Museo dog friendly: ladra el Decorativo en una muestra para llevar a las mascotas

Lisandro y Shanti, con su protectora Patricia Mathews, visitaron
Lisandro y Shanti, con su protectora Patricia Mathews, visitaron Fuente: LA NACION
En la muestra de porcelanas, esculturas y fotos de bulldogs, galgos y dogos, son bienvenidos los visitantes con perros
Juan Pablo Bonino
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24 de febrero de 2018  

En el aire, cada diez minutos resuenan ladridos grabados, que salen de los parlantes. Hay pegadas por todas partes pisadas color turquesa y, en dos paredes, enfrentadas, se miran unos galgos que el artista Martín Orozco dibujó con carbonilla. Pero esto no es todo: en la muestra "¡Perros sueltos en el Museo!", que por el verano expone el Museo Nacional de Arte Decorativo, los visitantes llevan de paseo a sus mascotas. Eso sí: con correas tirantes o en brazos, buscando la elegancia seguridad que exigen el lugar.

"A los perros les llama la atención, porque escuchan los sonidos y se genera una interacción muy graciosa", comenta Hugo Pontoriero, curador de la muestra que exhibe 230 piezas que representa... perros. Son de porcelana europea y fueron realizadas entre 1910 y 1920. "El hecho que sea dog friendly acerca la muestra al público, nos permite masificarla y es innovador. Aunque es la primera vez que se hace en la Argentina, ya hubo casos en museos del exterior", señala.

En cuestión de escalas, existe un contrapunto entre esculturas de vitrina, de pequeño formato, y otras de jardines. "Da una situación muy lúdica, por ejemplo, con un bronce de tamaño real que no está detrás de ningún vidrio", precisa el curador. "En general, los animales demuestran un poco de miedo y entonces se siente el eco: los de menor tamaño ven la escultura, que llega hasta triplicarlos, y le ladran. En cambio, los más grandes la huelen y rápidamente se dan cuenta de que no es real", distingue Yanina Ferrán, encargada de seguridad de las salas del subsuelo. Pero solo tres de cada diez son perros medianos o grandes.

Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Donada por Juan Carlos Rodríguez Pividal y Mercedes Pirovano de Álzaga, esta colección pública no se mostraba desde finales de los 80. "Es tan grande que no tenemos un espacio para tenerla de forma permanente", explica Pontoriero. Fue él quien decidió que estuviera organizada por núcleos temáticos, que en este caso son las diferentes razas, para hacerla más cercana al público. "Las personas traen a sus perros en mayor medida los fines de semana. Calculamos que ya vinieron entre 120 y 150 perros", contabiliza.

El recorrido comienza con unas miniaturas de porcelana: galgos ingleses y rusos. De esta especie descienden todas las demás. Cada vitrina lleva enmarcada una breve historia curiosa. En la dedicada a los pekineses, originarios de la capital china, se detalla: "Se les atribuye la capacidad de ahuyentar a los malos espíritus. Durante mucho tiempo tuvieron rango divino, por lo que solamente la nobleza podía disfrutar de su compañía y su exportación estaba prohibida".

Por sus características, las porcelanas tienen una historia propia. "Son manufacturas que hacían las mejores marcas de aquella época; objetos de lujo consumidos por la burguesía, y había catálogos para que los compradores seleccionaran la que querían", dice Pontoriero. A diferencia del bronce, que es muy caro, las porcelanas volvían un poco más accesible el consumo, aunque nunca fue algo de orden masivo. "Se pueden ver los recibos de la adquisición de muchas de las esculturas. Esta documentación permite dar cuenta del contexto", apunta el curador.

Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

En claro contrapunto curatorial, la segunda sala exhibe obras de fotógrafos como Lucio Boschi, Eric Mencher, Marina Sersale y Uberto Gasche. Aquí vale la pena destacar el trabajo junto con la Fundación Zorba, presidida por Isabel Estrada, cuyo objetivo es cambiar la mentalidad argentina con respecto al cuidado de los animales. "No queríamos quedarnos solamente con los objetos de 1910, sino conectar la muestra con el presente y que tuviera un componente social", explican, en referencia a los galgódromos, aunque en diciembre pasado se aprobó una ley que prohíbe estas carreras.

La escritora argentina Sara Gallardo los inmortalizó en su novela Los galgos, los galgos: "Lo mejor era sin embargo su cabeza de corza, los ojos ribeteados de negro, las orejas sedosas que se alzaban a cada momento plegándole la frente y volvían a caer a los lados".

Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Para agendar

¡Perros sueltos en el Museo! abre de martes a domingos, de 12.30 a 19; gratis

La exposición

Donación Rodríguez Pividal. Colección MNAD. Galgos, Dogos, Bulldogs, Collies, San Bernardo, Pugs y diversas razas están representadas en la muestra que se puede visitar en el MNAD, Libertador 1902, con entrada gratuita.

Fin de fiesta perruna

Para el 15 de marzo, en el museo ya preparan una gran fiesta de perros, con entrada libre y gratuita. En un living alfombrado presentarán algunos galgos rescatados por la Fundación Zorba, que trabaja en la protección de animales que sufren maltratos en carreras ilegales. "Van a estar engalanados con collares para que se los vuelva a ver bellos", describe Isabel Estrada. Están invitados los vecinos y, por supuesto, está permitido ingresar con mascotas.

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