Melancólico y sin rebeldía, Del Potro se mostró vencido en Delray Beach

Fuente: LA NACION
Ariel Ruya
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24 de febrero de 2018  

Es un crack melancólico, un fuera de serie que suele derribarse sin un sólido envase de calidez emocional. Lo transmite su postura en las grandes batallas y en los partidos de relativo valor. Lo transmiten sus palabras, cuando se reconforta por el cariño del público -en Estados Unidos, sobre todo, aunque la imagen se repite en casi todos los rincones del mundo- y cuando, también, se siente contenido lejos de las canchas. Repuesto de operaciones que le marcaron su carrera y lanzado otra vez a la caza de los mejores, Juan Martín del Potro es hoy un talento recortado. Los problemas de afuera -los que verdaderamente importan-, suelen impactar en su espigada figura. De calidad ilimitada en su juego -el revés cada día le sale mejor-, y siempre sostenido con el corazón en la mano."

Para este torneo, sinceramente, no he tenido la mejor preparación por cuestiones personales que estoy viviendo en los últimos días. Seguramente estaré mejor más adelante. Tengo fe y confío que voy a ir mejorando", resulta su análisis, detrás de la escena deportiva. En la cancha, en Delray Beach, actuó vencido, sin rebeldía. Con la raqueta en la mano y la cabeza en otro cuerpo. El tandilense, el número uno del tenis argentino, quedó sorpresivamente eliminado en los octavos de final del ATP 250, al perder anteanoche con Frances Tiafoe -de 20 años, con un furioso servicio y golpes imposibles- por 7-6 (8-6), 4-6 y 7-5.

Delpo le había ganado a Tiafoe los dos enfrentamientos previos, en Acapulco 2017 y el mes pasado, en el Abierto de Australia, pero en Delray Beach se sintió vencido. En un descanso, se cubrió el rostro con una toalla blanca y así se mantuvo, hasta volver a la cancha. Fue su tercer torneo en el año, luego de haber arribado a final en Auckland (cayó en tres sets con el español Roberto Bautista Agut) y a la tercera rueda de Melbourne (cayó ante el checo Tomas Berdych).

El ranking del lunes próximo lo reencontrará en el noveno lugar. Sin embargo, a Delpo el casillero es lo que menos lo inquieta. "Estar saludable toda la temporada sería un gran logro. Y después, disfrutar de esto, que tanto me gusta. Es un trabajo muy sacrificado, es algo de todos los días. Como ya dije, no son días fáciles, por motivos personales. Cuando pueda ponerme un poco mejor, voy a seguir para adelante y seguramente voy a disfrutar mucho más", cuenta. De eso se trata su vida: el tenis siempre lo juega con el corazón.

Por: Ariel Ruya
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