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Un pensador rebelde y necesario

Pablo Maison
Pablo Maison PARA LA NACION
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25 de febrero de 2018  

Lo conocí a Jorge Mosqueira cuando ambos éramos bastante más jóvenes; él, docente, y yo, alumno de la Facultad de Sociales de la UBA. Fue el primer profesor que me invitó a pensar las organizaciones y su mundo desde una perspectiva distinta. Más critica, menos contemplativa. Quienes trabajamos en empresas solemos ser muy complacientes intentando mantener el statu quo casi inalterable. Jorge me enseñó que cuestionando lo que se hace dentro de una organización es como esta podrá ser mejor para sus empleados y para el mundo de los negocios.

Desde chico lo sentí mi mentor, aunque nunca hizo falta ponerle ese título. Cuando todavía no sabía qué dirección quería darle a mi carrera, él me impulso a los 21 años a ingresar a Unilever, porque creía que allí podría desarrollar mi rebeldía de manera constructiva y formarme como profesional con pocos límites burocráticos en un "lugar en el que se respeta a la gente".

Mosqueira era ante todo un rebelde, incómodo para muchos, pero necesario para todos los que creemos que desafiar la idealización mágica e ingenua que muchas veces plantean las empresas sobre ellas mismas crea mejores y más honestos lugares para trabajar. Jorge creía que hacer aflorar a la superficie la voz de los empleados es la única manera de que las organizaciones se transformen y crezcan, evitando conflictos subterráneos.

Fue un docente de excelencia, con recursos infinitos que le permitían compartir con pasión todo lo que sabía, logrando enamorar a sus alumnos con esa visión crítica pero constructiva de las organizaciones. Culto y sagaz, no construía sus cuestionamientos desde la ingenuidad, sino desde el conocimiento profundo del funcionamiento de las empresas y su relación con los empleados. Creía que los profesionales de recursos humanos debíamos cuidar antes que controlar a la gente. Dotar de "humanidad" a las empresas.

Fue una inspiración permanente a pensar distinto. Los largos almuerzos o cafés que compartíamos siempre traían consigo una cuantiosa dosis de preguntas. Jorge creía que las buenas preguntas siempre son más importantes que las buenas respuestas.

Su sentido de la ética profesional era un mandato personal. Fui amigo de Jorge durante casi treinta años y nunca le interesó venderse o proponerse como consultor para la compañía en la cual trabajo. Así era Jorge, sentidamente desinteresado. Privilegiaba la amistad y el intercambio antes que su propio interés comercial o personal.

Formado en Letras, su pluma era mágica y atrapante, como lo demostraba todos los domingos en su columna de este diario. Expresaba con calidez, precisión e impacto cada una de sus ideas.

Logró que otros escribiéramos. Solo él podía lograrlo. Durante años me impulsó a que lo hiciera porque creía que tenía cosas para contar sobre el mundo de los más jóvenes en las organizaciones. Me revisó el libro de principio a fin, lo corrigió y le sumo refinados toques mosqueiranos. Escribió el prólogo (que sin dudas es la mejor parte de todo el libro) y me acompañó a presentarlo haciéndome una entrevista sobre este. Una vez más, haciendo preguntas más allá de que él tuviera mejores respuestas que yo. Todo lo hizo a cambio de nada. Solo a cambio de que yo escribiera, que era su único objetivo. Cosas que solo hacen seres generosos como él.

Muchas de estas anécdotas son similares a las que cientos de alumnos, lectores, colegas y amigos podrían compartir sobre Jorge. Seguramente con ellas representó a quienes tuvieron relación con él y que tienen miles de ejemplos similares de la persona que era Mosqueira.

Era ante todo un hombre íntegro. Fiel a sus convicciones. Que le costaron muchos dolores de cabeza y menos trabajos de consultoría de los que hubiera necesitado porque no eran agradables para el establishment de las organizaciones.

Inteligente, amable, afectuoso y generoso fue una gran inspiración para todos aquellos que pasamos por sus aulas o compartimos espacios de vida con él. Es por eso que habiéndose apagado su luz nos queda un espacio más oscuro que antes. Está en quienes lo queríamos y admirábamos hacer que al menos una parte de esa antorcha se mantenga encendida para seguir echando luz sobre las contradicciones e injusticias del mundo del trabajo y de las organizaciones.

VP RR.HH., América latina, Unilever

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