescencia y a la adolescencia se le dice segunda individuación. Durante la primera individuación, a partir de los dos años, los chicos descubren que son personas separadas, que pueden pensar diferente a sus padres y eso trae muchos berrinches y enfrentamientos. Si esa etapa no termina con la aceptación dolorosa de que no son el ombligo del mundo y que hay reglas, derechos, deberes, que su libertad termina donde empieza la del otro (ya sean padres, amigos, docentes o hermanos), esos niños parecen adolescentes, pero no los son, son niños que siguen teniendo pataletas y berrinches que ya deberían haber superado con el acompañamiento y los límites impuestos por sus padres.

Por otro lado los padres estamos permitiendo que la adolescencia empiece antes, incluso incitando a que eso ocurra al aceptar las propuestas de una sociedad de consumo que no piensa en el beneficio de los niños, sino en que las empresas ganen más dinero, al promover "disfrazarlos" de más grandes desde muy chiquitos, y no hablo solo de ropa, sino de muchos otros usos y costumbres.

Por ejemplo, los únicos que se benefician con el hecho de que los niños usen celulares a edades cada vez más tempranas son las empresas de telefonía celular. Y no los necesitan porque están siempre bajo supervisión adulta.

Como dice el refrán: aunque la mona se vista de seda, mona queda. El aspecto exterior no ayuda a madurar el lóbulo prefrontal del cerebro -el que resuelve y toma decisiones- y entonces vemos chiquitos en los lugares de veraneo manejando cuatriciclos o motitos, o nenitas moviéndose y bailando seductoramente en vez de jugar a las muñecas, o usando teléfonos inteligentes y actuando en redes sociales sin tener la fortaleza interna, la experiencia o la formación necesaria para manejarlas adecuadamente.

Abramos los ojos, nos van acostumbrando a estos cambios que se nos presentan de a poco y finalmente los damos por valederos y no protegemos a los niños para que puedan seguir siendo niños todo el tiempo que sea necesario, hasta que maduren lo suficiente y se ganen el ingreso a la adolescencia.

La autora es psicóloga y psicoterapeuta

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