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San Lorenzo-Gimnasia: el Ciclón fue un combo de dudas, cayó en el Bosque y se aleja de Boca

Argentina Superliga
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Gimnasia La Plata

Gimnasia La Plata

Facundo Pereyra
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San Lorenzo

San Lorenzo

Máximo Randrup
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26 de febrero de 2018  • 16:42

Puede que Boca y Talleres no se luzcan; lo que no está en discusión es que en este año ganan casi siempre (ambos sumaron 13 puntos de 15). San Lorenzo, sin embargo, a la falta de brillo le añade inseguridades. Dudas. Por eso es comprensible que el Ciclón marche a la sombra de los dos equipos que encabezan la tabla de posiciones.

Vale volver a sus principales oponentes en el campeonato, como una metodología para entender las diferencias. El Xeneize, el holgado líder de este torneo, desnivela a través de las individualidades; el conjunto cordobés, perseguidor hambriento, reduce adversarios por intermedio de una estructura consistente. A los dos los une la confianza. Ésa que San Lorenzo extravió cuando se extinguió 2017. El elenco de Claudio Biaggio puede ganar (como lo hizo ante Newell's), empatar (como sucedió contra Boca) o perder (como pasó frente a la T y el Lobo). El Ciclón alterna resultados y es lógico porque no ofrece garantías.

Anoche, el choque con Gimnasia, no fue la excepción. En defensa vaciló más de lo habitual; el mediocampo corrió más de lo que jugó; el ataque quedó aislado en varios segmentos del encuentro. En La Plata, el visitante no exhibió un funcionamiento ensamblado y dependió en demasía de las apariciones de Fernando Belluschi.

El enlace, justamente, fue el jugador más valioso que tuvo San Lorenzo en el primer tiempo. De sus pies se originaron dos de las tres acciones de ofensiva de real riesgo para su rival. Al inicio, un pase filtrado que Gabriel Gudiño no aprovechó: estaba mano a mano y la adelantó mucho. En la segunda, Belluschi no precisó de actores secundarios: le pegó de media distancia y su remate salió cerca. En la última, el Ciclón logró lastimar gracias a la aparición de otros nombres: centro de Marcos Angeleri desde la franja derecha y cabezazo de Facundo Quignon que se fue por centímetros. Más allá de sus deficiencias, en el primer capítulo Gimnasia casi no lo inquietó; la más clara, un cabezazo de Manuel Guanini tras un córner desde la izquierda.

En el complemento la historia empeoró. Los titubeos continuaron e incluso se agravaron. A los diez minutos combinó dos errores groseros y eso derivó en el gol del Lobo. Angeleri lo perdió a Brahian Alemán y Marcos Senesi no controló a Facundo Pereyra que con un fuerte remate abrió el marcador.

Luego, la impotencia. Las ganas nunca se convirtieron en claridad y Gimnasia, con el correr de los minutos, se agrandó. La defensa local se robusteció, los volantes anularon al mediocampo adversario (Belluschi se desinfló) y de esta manera los atacantes visitantes se amontonaron arriba pero quedaron inconexos como si fuesen una isla lejana. Para colmo, en las pocas de peligro apareció Alexis Martín Arias, el muy buen arquero que tiene el equipo tripero.

La expulsión de Paulo Díaz, sobre el cierre, sirve para sintetizar la noche. San Lorenzo es un combo de dudas. De inseguridades. Boca y Talleres, sin brillar, se alejan. El Ciclón sufre.

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