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Historias para conocer

Las aventuras de un joven que recorrió 34 países en 4 años y pasó 20 horas a la deriva en un velero sin timón

Manuela Parajuá
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1 de marzo de 2018  • 00:28

Hernán Prado se tira de cabeza para arrancar el timón. Se rompió uno de los herrajes y, si no reacciona rápido, corre el riesgo de que la pala rompa el casco del velero y, si eso sucede, será cuestión de minutos para que se hunda el barco. "¡Qué jodido estoy!", piensa. Está a la deriva, en el medio de la nada y sin plan B.

Está solo a 40 millas de la costa brasileña -entre Florianópolis y el puerto de Río Grande del Sur- y lejos de la ruta de los buques, de los que se había alejado por seguridad. Ahora, la realidad es otra: si quiere sobrevivir depende de cruzarse con uno de ellos. Intenta hacer las maniobras que sirven para estos casos. No le funcionan. Su única esperanza es acercarse a esta ruta e intentar llamar la atención de los demás tripulantes.

Cuando estaba a la deriva se dio cuenta de que su vida valía 300 dólares porque, para ahorrar costos, compró las bengalas más baratas y ninguna funcionó
Cuando estaba a la deriva se dio cuenta de que su vida valía 300 dólares porque, para ahorrar costos, compró las bengalas más baratas y ninguna funcionó Crédito: Gza. Hernán Prado

Y lo logra. O casi. Llega a la zona en la que lo pueden ver y ahí cae en una realidad: su vida vale 300 dólares. Para ahorrar costos, Hernán había comprado las bengalas nacionales que eran más baratas, pero ninguna funciona.

Con el correr de las horas, reflexiona y llega a dos conclusiones: "Las desgracias siempre son más amenas si son compartidas" y "en las situaciones límite somos todos optimistas". Si bien cree que tal vez sea un pensamiento egoísta, al estar tan lejos de la costa y con un final incierto, quisiera estar acompañado.

Quedó 20 horas a la deriva en un velero sin timón
Quedó 20 horas a la deriva en un velero sin timón Crédito: Gza. Hernán Prado

Más allá de ese deseo sigue adelante. Como él mismo describe, "las ganas de vivir son más fuertes que cualquier escenario". Por eso, en vez de sentarse "a esperar el final", busca alternativas. "No sentís miedo. El miedo te paraliza y ahí en cambio estás todo el tiempo haciendo algo para salvarte. Haciéndolo mal o haciéndolo bien pero no te quedás quieto un segundo".

El prefiere no hablar de "miedo" sino de "angustia", consciente de que, si las condiciones climáticas dejan de ser favorables, corre el riesgo de hundirse o de terminar en el medio del océano. Un dejo de esperanza interrumpe su pensamiento cuando ve que un barco pesquero se acerca. Sin embargo, frena a unos cincuenta metros, "sin mediar palabra, da media vuelta" y se queda boyando por la zona.

Hernán tuvo que despedirse de su velero, Shamrock
Hernán tuvo que despedirse de su velero, Shamrock Crédito: Gza. Hernán Prado

Un buque mercante había registrado el pedido de ayuda que el argentino había hecho por radio y fue a su rescate. De todos modos, pese a que se trataba de un barco de nueve pisos, ascensor y un puente de mando no había lugar para los dos. Solo lo podían salvar a él y su velero, Shamrock, seguiría a la deriva o, de lo contrario, pasaría a ser propiedad de otro.

Hernán se pone en cuclillas y llora. Lleva cuatro años a bordo de esa embarcación a la cual debe ver partir en medio de la inmensidad del océano en el que quedó a la deriva durante unas 20 horas. Según confiesa, ese fue el momento de mayor tristeza. "Fue una decisión difícil de procesar porque era mi casa, mi proyecto, mi vida. No le podía soltar la mano así nomás". Este tripulante había pasado un año entero preparándolo para adentrarse en esta odisea y, ahora, debía despedirse.

Soltar todo y largarse

Al darse cuenta que nadie lo esperaba al llegar a casa, decidió dejar todo e irse a vivir una experiencia a bordo de su velero
Al darse cuenta que nadie lo esperaba al llegar a casa, decidió dejar todo e irse a vivir una experiencia a bordo de su velero Crédito: Gza. Hernán Prado

Hernán decidió "largar todo" para irse a navegar cuando tenía 29 años. Trabajaba como creativo publicitario en una agencia y enfrentaba un quiebre en lo laboral. Sumado a eso, sentía que no tenía nada que lo atara: "El viaje empezó a tomar forma el día en que me di cuenta de que no tenía novia, ni hijos, ni perro, ni nada vivo que me esperara al volver a casa".

Una vez que tomó la decisión fue durante un año, todos los días, a Baradero a preparar su velero con el cual ya había hecho algunas "escapadas" por Colonia y el Delta. Tenía siete metros de largo por dos de ancho. "No era mucho más grande que una camioneta doble cabina", describe.

Había que pensar cada centímetro y, para optimizarlo, Hernán decidió desmontar el inodoro, desinfectar el lugar y guardar allí latas y paquetes de comida. "En su reemplazo me arreglaba con un balde, que es un método habitual en los barcos pequeños", cuenta este hombre que debió seleccionar con mucho cuidado qué cosas se llevaba a esta odisea que incluyó 34 países.

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Un anafe, dos cacerolas, dos bolsos de ropa y cuatro libros fueron los bienes de Hernán durante esos cuatro años a bordo, aunque también llevó algunos lujos llamativos como un disfraz de monja, un parlante bluetooth, un perrito de peluche y un par de pantuflas de esas que parecen garras de tigre. "Nunca deberían haber salido de Buenos Aires", dice Hernán, quien recuerda que su itinerario era hacia playas tropicales.

En un inicio su idea era recorrer, durante un año, Uruguay y Brasil pero en La Paloma recibió una invitación que no pudo rechazar: un grupo que conoció en Piriápolis le envió un mail para que se convierta en tripulante de un barco de lujo, para lo cual debía viajar al Caribe, cruzar el Atlántico y seguir en el Mediterráneo. Por eso, en dos ocasiones tuvo que dejar su velero amarrado a las costas lationamericanas para sumarse a las aventuras de esta embarcación.

Una imagen del primer día de esta experiencia que comenzó como un año sabático y termino como una aventura de cuatro años
Una imagen del primer día de esta experiencia que comenzó como un año sabático y termino como una aventura de cuatro años Crédito: Gza. Hernán Prado

Esa fue la dicotomía a la que se enfrentó todo el viaje. En Shamrock "era todo a pulmón" y debía dejar sus pretensiones gastronómicas de lado, al un punto tal que llegó a conclusión de "que la manteca puede durar 10 días afuera de la heladera". En la otra, no solo contaba con jacuzzi, cinco heladeras y un chef, sino que se cruzaba con figuras como Penélope Cruz y Javier Bardem a quienes conoció en las Bahamas cuando fueron a casarse en secreto a la isla de Johny Depp.

El dueño del barco donde estaba Hernán había invitado a la pareja a cenar a un yate y él debía llevarlos. "Tuve la ilusión ridícula de que la iba a ver Penélope y que iba a ser un flechazo", cuenta, entre risas, y agrega: "No sé en qué momento me imaginé que yo, con mi remerita blanca y mis bermudas beige, podía llegar a competir o tener una mínima chance con respecto a Javier Bardem".

Hernán recorrió 34 países en un barco de lujo con el que llegó, incluso, a conocer a figuras como Penélope Cruz y Javier Bardem
Hernán recorrió 34 países en un barco de lujo con el que llegó, incluso, a conocer a figuras como Penélope Cruz y Javier Bardem Crédito: Gza. Hernán Prado

Pasó lo que era de esperar y los famosos pasaron por su lado sin siquiera registrarlo. A pesar de que Hernán reconoce que este era el final más probable nadie le quita el sueño y, antes del encuentro, ensayó caras y respuestas. "Soñaba que nos íbamos a vivir juntos y que le tenía que explicar a Bardem que no era nada personal".

Esa sensación de decepción se repitió cuando, en una fiesta de disfraces en la isla Saint-Martin, lució su disfraz de monja que fue el protagonista de otras anécdotas del viaje. En esta ocasión un filipino se le acercó y disparó un comentario en seco: "Vos estás insultándome". El publicitario intentó explicarle que simplemente "estaba jugando un rol" y que no quería faltarle el respeto, pero la situación se tornó cada vez más hostil. "Casi se va todo al demonio porque en un momento me agarró del cogote. Tenía todas las de perder. Se armó un revuelo y por suerte primó la cordura".

Casi se enfrenta con un filipino en una fiesta de disfraces porque este se sintió "insultado" por el atuendo de Hernán
Casi se enfrenta con un filipino en una fiesta de disfraces porque este se sintió "insultado" por el atuendo de Hernán Crédito: Gza. Hernán Prado

Hernán debió afrontar situaciones de lo más diversas y desafiantes: la pérdida de Shamrock; olas de seis metros en un temporal; el fracaso de un libro infantil que escribió en Brasil y en el cual invirtió todos sus ahorros aunque solo se vendió un ejemplar; los riesgos de bucear a diez metros de un tiburón; y la corrupción de la policía mexicana que amenazó con detenerlo por besarse con una italiana en la playa pero que decidió no hacerlo a cambio de una coima de 18 dólares de las islas Caimán.

Una vez en la Argentina, con los recuerdos de lo vivido, decidió escribir y publicó Capaz que vuelvo. Conociendo el final dice que repetiría la experiencia. Quizás sea porque, como cuando tenía 6 años y se subió a un velero por primera vez en la Laguna Los Horcones de Madariaga, a bordo de un barco él se siente un héroe. "Te sentís Cristóbal Colón al descubrir un continente, una tierra nueva, porque aunque sea en una laguna para vos es un océano".

Hernán, arriba de un velero, se siente un héroe o Cristóbal Colón al descubrir una tierra nueva
Hernán, arriba de un velero, se siente un héroe o Cristóbal Colón al descubrir una tierra nueva Crédito: Gza. Hernán Prado

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